domingo, 26 de junio de 2011

El premio

Hace unos años escribí este relato con la idea de publicarlo en mi blog con motivo del día del Orgullo LGTB. Los que seguían mi bitácora entonces ya lo conocen, pero me gustaría compartirlo, en esta semana de celebración y reivindicación, con los amigos de las redes sociales. En demasiados sitios todavía, no resulta fácil ser lesbiana, gay o transexual, hasta el punto de que puede costarte la vida. En otros, incluso en España, dar el paso de asumir tu propia realidad tampoco es fácil, pues aún queda demasiada gente confunduida que se cree con el derecho a opinar y juzgar la condición personal de los demás. A todxs los que sufren les dedico esta pequeña ficción que, al menos, espero les haga disfrutar con su lectura.
¡¡¡FELIZ SEMANA DEL ORGULLO 2011!!!
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Es una putada para alguien que pretende escribir y carece de imaginación que no te ocurra nada interesante en la vida. Así que Diego pasó los primeros años de su frustrada carrera de escritor presentando insufribles relatos de ficción a concursos juveniles. Aquella tarde una idea se posó, por fin, en su cabeza y empezó a martillear su cráneo pidiendo entrar para poder salir de nuevo en forma de letras a través de sus dedos, e instalarse para siempre en el eterno folio en blanco que esperaba en el rodillo polvoriento de su Lettera 46. Fueron dos. Por una sola cara, pero cargados de una fuerza inusual en un mal estudiante atascado en segundo de bachiller. Años después, la orientación sexual de Diego dejó de ser secreta. Tuvo relaciones con diversos chicos y con uno llegó a vivir una historia de amor y desamor en términos de convivencia: montaron casa. Hasta que un día, como al protagonista de su relato, le ofrecieron un trabajo en el extranjero y se tuvo que marchar. Entonces Diego recordó aquellos dos folios que escribió a los dieciséis años, al pensar que era una especie de broma de la vida muchos años después.

El relato era la última declaración de un reo antes de ser condenado. Alguien que en un arrebato de pasión había golpeado accidental y mortalmente a su compañero de piso tras saber que este les abandonaba a la ciudad y a él. Era una confesión de homicidio involuntario del protagonista, pero también era una confesión de la condición homosexual del autor: el propio Diego. Breve, concisa y emotiva; y muy bien escrita, qué diablos. Mecanografió de un tirón, sin correcciones, sin segunda lectura. Arrancó el segundo folio de la máquina y salió de casa para leerlo, a salvo, en una placita cercana. Joder. Era muy fuerte. Muy evidente. Si alguien hubiera sospechado algo de sus andanzas sexuales de aquellos tres últimos años... Aquel relato era una no muy sutil evidencia.

Pilar Giner guardó un largo silencio cuando lo leyó. "¿Sabes qué es esto, verdad?" dijo cuando alzó la cabeza, mirando fijamente a Diego. "Creo que sí", respondió este. Pilar le conocía bien. Era la única profesora que sufría cuando le suspendía. Sin que Diego acabara de entender cómo, le convenció para presentar el dichoso relato al concurso literario del instituto, en la seguridad de que tenía opciones de ser premiado. Acaso eso le diera ganas de reintegrarse a las clases y superar los exámenes antes del fin de curso. Tenía razón en lo primero. El relato obtuvo el primer premio.

Ganar tenía sus ventajas, desde luego. Para Diego y su enorme ego era una satisfacción que compensaba el que siempre consideró maltrato por parte del sistema educativo, y, además, era un mazazo para el jurado, los mismos profesores que nunca hicieron nada por él, abrir la plica y que el ganador unánimemente elegido fuera el alumno más problemático y con uno de los peores expedientes académicos; además, eran quince mil pesetas en metálico; en 1983, con dieciséis años, maná caído del cielo. También tenía sus inconvenientes, y Diego, cuando aceptó la propuesta de Pilar, había olvidado aquel detalle tan obvio. El ganador del concurso literario estaba obligado a leer su texto en público durante la semana cultural del instituto. Y ni siquiera Diego, que cada año —e iba por el tercero— había sido pieza clave en su organización, cayó en ello. Se lo recordó Manolito Show, un compañero de clase algo mayor que él y con más antigüedad en el instituto. Ambos eran delegados inhabilitados por acumulación de faltas a clase y, aún así, coordinadores de las actividades extraescolares, actuando cada año como presentadores de cualquier evento que sus impagables ganas de juerga parían en interminables tardes de cafetería. Manolito tenía una especial habilidad para imitar voces y era, sin duda, un gran comediante. Su oso Yogui dijo a Diego: "Yujujujú. Cuando leas este escrito impúdico, no sé qué pensará tu público".
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Empezó a ponerse muy nervioso. El texto era producto de su imaginación. No tenía por qué identificarse con él, con su secreto. Pero la última frase... tan solemne, tan cursi. "No me pregunte por qué lo mate, Sr. Juez, que yo solamente le quise". ¿Más claro? Era una historia de maricones. Y Diego tendría que leerla en público.

Días antes de que se celebrara la entrega de premios ya había comentarios sobre el contenido del relato. Chico se enteró y abordó a Diego en el instituto.

— Déjame leerlo —le dijo.
— ¿El qué? —respondió Diego.
— No te hagas el tonto, Diego, por Dios.

Su voz delataba su nerviosismo. Chico y Diego llevaban siendo amigos más de diez años. Pero además, los tres últimos se veían en un lugar secreto para hacer el amor, al menos, una vez al mes. La primera fue en el vestuario de la piscina. Sin cómo ni por qué, comenzaron a tocarse, a besarse, a pasear sus bocas por sus cuerpos desnudos. Hasta que los dos se corrieron. Dejaron de ser amigos, de salir juntos, de verse todos los días, de contarse sus secretos. Pero una vez al mes, se veían en su lugar secreto, se desnudaban y hacían el amor. Nunca comentaron nada, nunca salió de sus labios ninguna de las palabras mágicas: homosexual, gay, maricón... Chico tenía novia, la que hoy es su mujer. Diego también tuvo, pero acabó siendo la mujer de otro. De manera que cuando Chico se enteró de la existencia del relato quiso saber más.

Diego mintió. Desde que arrancó aquellos dos folios de la vieja olivetti los llevaba en el bolsillo. Era la primera vez que "su secreto" se revelaba ante ellos y su miedo iba a dar pie a la primera conversación que tuvieron en su vida sobre el tema. Se alejaron hasta una escalera por la que casi nunca subía ni bajaba nadie y Diego le contó el relato. Chico se tranquilizó un poco. Nada de lo que le contó podía tener una mínima relación con él. Pero no dejaba de afectarle.

— Yo no soy gay —empezó a decir—. En todo caso, sería bisexual, pero tampoco. No creo.
— ¿No crees? —respondió Diego—. ¡Javier, por Dios! Nos lo montamos de vez en cuando. Practicamos sexo. ¿No crees que eso es un "poquito" gay?
— Sí, pero yo no siento nada por ti.

Algo se quebró. La seguridad de Chico al afirmar que no estaba enamorado de él, que lo que hacían era "por vicio", le dolió. Nunca se había planteado la posibilidad de enamorarse de un hombre, pero entonces descubrió que sentía algo por su amigo, algo más allá de la atracción mutua que su secreto albergaba. Lo que sintió fueron celos. Nunca hubiese proyectado una relación formal con él, pero la imagen de Chico haciendo el amor con su novia, si es que lo hacían, se proyectó con mucha claridad ante Diego. Podía definir su cuerpo como si fuera el suyo, y podía intuir el de su novia. Y sintió celos. Entonces Chico añadió:

— ¿Te das cuenta de que después de esto todo el mundo pensará que eres gay?

Diego guardó silencio. Era la primera vez que alguien, o él mismo, lo planteaba. ¿Era imprescindible ser gay para poder montarse una fiesta íntima con un amigo? ¿Significaba eso que no podría enamorarse nunca de una mujer, casarse, tener hijos y destrozar su vida dentro de la normalidad? ¿Qué iba a pasar cuando todos pensaran que era gay, aunque él mismo no supiera aún si realmente lo era? ¿Se estaba dando cuenta de que creer que ese "vicio" se le pasaría cuando tuviera una relación heterosexual estable era una estupidez?

— Creo que soy gay. Que me gustan los tíos. Que me gustas tú —dijo intentando coger las manos de Chico.
Este se sobresaltó. Miró a uno y otro lado temiendo que alguien los hubiese visto y le increpó.
— ¿Estás loco, gilipollas? ¿Quieres que nos vean? —dijo muy irritado pero sin levantar la voz—. Mira, Diego, creo que es mejor que no volvamos a... ya sabes. Y te rogaría que cuando esto... —hizo una breve pausa— estalle, no te acercaras mucho a mí. No me gustaría que se intuyera que hay "algo más". ¿Entiendes lo que te digo?
— Supongo —acertó Diego a decir sin levantar la cabeza, y Chico abandonó la escena sin dejarle añadir nada más.

Diego empezó a llorar, a maldecir. ¿Por qué había escrito el dichoso relato? ¿Por qué hizo caso a Pilar cuando le dijo que lo presentara al concurso? ¿Por qué? ¿Y ahora? ¿Le verían sus compañeros como a esos viejos que se pasan horas en las estaciones con la esperanza de tocar la polla de algún jovencito a cambio de unos duros? ¿Se enterarían sus padres, sus hermanos? El enfado devino pánico. Salió del instituto. Por el camino sentía que la gente le miraba y cuchicheaba a su paso. Paranoia, pero lo sentía como si fuera verdad. El pánico le hizo enfermar. Se puso pálido, perdió las fuerzas, sintió frío y calor a la vez. "Gripe", dijo su madre al verle entrar en casa, antes de la hora habitual, y mirarle la cara. "La gripe que no se cura en veinte días, se cura en veintiuno, pero el primer tacazo hay que pasarlo en cama". Su madre siempre repetía las "máximas", como las llamaba, de su abuela. Aquella milagrosa "gripe" le permitió exiliarse legalmente del instituto, las clases y las preguntas de los demás sobre el premio literario. En su casa Diego no había comentado nada del premio, sólo faltaba que a su madre se le ocurriera asistir a la fiesta de la semana cultural y le oyera leer aquel relato que contaba una historia de maricones. "Uy, hijo, qué aaaasco", hubiese dicho. "Ya que escribes tan bien... ¿no podías escribir sobre cosas bonitas?", hubiese rematado. Como si lo viera. No podía enterarse.

En el apogeo de su estado febril, en el segundo día de encierro, y a dos días de la entrega de premios, María Jesús Paniagua, profesora encargada de actividades extraescolares, llamó a casa de Diego. Nunca antes un profesor lo había hecho, y eso que sus reiteradas faltas a clase así deberían haberlo aconsejado. Se le heló la sangre al escuchar la voz de su madre: "Sí, sí, está en casa. Tiene un gripazo de aúpa y lo he dejado en la cama". Hasta ahí, todo bien. "¿Qué fiesta?" La palabra fiesta sonó como un trueno para Diego. ¡Dios, que no diga nada! Se levantó, enfermo, mareado, sin fuerzas... bajó las escaleras para quitar el teléfono a su madre y, al verle, ella misma le cedió el auricular. "Ay, espere un momento que se ha levantado y le paso el aparato ¿eh? Nada, nada, encantada, le pongo con él ¿eh?, Hasta luego. Adiós, adiós". Cogió el teléfono. "María Jesús, ¿qué le has dicho?". Nada, no había dicho nada. Llamaba sólo para saber si Diego estaría el día de la fiesta y presentaría el acto con Manolito Show. María Jesús no había caído en que tenía que estar para recoger el premio y leer su texto, sólo quería ajustar los detalles. Por suerte, los temblores de Diego fueron vistos por su madre como un síntoma de la alta fiebre que padecía, y le invitó a volver a la cama: "Tú no estás para fiestas ¿eh? Vete a acostar, anda. A ver si mejoras, o no podrás ir".

Los dos días siguientes, encerrado y sin salir de la cama, con fiebre y sudores, Diego pensó mucho. Se preguntó muchas cosas y se respondió algunas; tal vez ninguna. En repetidas ocasiones se levantaba para ir al baño y mirarse al espejo. Miraba fijamente y con odio su propio reflejo y decía "Maricón, que eres un maricón. Comepollas, bujarrón, niña". Después lloraba un poco. Se sentaba en la taza del váter y lamentaba su mala suerte "¿Por qué a mí? ¿por qué?" Luego volvía a la cama y se masturbaba con fiereza, tratando de llenar su mente de imágenes de mujeres desnudas, de chicas que le chupaban la polla y le paseaban las tetas por la boca mientras se las follaba. Pero cuando se acercaba el momento de correrse volvían las imágenes de sus compañeros en el vestuario, o de Chico desnudo abrazándole, y entonces, sólo entonces, se corría. Y volvía a llorar, a maldecirse. Muchas veces antes, Diego había pensado en el suicidio. Esa semana también lo hizo.

Y así hasta que llegó el gran día. Jodida suerte: Diego amaneció fresco como una rosa. Manolo le llamó temprano para concretar cómo iban a hacer las presentaciones y la lectura del texto. "Ahora lo hablamos", y colgó el teléfono. Estaba cagado de miedo. Pensó en desaparecer y esconderse en cualquier sitio hasta que todo hubiera pasado. Tal vez en el lugar secreto de sus encuentros con Chico. Si no acudía a la fiesta no tendría que leer y nadie sabría por qué le habían dado el premio. Pero salió de casa y fue derecho al instituto. En blanco, sin pensar en nada, como un robot. Manolito Show le estaba esperando. "Hombre, por fin. A ver cómo hacemos esto". Repasaron el programa. "¿Estás preparado?" Manolito Show era el único alumno que había leído el relato de Diego.

— No puedo hacerlo, Manolo. No puedo hacerlo —empezó a balbucir mientras respondía—. Si lo hago, todo el mundo pensará... Todo el mundo sabrá que soy un maricón de mierda. Y nadie querrá nada conmigo —añadió mientras las lágrimas aparecían en sus ojos—. ¡No voy a hacerlo!

Manolo se acercó más a Diego y le abrazó.

— Marqués... —Manolo le había apodado Marqués después de que una tarde su madre no acertara con el apellido de Diego y le dijera "te ha llamado el Ybarra", a lo que él contestó "sí, el Marqués de Ybarra"—. Dime, Marqués, y recuerda que estás hablando conmigo. ¿Eres un maricón de mierda? Y conste que a mí me da igual ¿eh?
— No lo sé, Manolo.
— Te prometo que no lo sé —respondió Diego, otra vez ahogado en lágrimas—. Pero cada vez pienso más que sí.

Charlaron largo rato. Le contó todo. Lo de Chico, lo que había pasado en la escalera, el miedo de los últimos días, los paseos para llamarse maricón frente al espejo. Al final, llegaron a un acuerdo. A pesar de la insistencia de Manolo en sentido contrario, Diego fingiría una aguda afonía que no le permitiría ni presentar ni leer su relato. Manolo lo haría todo sin él y por él.

Manolito Show estuvo sembrado durante toda la presentación de actuaciones, medallas, menciones... En una de sus mejores tardes, la gente aplaudía y reía sus ocurrencias sobre profesores y alumnos, y, accediendo a las insistentes peticiones, su famosa imitación del papa Wojtyla por la que había sido expulsado del colegio de los hermanos Maristas. Hasta que llegó el turno de Diego. "Habréis notado que el Marqués de Ybarra, mi querido amigo y socio Diego, no está conmigo presentando. Una terrible afonía ha podido con él. Pero como tiene que destacar como sea, ya sabéis cómo es —decía marcando cada sílaba que pronunciaba—, no se le ha ocurrido otra cosa mejor que ganar el concurso literario de este año. Subirá al escenario a recoger el premio, pero ante su inaudita mudez, quién lo iba a decir —la gente se partía—, el relato que le ha hecho merecer este premio os lo voy a leer yo."
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Manolo cambió el tono de su voz. Solemne, empezó a leer con una seriedad inusitada en él. Muy bien leído. Despacio, marcando las palabras. El público guardaba silencio, mucho silencio. Nada hubiese roto el clímax que se acercaba junto a la frase final. "Ahora es cuando todos se miran unos a otros y cuchichean: el Marqués es maricón", pensaba Diego.

Por fin leyó la dichosa última frase: "No me pregunte por qué lo mate, Sr. Juez, que yo solamente le quise". Como Diego había previsto, hubo un momento de silencio, pero en vez de cuchicheos y miradas de sorpresa lo que se produjo fue un fuerte aplauso. El más fuerte que se recordaba en aquel instituto tan dado a la fiesta y las celebraciones. Un aplauso sincero, de reconocimiento. Manolo señaló hacia el asiento donde Diego estaba. Con los ojos húmedos por la sorpresa y la emoción y mordiéndose el labio inferior para contenerlas, subió a por el sobre con las 15.000 pesetas y el diploma, hizo un ligero gesto de agradecimiento y abandonó el escenario en dirección a ninguna parte. Qué suerte, pensaba.

No se quedó a la fiesta. Durante un par de semanas no se dejó ver por el instituto. Cuando por fin se atrevió a regresar habían comenzado los exámenes finales. Una llamada anónima había denunciado que la Pepa y el Ote estaban follando a escondidas en el patio del instituto y una profesora había tenido a bien quedarse embarazada de otro profesor que no era su marido. En resumen, el comprometido relato de Diego había dado paso a nuevos cotilleos.

El propio Diego había olvidado aquellos dos folios que tan mal se lo hicieron pasar a los dieciséis cuando, quince años después, su pareja le dejó para aceptar aquel trabajo en el extranjero. No se enfadó, no tiró nada y no provocó ningún accidente mortal. Pero sí recordó dónde diablos había guardado aquel triste relato cuyo protagonista, airado por el abandono, acababa con la vida de su compañero y comparecía ante un juez. Compró una preciosa carpeta de cartón viejo del tamaño de un talonario de cheques, metió en ella, cuidadosamente doblados, los dos folios de su confesión y se la regaló a su compañero cuando se fue para siempre. A Santi le gustó mucho, tanto que le animó a revisarlo un poco, corregir el estilo un poco anclado en los ochenta y presentarlo a algún concurso de relatos. "Quita, quita", respondió Diego.

lunes, 6 de junio de 2011

Un enorme compromiso para una difícil legislatura

Comienza hoy una legislatura difícil en los ayuntamientos y la mayoría de las comunidades autonómicas españolas. La notable mayoría absoluta obtenida por el Partido Popular -a pesar de haber perdido apoyo en número de votos-, así como los primeros mensajes que han ido emanando desde la calle Génova estos días, pueden hacernos esperar lo peor a los ciudadanos que hemos quedado bajo el manto azul que cubre desde el día 22 el territorio nacional. El programa oculto de Mariano Rajoy, Esperanza Aguirre, Francisco Camps y sus huestes, tan celosamente guardado durante la campaña electoral, no se ha hecho esperar, y no ha hecho falta que se constituyeran las cámaras legislativas autonómicas, los ayuntamientos y las diputaciones para que la derecha más reaccionaria ponga sus cartas sobre la mesa. Por supuesto, con mentiras y manipulaciones, como crear el espejismo de la bancarrota en Castilla La Mancha, para poder justificar así las medidas que definen el neoliberalismo más canalla, o los juegos de palabras del siempre críptico Mariano Rajoy cuando dice que “España tendrá el Estado del Bienestar que pueda tener”, que no es otra cosa que decir que los españoles tendrán los servicios sociales que individualmente se puedan pagar.

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En Madrid el panorama no puede presentarse peor. Tras una ruin campaña electoral, en la que poco se ha hablado de la Comunidad y mucho del Gobierno de España, Esperanza Aguirre se prepara para acometer el mayor recorte de derechos de ciudadanía que su mayoría absoluta le va a permitir; empezando, casi con toda seguridad, por la privatización del agua de todos los madrileños, sobre todo ahora que va poder contar con el concurso de los ayuntamientos que, por estar en manos de la izquierda socialista, antes no tenía. Igual destino puede esperarle a Telemadrid y a otras empresas públicas y centros oficiales. Contará con ello con el silencio cómplice de la nueva derecha con representación parlamentaria que supone el partido de la tránsfuga Rosa Díez. Son los daños colaterales de la desidia electoral de la mayoría de ciudadanos de izquierda que, con mayor o menor razón, decidió quedarse en casa el 22 de mayo.

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[A mayor abundamiento de la que se nos viene encima, todo esto se acometerá con la anuencia de unos medios de comunicación a los que la victoria electoral del PP ha legitimado en su estrategia de la desinformación y la mentira, pues sus licencias no correrán peligro mientras sigan manipulando groseramente la realidad a favor de la lideresa, que para ello, y no para otra cosa, les otorgó el 100 % de los canales que la comunidad puede conceder.]

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Así, la única defensa de los derechos de los ciudadanos queda en manos de una izquierda minoritaria en las cámaras y en los ayuntamientos. Una izquierda que en Madrid estará representada por la oposición que encabezarán a partir de mañana Tomás Gómez y los diputados del grupo parlamentario socialista, ya veremos sin con el apoyo de Izquierda Unida. El programa de gobierno que el PSM ha defendido los últimos años y, sobre todo, durante la campaña electoral, debe ser el argumentario de defensa de los madrileños. Denunciar todo lo que se aleje de la mejora de sus condiciones de vida, la expropiación del patrimonio público, las disminución de los servicios sociales y los derechos de los trabajadores, la merma de espacios públicos de representación y la utilización del dinero público para enriquecer a las empresas privadas que optan a gestionar los servicios públicos, ha de ser la tarjeta de visita de una oposición constructiva, vigilante y, sobre todo, intolerante con el programa de gobierno que, ahora sin subterfugios, Esperanza Aguirre quiere imponer a los madrileños.

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Sabemos que el compromiso de Tomás Gómez y los socialistas de Madrid es con todos los ciudadanos de la comunidad, y no sólo con los que hayan votado al PSOE el 22 de mayo, de la misma forma que sabemos que Esperanza Aguirre no se siente comprometida ni siquiera con los que eligieron la papeleta del Partido Popular en las pasadas elecciones. Sabemos que en las circunstancias actuales, defender los derechos ciudadanos va a ser una tarea llena de dificultad, sobre todo a la hora difundir el trabajo de oposición responsable que, sin duda alguna, la izquierda encabezada por Tomás Gómez va a realizar durante esta legislatura que empieza mañana. Es la única garantía de defensa de nuestros derechos que vamos a tener en esta región. Afortunadamente estará en manos de un grupo socialista que, aunque mermado, cuenta con los mejores, está liderado por el mejor, y contará, sin ninguna duda, con el apoyo de una militancia que, desde el mismo día 22 de mayo, está trabajando por construir la alternativa de progreso que Madrid y los madrileños necesitamos.

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Porque, lamentablemente, los militantes vamos a ser casi el único altavoz de la labor de oposición que hagan nuestros diputados y concejales, y hacerla llegar al resto de nuestros conciudadanos es una tarea que tenemos que asumir y desarrollar con la máxima diligencia y responsabilidad. Para que las políticas de la derecha no pasen desapercibidas como hasta ahora, para que podamos recuperar por los hechos la confianza que hemos perdido, y para que el proyecto socialista vuelva a ser mayoritariamente apoyado en las próximas citas electorales

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SU SEÑORÍA CARLA ANTONELLI, UNA MUJER TRANSEXUAL PARA LA HISTORIA PARLAMENTARIA ESPAÑOLA

No podré estar esta mañana, como otros muchos compañeros, en la Asamblea de Madrid para acompañar a nuestros compañeros y compañeras socialistas cuando tomen posesión de sus escaños de diputados. El rodillo de la mayoría absoluta del Partido Popular ha restringido al máximo el número de invitaciones para el acto de inauguración de la Legislatura. Qué le vamos a hacer. Lo veré por el ‘streaming’ de la web de la asamblea (http://www.asambleamadrid.es/AsambleaDeMadrid/ES/AsambleaAbierta/RetransmisionSesiones).
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Porque, además del orgullo natural de ver a los compañeros y compañeras asumir la responsabilidad de representarnos a todos los madrileños y a todas las madrileñas, estaré, como miembro del colectivo LGTB, henchido de orgullo de observar, aunque sea en la pantalla de mi pequeño ordenador, cómo la primera mujer transexual se sentará en uno de esos escaños. Y además, que esa mujer transexual sea mi amiga Carla Antonelli.

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Porque si alguien se merece ese puesto es Carla.

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Carla, como ella suele contar, abandonó un día su Güímar de origen, “con más miedo que vergüenza”, con dos objetivos principales. Vivir en toda su plenitud como la mujer que todos y todas conocemos, y convertirse en actriz, su vocación desde pequeña. La intolerancia de un país que aún se relamía de las heridas que el franquismo le había infligido, la llevaron, además, a convertirse en la activista que, para fortuna de todos y todas, ha sido durante todo el tiempo pasado desde entonces. Ya fuera vestida de militar en una provocadora portada del Diario 16 de aquellos convulsos años setenta, o debatiendo con pasión en las tertulias televisivas, Carla Antonelli ha sido un referente para todas las personas transexuales -y para todas aquellas que por una u otra condición personal han tenido que abrirse camino ante una sociedad que nos les quería-, que han visto en su ejemplo y su coraje una forma de actuar que transciende del género per se. Nadie ha podido, y eso que lo han intentado, evitar que Carla dijera lo que pensaba y sentía cuando tenía que hacerlo. Ya fuera en una canal de televisión, o en el seno de su propio partido si las circunstancias lo exigían. Muchos no han olvidado todavía cómo se enfrentó a la dirección del PSOE, con una huelga de hambre, cuando a punto estuvo el partido de renunciar a realizar las reformas legales que igualaban los derechos de las personas transexuales en España. Su gesto fue determinante para que José Luís Rodríguez Zapatero tomara la valiente decisión de no demorar más aquella reforma que tanto ha significado para todo el colectivo LGTB.

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He tenido la suerte de compartir con ella momentos de muy diversa índole desde que el proceso de primarias del Partido Socialista de Madrid nos unió en defensa de la candidatura de Tomás Gómez. He paseado con ella por las calles y he podido observar el cariño que la gente de la calle, el pueblo, le profesa. Porque se sienten identificados con ella. Y no por su condición transexual. En absoluto. La quieren porque la ven como a una más: trabajadora, luchadora e incansable. Una mujer comprometida con el bien común y decidida a defenderlo con uñas y dientes. Por eso Tomás Gómez, acertadamente, le pidió que compartiera con él el proyecto socialista para Madrid.

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Igual que estoy seguro que harán miles de ciudadanos que saben que a partir de hoy una buena persona, trabajadora, honesta y comprometida estará defendiendo sus derechos con toda la fuerza que esta mujer de bandera lleva en su interior, mañana, en la pequeña pantalla de mi ordenador, aplaudiré orgulloso cuando mi amiga Carla Antonelli se convierta en Su Señoría, la primera mujer transexual parlamentaria de la Historia de España.

domingo, 29 de mayo de 2011

No paréis. No paremos.

Han sido, de momento, dos semanas de emociones contenidas. Cuando la primera noche de acampada en la Puerta del Sol ‘los indignados’ hicieron tal demostración de civismo que las imágenes y las crónicas sobre ello dieron la vuelta al mundo, muchos, yo incluido, no pudimos resistirlo y las lágrimas se adueñaron de nuestros rostros. Lágrimas que fueron llanto de felicidad de muchos a las siete de la mañana, cuando el apagado del alumbrado público marcaron la ‘primera victoria’ de un pueblo que protesta ante una élite económica, empresarial, política y sindical (entre otras) que ha dejado de escuchar a las personas a las que representa.



Los mismo que tratan de hacernos creer que la sociedad sólo se alimenta de ‘realities’ televisivos, y que la juventud está perdida entre videojuegos, botellón y una plácida posición ‘ni-ni’, saben ahora que no es verdad. Que la sociedad está bien despierta y que quiere cambios. Porque ser feliz es un derecho inalienable al que no está dispuesto a renunciar. Ni debe estarlo.

Dos semanas de debate, de política, en la más noble de sus acepciones. De miles de personas en permanente proceso de elaboración de propuestas para construir una sociedad más justa, más sostenible y más igualitaria. Y más participativa. Los campamentos de las plazas de la SOLución han dado un ejemplo del tipo de convivencia que se pide. Stèphane Hessel, el autor de ‘Indignaos’ -ese pequeño libro de un hombre de 93 años que parece habernos despertado del letargo en el que parecía que nos encontrábamos- puede sentirse satisfecho. La sociedad está realmente indignada, y la ‘spanish revolution’ lo ha puesto de manifiesto con esta epatante muestra de sensatez, organización y, hay que repetirlo hasta la saciedad, civismo. A ‘las élites’ les corresponde mover ficha, aunque parece que les está costando acusar recibido de esta sonora llamada de atención. Los campamentos desaparecerán, pero el movimiento iniciado el 15 de mayo en Madrid permanece y debe permanecer hasta que se produzca el deseado “cambio de rumbo” que piden/pedimos ‘los indignados’. Parafraseando a Eduard Punset el otro día en Oviedo… No paréis. No paremos.

domingo, 13 de marzo de 2011

ISLANDIA, LA OTRA REVOLUCIÓN

Publicado en www.diarioprogresista.es

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El mundo está cambiando. Es esperanzador, realmente. Cuando los pueblos se levantan para decir ¡basta! a sus gobernantes y acabar con los abusos de las oligarquías que imperan sin control alguno, todos sentimos una agradable sensación que queremos confundir con la consecución de nuestros más puros ideales. Y miramos aliviados a Túnez, a Egipto, tal vez a Libia. Miramos aliviados… a la televisión.

Pero algo le está ocurriendo últimamente a nuestros receptores, pues hay noticias que no llegan con la misma intensidad. Mientras los canales han mantenido coberturas informativas continuas durante largas horas a la espera de la salida de Hosni Mubarak o de Zine El Abidine Ben Ali, siguen sin aparecer,siquiera en diferido, las revueltas que han tenido lugar en Islandia desde 2008 o las detenciones que tuvieron lugar hace un par de días en Londres y Reikiavik de los responsables de las entidades financieras que llevaron a la quiebra al país nórdico.

Islandia era y sigue siendo un país del que conocemos pocas cosas. Hasta ahora, sabíamos que era uno de los estados del norte que destacaba por su gran calidad de vida, un sistema sanitario y educativo universal y grandes prestaciones sociales; y todo ello sin ser, como sus vecinos escandinavos, un lugar con una fuerte presión fiscal sobre los ciudadanos; de hecho, el impuesto de sociedades allí es del 18 %, uno de los más bajos del mundo. Sus mayores riquezas habían sido, hasta hace relativamente poco tiempo, la exportación de aluminio y su industria pesquera. A finales del siglo XX, los islandeses diversificaron su economía hacía otros sectores, como la el área de la manufactura, el turismo o el sector servicios, incluyendo la producción de software y la biotecnología. A principios del siglo XXI, además, decidieron probar suerte con los servicios financieros, haciendo del país un alumno aventajado de la nueva y sofisticada ingeniería del dinero virtual y
convirtiendo a sus bancos en una referencia mundial. Estos no pudieron resistir a la tentación y cayeron, como el resto de países dizque civilizados, en la aventura de las hedge funds, lo que, también como al resto del mundo, les llevó a una fuerte quiebra financiera, aún más acusada que en otros lugares, hasta el punto de que los tres bancos más importantes del país tuvieron que ser nacionalizados para evitar males mayores.

Y aquí es donde comienza “el cierre de las emisiones”. Como en otros muchos sitios, las grandes firmas financieras miraron al estado para que se hiciera cargo, a costa de los contribuyentes, de la enorme deuda que sus malas operaciones habían provocado. Ello suponía que cada uno de los 330.000 islandeses tendría que asumir el pago de unos 12.000 euros, ya fuera con una mayor carga fiscal o con el recorte de algunas de sus preciadas prestaciones sociales, que convierten al país en el tercero más desarrollado del mundo y en el primero en cuanto a desarrollo humano, según datos de la ONU. Medidas similares a las que venimos sufriendo en otros estados europeos. Esto provocó una inesperada y ejemplarizante reacción popular que ha obligado al país nórdico a todo un proceso de catarsis, con cambio de gobierno y “borrón y cuenta nueva”. Al punto de encontrarse en proceso de redacción de una nueva Constitución. Para
ello, se recurre directamente al pueblo, eligiendo a 25 ciudadanos sin filiación política, que deberán ser mayores de edad y contar con el apoyo de, al menos, 30 personas. La asamblea constitucional comenzó su trabajo en febrero pasado y presentará un proyecto de carta magna a partir de las recomendaciones consensuadas en distintas asambleas que se celebrarán por todo el país. Deberá ser aprobada por el actual Parlamento y por el que se constituya tras las próximas elecciones legislativas.

Esta sorprendente reacción llevó a agencias de calificación como Moodys, a la que tanto tememos en España, a amenazar con rebajar el estatus de solvencia si el estado no se hacía cargo de la deuda de los bancos y los operadores financieros, pero los islandeses no se dejaron asustar, y lo cierto es que desde hace más de un año la recuperación económica está siendo una realidad en aquellas latitudes. Es más, los principales responsables del desaguisado económico que obligó en 2008 a miles de ciudadanos a emigrar a otros países han sido detenidos o se encuentran en busca y captura, y el gobierno de la primera ministra Johanna Sigurdardottir (la única jefa de gobierno del mundo abiertamente lesbiana) goza de un fuerte apoyo de sus ciudadanos. Sigurdardottir, anterior ministra de Asuntos Sociales llegó al puesto de Primera
Ministra tras las fuertes revueltas que, cacerolas en mano, acorralaron durante 16 semanas al anterior gobierno, que se vio obligado a abandonar el poder y ceder a las presiones de una población que no estuvo dispuesta a pagar los platos que habían roto otros. Fueron revueltas populares que cambiaron un gobierno, y ya veremos si la nueva constitución emanada del pueblo no genera también un nuevo sistema de gestión.

Otro tipo de revolución, pacífica y sin derramamiento de sangre que, como otras sangrientas que se viven estos días en Oriente, han cambiado el rumbo y la forma de gobernar un país. Pero en nuestras televisiones sólo se ve la fuga de Hosni Mubarak a Arabia Saudí y la sangre derramada de los libios. ¿Tendremos que resintonizarlas a la islandesa?


lunes, 21 de febrero de 2011

LIVIA CASTILLO

La lista de Tomás Gómez reúne lo mejor del Partido Socialista de Madrid y todos sus territorios para hacer realidad un ilusionante proyecto de cambio, tan necesario en nuestra comunidad sobre todo tras el desastre de Esperanza Aguirre esta la última legislatura. No es fácil consensuar una lista en la que se sabes que el número de diputados y diputadas que obtendrán escaño está limitado por las matemáticas de la Ley D’hont. En consecuencia, algunas personas que a todos nos gustaría seguir viendo en la Asamblea defendiendo los intereses de todos los madrileños, quedan fuera en ese proceso de elaboración de listas. Es el caso de la diputada Livia Castillo.

Junto a otros destacados nombres del socialismo español, como Eduardo Sotillos, Livia Castillo no sólo es un ejemplo por su capacidad de trabajo, como ha demostrado en esta plomiza legislatura, siendo el azote del gobierno corrupto de Esperanza Aguirre como diputada responsable del control y vigilancia de las contrataciones públicas; es también un ejemplo cuando sabe dar un paso atrás, silencioso, sin estridencias, para que el Partido pueda configurar una lista en la que estén representados todos los que tienen que estarlo, aunque ello conlleve su salida de la Asamblea. No podemos decir lo mismo de otros compañeros y compañeras, lamentablemente.

En el trabajo que venimos desarrollando con ella hemos descubierto a una mujer comprometida con sus principios, que son los de todo socialista que presuma de serlo (aunque Livia nunca presuma de nada), con una enorme capacidad de cohesionar y organizar grupos de trabajo, de unir voluntades, soslayar las diferencias y convertir los puntos de encuentro en una fuerza imparable para conseguir un objetivo común. Lo sabemos desde que la conocemos, hace años ya, y tuvimos la ocasión de comprobarlo una vez más en el pasado proceso de primarias, cuando organizamos la Plataforma Socialista LGTB de Apoyo a Tomás Gómez, con la que rompimos un erróneo y malintencionado mensaje que situaba a nuestro Secretario General como una persona homófoba y transfóbica que pretendía alejar al colectivo de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales de su apuesta por el cambio en Madrid. Después de eso la hemos visto compaginar su inagotable trabajo en la Asamblea de Madrid con la búsqueda de vías de encuentro interno en el PSM, destacando siempre los que nos une -nunca lo que nos separara- para hacer realidad las reivindicaciones en materias de Igualdad y de defensa de los derechos de los que más necesitan de los políticos.

[Precisamente este domingo, cuando se supo que Livia Castillo no repetiría como diputada la próxima legislatura, recibimos también la triste noticia del fallecimiento de Antonio Gracia
Pierrot, y en estos días, a través de la Plataforma Diversidad 2011 estábamos trabajando con ella y con Carla Antonellien un homenaje a las personas del colectivo LGTB que fueron represaliados durante la dictadura franquista. El proceloso proceso interno que desembocaba en la aprobación el domingo de las listas del PSM no nos ha permitido llegar a tiempo de que Pierrot recibiera ese homenaje que, para tristeza de todos, lo tendrá que ser de carácter póstumo.]

No nos cabe la menor duda de que donde Livia Castillo desarrolle las nuevas responsabilidades que le sean asignadas, los militantes del PSM y la ciudadanía en general podremos estar seguros de que alguien de la más absoluta entrega e integridad estará velando por los derechos de todos. Porque cuando personas como Livia Castillo están al frente de una responsabilidad sabemos que lo está alguien que sabe estar, que sabe hacer, que sabe callar y que sabe decir lo adecuado en el momento adecuado. Esperanza Aguirre ha tenido ocasión de comprobarlo, para su pesar, durante esta legislatura. Los ciudadanos tenemos la suerte de que esta mujer socialista y comprometida estará defendiendo, desde donde proceda, nuestro derechos e intereses comunes.

Gracias, compañera, por tu trabajo y tu ejemplo

sábado, 19 de febrero de 2011

Publicado en www.diarioprogresista.es

La diputada de la Asamblea de Madrid, Livia Castillo, denunció la semana pasada cómo Esperanza Aguirre oculta, amparada en el rodillo de la mayoría absoluta, cualquier información sobre contratos y ejecución de proyectos de su gobierno. Ello no impide que la realidad de los servicios públicos de la Comunidad de Madrid llegue a conocerse. Recientemente se ha conocido un demoledor estudio realizado por el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid, que evidencia cómo las políticas del Tea Party español no sólo están deteriorando el sistema educativo madrileño, sino las graves consecuencias que están teniendo para nuestros niños y niñas de 0 a 6 años.

Es lo que está ocurriendo en Madrid como consecuencia de los decretos sobre educación infantil que aumentan las ratios educadores/alumnos, con -como recoge el estudio- “la consecuente, disminución de unos espacios que han de albergar a más niños y niñas, en los que hay el mismo número de materiales y que, además, no disponen de las mismas posibilidades de reciclaje y reposición como consecuencia del recorte presupuestario”. A ello se suma la reducción drástica del número de apoyos anteriores y el desembarco de profesionales menos cualificados, porque los decretos de Esperanza Aguirre así lo autorizan. Esta es la realidad que subyace al aumento de plazas escolares con el que se pretende justificar la política educativa para niños de 0 a 6 años de la CAM. El informe de la UCM viene a desmentir uno anterior elaborado por el Defensor del Menor de Madrid que, tras la denuncias presentadas en su oficina por los padres y madres cuyos hijos e hijas se han visto afectados, bendecía las políticas de educación infantil del PP madrileño sin datos científicos que lo corroboraran, llegando a afirmar que las carencias provocadas por los recortes de la consejería de Lucía Figar estaban compensadas “por la profesionalidad y entrega de los profesionales de los centros”. Y se quedó tan contento con la afirmación, dicho sea de paso.

Sin embargo, los datos del estudio de la UCM acreditan “que el incremento del tamaño de los grupos conduce a sustituir actividades orientadas a favorecer aprendizajes en todos los ámbitos del desarrollo, basadas en actitudes de afecto, respeto y serenidad, por otras que sólo pueden aspirar a cubrir atropelladamente sus necesidades más básicas, y que van transformando la práctica educativa que se desarrollaba en las aulas, por otra de carácter asistencial que, en algunas ocasiones, ni siquiera logran alcanzar sus objetivos. El estudio recoge hechos tan preocupantes como que en muchos de los centros afectados “los niños deben dormir con los zapatos puestos, no se les cambia el pañal durante toda una mañana más que en los casos más urgentes, una misma educadora sirve la comida, barre, friega el aula, etc.” Obviamente, añade, “la calidad de la educación está lejos de alcanzar los estándares adecuados en estas circunstancias.”

Lo más temible de todo lo recogido en el informe es que lo que los analistas presentan como consecuencias negativas de la forma que el Partido Popular tiene de administrar los derechos de todos ciudadanos, en realidad responde a unos objetivos más que intencionados. En la medida que los centros públicos y subvencionados por la Comunidad de Madrid pierdan el carácter educativo para transformarse, como bien dicen los profesionales de la UCM, en otros de carácter asistencial, la derecha garantiza la diferenciación de clases que siempre, a pesar del mucho maquillaje publicitario de la lideresa, se esconde detrás del programa político del Partido Popular. Cuando sólo los que pueden pagarlo acceden a un sistema “que reduce el abandono y el absentismo escolar, y la posibilidad de presentar necesidades educativas especiales en años posteriores, y en el que el alumnado obtiene puntuaciones significativamente mayores en el desarrollo cognitivo, lingüístico, la autoestima, las habilidades sociales, la capacidad para regular el propio aprendizaje, la motivación, las aspiraciones académicas y el rendimiento a lo largo de su escolaridad”, sitúan a sus descendientes en una posición privilegiada frente a una clase trabajadora que sólo puede acceder a un sistema público que, tras los decretos de Aguirre, “produce efectos nocivos en los niños y niñas, eleva los niveles de impulsividad y la tendencia a presentar conductas desafiantes que pueden mantenerse, incluso, al finalizar su vida escolar. Estos centros educativos de dudosa calidad no consiguen compensar los efectos perniciosos derivados de la pobreza; ni reducen la delincuencia a largo plazo, ni mejoran las actitudes y la competencia del alumnado que se encuentra en riesgo de marginación, ni favorecen su inclusión social”.

Como afirman los miembros de la Plataforma de Madrid por la Defensa de la Etapa de Educación de 0 a 6 años, que ha hecho público el estudio que vengo citando, “la Escuela Infantil es, junto a la familia, el principal contexto de desarrollo de los niños. De la calidad de la educación que reciban depende el éxito de sus futuros aprendizajes escolares, pero también su desarrollo social y afectivo, y la forma en la que cada uno se relacionará consigo mismo, con el mundo y con el resto de las personas”. La plataforma pide a los políticos que respeten los derechos de los niños y niñas y que regulen adecuadamente las variables estructurales de los centros educativos para garantizar las condiciones que permiten impartir una educación de calidad a la primera infancia.

La igualdad y el final de las diferencias entre familias de mayor o menor poder adquisitivo -o entre clases sociales- comienzan, necesariamente, en la educación. Sólo las políticas progresistas han tratado de garantizar esa igualdad desde que se instauró nuestra joven Democracia. La derecha del PP, tan bien representada por el gobierno de la Comunidad de Madrid y por Esperanza Aguirre, lo sabe, y por eso impone decretos que, bajo la falsa apariencia de aumentar las plazas disponibles y facilitar la conciliación de familia y trabajo, sólo buscan garantizar una estrategia de selección que garantice en el futuro los “puestos de salida” a los hijos e hijas de la que consideran una casta privilegiada. La suya.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Yo también soy Terele Pávez

Lo de Horcajo en Intereconomía no fue un exabrupto. No lo fue porque se esperaba, y un exabrupto se define por su cualidad de inesperado y de viveza cuando se produce, como “salida de tono” que es, según la RAE (cómo adoro ese libro, aunque temo que nunca lo terminaremos de leer). Y la verdad es que las personas que rodeamos a Carla Antonelli y sabíamos con antelación que acompañaría al próximo presidente de la Comunidad de Madrid, Tomás Gómez, en su lista electoral nos lo esperábamos. Cómo no, fue una de las primeras cosas que habíamos previsto que ocurriría. De igual forma que no dudábamos que el miserable mensaje de la cadena de la ultraderecha financiada por Esperanza Aguirre generaría respuestas a favor de nuestra compañera en este emocionante proyecto de recuperar Madrid para los madrileños. La española, aunque le pese a la jefa del Tea Party ibérico, es una sociedad avanzada que no entiende a los que no aceptan la normalización y la realidad LGTB.



Pero siempre queda lugar para la sorpresa. Y sorpresa y una enorme satisfacción es lo que nos ha producido el hermoso gesto de esa gran dama de la escena que es Terele Pávez. Una sencilla foto tomada por su hijo con un teléfono móvil, en el que la inolvidable Régula posa con una cartulina con el rótulo “Yo también soy chica, chico, chique” (parafraseando a ese manipulador y falseador de la realidad de Intereconomía) ha generado una extraordinaria respuesta de muchas personas que, emulando el gesto de Terele, han subido sus fotos a facebook; hasta se ha creado el grupo Yo también soy chica, chico, chique. No hace mucho tiempo que la propia Terele Pávez tuvo que pasar por la desagradable experiencia de ver cómo se manipulaba determinado momento de su vida privada para crear una tan estúpida como falsa noticia, que la genial actriz no tuvo reparo en admitir para que la dejaran en paz, en un gesto valiente y decidido que evidenció el asqueroso nivel al que ha llegado la programación televisiva en este país.

Gestos como el de esta gran actriz “especializada en personajes temperamentales, cuya amplia trayectoria en cine, teatro y televisión se nutre de trabajos sonados y períodos de ausencia que le confieren un prestigio creciente y una personalidad artística excepcional e imprevisible” (wikipedia), son los que confirman a los que estamos en esta lucha diaria por la visibilidad y la normalización que vamos por el buen camino, los que nos hacen sentir satisfechos del trabajo que compartimos con personas como Carla Antonelli y Tomás Gómez, y los que nos hacen desear salir a la calle y gritar bien fuerte: ¡YO TAMBIÉN SOY TERELE PÁVEZ!

Gracias, maestra, por tu trabajo y por ser así.

martes, 25 de enero de 2011

Interpretar la justicia

La Secretaria de Organización del Partido Socialista de Madrid, Trinidad Rollán ha sido condenada a ocho de inhabilitación para cargo público junto a otros miembros de su equipo de gobierno en el Ayuntamiento de Torrejón de Ardoz cuando era alcaldesa del mismo. El delito, haber tomado la decisión como alcaldesa de autorizar una operación urbanística que consideró beneficiosa para el pueblo que la eligió para eso, para mejorar sus vidas.

Es una consecuencia de cómo nos vimos obligados a crear un Estado de Derecho tras cuarenta años de dictadura caracterizada por el caos administrativo y el clientelismo de las administraciones del franquismo. Nos tuvimos que dotar de un sistema que pretende ser garantista, y por eso se instituyeron figuras administrativas dotadas de la autoridad legal para ejecutar los mandatos gubernamentales. Función que exige, por encima de todo, la máxima honestidad, independencia e imparcialidad, requisitos indispensables para la labor que se encomienda a estos altos funcionarios públicos.

¿Pero qué pasa cuando uno de estos funcionarios, cuya plaza no se discute, utiliza esa potestad para entorpecer e incluso dinamitar la acción de gobierno? Es lo que ocurrió en el Ayuntamiento de Torrejón, cuyo secretario, Saturio Hernández, decidió utilizar su potestad de emitir informes de carácter vinculante para boicotear un proyecto que ha dado una vivienda digna a 107 familias del pueblo, además de dotar a este de otra gran cantidad de inmuebles sin que ello haya supuesto un pelotazo al estilo que estamos acostumbrados a ver en los consistorios gobernados por la derecha. Una operación en la que ninguna sucesión de sospechosos ceros en los cheques (o en los sobres) puede adjudicarse a nadie, y mucho menos a los miembros de la corporación municipal. Es decir, una forma de urbanismo que pone en evidencia a otras que no lo hacen de forma razonada y social, sino con la única finalidad del enriquecimiento exprés y desmesurado. Tal fuera eso lo que llevó al secretario de Torrejón de Ardoz a declarar en un informe emitido a iniciativa propia que la operación podía no ser legal. Una opinión que otros juristas consultados no compartieron, lo que hace dudar si la intencionalidad del secretario cuando decidió emitirlo no es otra que impedir lo que, en puridad, es una decisión política que no le corresponde tomar. En todo caso, sólo ejecutar. Pero que existiendo ese informe, aunque no se ajuste a la realidad, no podría haberse llevarse a cabo.

Es desde la acción política y de gobierno desde donde se administra el Estado. Trinidad Rollán y su equipo han sido condenados por tomar una decisión políticamente justa y acertada. El delito consiste en haberlo hecho en contra de un informe jurídico de dudosa veracidad. No haber tomado esa decisión hubiese supuesto la entrega del poder político a un funcionario que no está obligado a responder ante los ciudadanos por sus acciones. Es lo único que se condena, que el gobierno municipal decidió apostar por el bienestar de sus ciudadanos, en contra de un informe que afirma, unilateralmente, que eso no es legal. La sentencia no entra a debatir si la operación era o no realmente legal -que es lo único que podría ser motivo de condena- a pesar de que la existencia de otros informes jurídicos que ponen en duda el del secretario municipal. No se condena la operación ni se pone en duda el beneficio que supuso para la población del pueblo. Mucho menos que supusiera el más mínimo perjuicio para nadie.

Habrá que esperar a que se pronuncie el Tribunal Supremo. Si el poder del funcionario comisionado para ejecutar las decisiones de quienes han sido democráticamente elegidos para tomarlas se utiliza, con el aval de esta sentencia, para vetar de facto proyectos de gobierno, entramos en una peligrosa deriva en la que sólo una fortaleza moral inquebrantable de esos funcionarios garantizará que los programas electorales se conviertan en realidad si estos no se compadecen con la ideología o los intereses personales de ese funcionario.

En esta tesitura, algunas decisiones se tornan arriesgadas para los que tienen el mandato popular para decidir. Una parte del desarrollo local y urbanístico de Torrejón de Ardoz vino por una decisión que ha beneficiado a cientos de ciudadanos y ciudadanas. Y por ello, y por una “cuestión de orden” -que no es otra cosa lo que se condena- una gran política de ideales progresistas y comprometida con el desarrollo de la sociedad ha sido condenada a ocho años de inhabilitación.

Es donde se la juegan los grandes políticos. Poniendo en riesgo, como la sentencia de este caso evidencia, su propia integridad política. Ninguna sentencia (ni siquiera la denuncia) ha podido acreditar una intencionalidad que no sea haber hecho lo que se consideraba mejor para Torrejón de Ardoz. Ni ánimo defraudador, ni oscurantismo, ni beneficios personales... Ni siquiera un negativo impacto medioambiental. Como ha dejado claro el secretario general del PSM, Tomás Gómez, “en este caso no ha habido corrupción ni un solo asunto de un solo euro”. Que algunos se hayan lanzado rápidamente a hablar de corrupción desde las mismas tribunas que tratan que quitar hierro a la trama Gürtel es una grotesca ironía de quienes han hecho de la prescripción de delitos la bandera de su presunta honestidad. Que otros quieran aprovechar la coyuntura para “enseñar la patita” no es más que oportunismo interesado. Son, por decirlo de alguna forma, maneras de “interpretar la Justicia”.