sábado, 23 de septiembre de 2017

CATALUÑA: SEPAMOS HACERLO

Editorial publicado en El Obrero.

El referéndum vinculante que Junts pel Sí prometió a los catalanes no se va a celebrar el próximo 1 de octubre. 

El propio Govern ha pedido este viernes a la Sindicatura Electoral de Cataluña, creada por el Parlament para ejercer de junta electoral para el referéndum, que se disuelva y ceda sus funciones a entes públicos, académicos e internacionales observadores del 1-O, sin especificar. Su supone que dichos "entes" habrían de suplir a los designados por el Parlament. No hay gobierno ni autoridad en el mundo que reconozca un referéndum cuya organización y supervisión resida en los observadores. Estos están para velar, cuando procede, por la limpieza de a quienes se pretende que sustituyan en sus tareas. Un delirio a todas luces alegal y de cuestionable encaje democrático.

A pesar de que las denominadas leyes de desconexión decían no reconocer al Tribunal Constitucional capacidad para anular una decisión tomada por el Parlament, lo cierto es que ayer abdicaron ante la autoridad del máximo intérprete de la Constitución Española. Los síndicos presentaron su renuncia ante el TC. El referéndum del 1 de octubre está ya, de facto, desactivado.

Pero, por algún extraño motivo, el President Pugdemont, su aliado y guía Oriol Junqueras y la presidenta Forcadell, han decidido no trasmitir a los catalanes esta realidad. Sin colegios electorales asignados a un censo inexistente, sin papeletas oficiales, sin urnas y sin organismo que vise, certifique y proclame el resultado, pase lo que pase el 1 de Octubre, no será un referéndum vinculante. 

La Generalitat y el Parlament ya no dispondrán siquiera de "apariencia de legalidad", y sería ridícula la proclamación de una república independiente con esos mimbres.

Es una irresponsabilidad del Govern aferrarse a las ilusiones de un pueblo que solo pueden acabar en frustración. Como lo es seguir alimentando el temor de quienes sufren, dentro y fuera de Cataluña, la alta tensión institucional y popular que el procés provoca.

Es momento de que las autoridad catalanas digan la verdad. No habrá independencia en 2017. Mantener el desafío sólo lleva a una escalada de medidas legislativas, judiciales y de orden público que, aún dentro de los estrictos margen de la ley, es cierto que soliviantan a los que están a favor y en contra del derecho a decidir.

Ello no obsta que en Cataluña hay una realidad social que no puede seguir siendo ignorada. Del mismo modo que la actual mayoría parlamentaria en la fortaleza de la Ciudadela está obligada a asumir que esta vez tampoco habrá independencia, el Gobierno y Las Cortes Generales lo están a que hay millones de españoles que están pidiendo a gritos una revisión del modelo territorial de nuestro país, y, sobre todo, del encaje de Cataluña en el Estado español. 

La Comisión propuesta por el PSOE, aprobada esta semana por la Junta de Portavoces del Congreso, debe ser un ágora de escucha sincera, entendimiento y decisión responsable. No debe poner límite alguno a los temas a tratar, ni siquiera una reforma de la Carta Magna que contemple el referéndum. Todos los partidos están obligados a acudir a la cita dispuestos a dar una respuesta a la ciudadanía. Sin estrategias de corte electoral y sin caer en la vanidosa tentación de buscar la gloria del salvador. 

Ni Cataluña ni España resisten alargar esta agonía en un callejón sin salida para unos y otros. Sepamos hacerlo.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Primarias PSM. De 'familias', debates y segunda vuelta


¿Habrá segunda vuelta en las primarias de los socialistas madrileños? 

Es la gran incógnita de los previos al 13 Congreso Ordinario del PSOE-M. Los pactos que se siguen tejiendo entre bambalinas e indiscretos grupos de WhatsApp, aventuran ya puestos de salida en las próximas listas electorales -que no serán pocas-, y ponen alegremente nombre y apellidos a parlamentarios, concejales y toda una corte de asesores (que la oposición tiene sus limitaciones) con sueldo público. La obra de ampliación de la mesa camilla, para favorecer el feliz reencuentro de todos los próceres aúlicos del socialismo madrileño que han prometido su propio 30 % de votos a José Manuel Franco, que de eso va la cosa, pasará a la historia de la carpintería. 

Las familias de ayer -de hoy y de siempre- se han conjurado tras proclamarse al alimón apóstoles del nuevo PSOE de Pedro Sánchez. No creen que haya vida institucional y orgánica propia para el PSOE de Madrid, y temen quedarse fuera del cariño federal. El armisticio madrileño tras el dramático 39 Congreso, está forjado por dizque tan poderosos patriarcas, que si sumaran todos los 30 % que cada uno ellos presume atesorar ("mis militantes hacen lo que yo les diga") el equipo de Franco ganaría las primarias con un 290 % de la militancia, que habrá consumido interminables colas para votar en una única y clarificadora primera vuelta.



A ello parece responder la negativa de José Manuel Franco, avalada por la dirección de Sara Hernández (el más reciente 30 % atraído por el candidato del aparato federal), a celebrar debates que respondan realmente al objetivo de los mismos. Microcoferencias encorsetadas de minutaje limitado sobre modelo de partido, sanidad y promesas no hacen un debate. Es un engaño llamarlas así. Un debate que se precie tiene que ser abierto, de asistencia libre para las bases, en un aforo que permita acoger al mayor número de militantes y medios de comunicación. La sede de Ferraz dispone de ese espacio y estoy seguro de que la dirección federal no pondrá objeciones. 

En un debate de 2017, además, se debe permitir confrontar ideas, permitir a los candidatos interpelarse y cuestionarse. Permitir  a los asistentes, militancia y prensa, lanzar pregunta a los candidatos para poder valorar sus respuestas, su defensa del proyecto socialista y su capacidad de liderazgo. Hay que verlos bregarse fuera del despacho.

Empero, el único formato que, de momento, ha aceptado José Manuel Franco, exige que el debate se realice en la minúscula sede de la calle Buen Suceso, limitando el acceso a una treintena de militantes (diez "seleccionados" por cada candidatura), con seguimiento vía plasma en sala contigua, y sin interacción entre los contendientes. Se da por seguro que Franco no aceptará, tampoco, el ya tradicional debate de primarias de Ser Madrid.

Y es que... con tanto 30 %, ¿merece la pena arriesgar una segunda vuelta?

miércoles, 20 de septiembre de 2017

No se entiende

Publicado en Irispress Magazine.


El PSOE se equivocó ayer al facilitar el rechazo del Congreso a la PNL-trampa de Ciudadanos. Albert Rivera marcó otro gol por la escuadra de los socialistas mientras Pablo Iglesias mantenía distraído al portero. Fue el propio Pedro Sánchez quien ordenó frenar la iniciativa de Ciudadanos y obligó a modificar el acuerdo del Grupo Parlamentario Socialista, que se debatía entre apoyar la iniciativa y la abstención.

Los diputados del PSOE sabían del carácter de encerrona del texto que los naranjas sometían a votación de La Cámara, pero habían optado por no impedir su aprobación. Dando un voto positivo o absteniéndose. Pero evitando que en el Congreso se impusiera el voto mayoritario de quienes no están defendiendo con claridad el cumplimiento de la Ley de Leyes del Estado.

Al fin y al cabo, eso es lo que pedía y no logró ayer Ciudadanos. Expresar el apoyo del Legislativo al Gobierno, al Tribunal Constitucional, al Ministerio Fiscal y al resto del Poder Judicial y de las autoridades públicas, "en la defensa de la legalidad democrática en Cataluña" y, en particular, "en todas aquellas medidas que sean necesarias y adoptadas de manera proporcional para impedir la organización del referéndum de secesión de Cataluña". También perseguía manifestar el respaldo a "todos los funcionarios del Estado", instar al Ejecutivo a que impida el uso de recursos públicos para la preparación y ejecución de la consulta del 1-O y reconocer a los ciudadanos catalanes que, "al margen de las ideologías, respetan la ley".

Pero la orden de Pedro Sánchez fue no apoyar ni abstenerse ante la Proposición No de Ley, como inicialmente había previsto el Grupo Parlamentario. Para poder justificar el rechazo del PSOE, Margarita Robles ordenó registrar una enmienda con tres puntos de fácil absorción por el resto de los grupos que rechazan el referéndum ilegal en Cataluña -PP, Coalición Canaria, Ciudadanos-, y una extemporánea e innecesaria petición que, a todas luces, sería rechazada por los de Albert Rivera, y a la que se agarró el PSOE para no apoyar la PNL.

A saber, modificar el texto para que en vez de responsabilizar en exclusiva al Govern de la convocatoria del 1O, estableciera  que el referédum emana de una orden expresa del Parlament, con mención explícita a la Ley 19/2017 suspendida por Tribunal Constitucional el 7 de septiembre. También incluir un llamamiento explícito a las autoridades catalanas para que regresen a la legalidad. La enmienda socialista pedía además que el Congreso expresara su "apoyo y amparo a los alcaldes y alcaldesas que defienden con firmeza la defensa de la legalidad constitucional". 

Tres sensatas aportaciones que mejoraban el texto original de Ciudadanos, que, con toda seguridad hubieran sido asumidas por el resto de grupos que la apoyaron, y que demuestran el valor añadido del liderazgo socialista de la Oposición.

La ruptura buscada vino de la mano de la última exigencia incluida en la enmienda ordenada por Pedro Sánchez. Que el texto instara a los "representantes de la pluralidad y la diversidad de la sociedad catalana" (sic), a buscar "una salida pactada y legal" que permita "desterrar la división y reforzar la convivencia de todas las sensibilidades de nuestro país". No hace falta ser un lince político para prever que Ciudadanos, promotor de la PNL, rechazaría de plano esa propuesta, pues está en su discurso que no hay nada que dialogar con quien no cumple las leyes. La falta de acuerdo estaba servida, y en ella sustentó el PSOE la orden de dejar caer la iniciativa parlamentaria.

Ayer mismo la Junta de Portavoces había aprobado llevar al Pleno del Congreso la constitución de la mesa de diálogo de Pedro Sánchez. La piedra angular de su política frente al desafío secesionista, recibió el apoyo de todos los grupos menos ERC y Ciudadanos. A efectos prácticos, la comisión sobre el modelo territorial de Sánchez verá la luz en breve con el apoyo de más de 300 diputados. Era innecesario quebrar la ciertamente oportunista PNL de los de Albert Rivera para exigir algo que, en términos parlamentarios, ya se había conseguido.
En su estrategia de acercamiento a los votantes de Podemos, la dirección federal del PSOE ha optado por no salir en una misma foto con PP y Ciudadanos si no posa en ella Pablo Iglesias. Argumentado que no se puede excluir a los morados del bloque constitucionalista en un momento de crisis institucional como la que se vive en nuestro país. La realidad es que es el propio Pablo Iglesias, que disputa -dentro y fuera del Congreso- el liderazgo de la Oposición al PSOE, el que rechaza unirse a los piden frenar la peligrosa deriva de las instituciones catalanas que promueven leyes fuera de la Constitución,  y violentan la convivencia entre ciudadanos.

Con la abstención, el PSOE no habría aparecido cercano al Gobierno, como tanto teme Pedro Sánchez. Pero al menos hubiese evitado que el Congreso de los Diputados rechazara, por primera vez, una iniciativa que, en resumen, lo que pide es una expresión de apoyo de Las Cortes Generales al cumplimiento de la legalidad.

No se entiende.



PD.- Es cierto que causa estupor ver a los cuerpos de seguridad del Estado entrar en organismos públicos y sedes de partidos políticos, pero más lo causa verlos salir con evidencias ciertas de la comisión de graves delitos. En situaciones así, la rotundidad del apoyo sin fisuras de un partido como el PSOE a la actuación de jueces, fiscales y policías, no debería estar en cuestión. 


lunes, 18 de septiembre de 2017

Por qué apoyo a Juan Lobato

Publicado en IrisPress Magazine.

En el momento que Pedro Sánchez decidió fulminar a Tomás Gómez y dinamitar la democracia interna de la que hoy se proclama único paladín, se cumplió la autoprofecía que el propio Gómez lanzó cuando algunos secretarios generales de las federaciones socialistas se conjuraron para frenar el paso al diputado vasco Eduardo Madina. "Te voy a apoyar, pero sé que me vas a matar en cuanto puedas", se cuenta que espetó el cesado ex secretario general. Así se recoge en dos libros de obligada lectura para entender el freno que impide a la izquierda gobernar en este país. Al fondo a la izquierda, del maestro de periodistas Jesús Maraña, y sobre todo, El PSOE en el laberinto, de la redactora de Antena 3, Ainara Guezuraga, un documentado relato sobre Sánchez que leen con deleite sus detractores y que detestan sus acólitos. 

Todos supimos entonces que Pedro Sánchez y César Luena mentían cuando expresaban los motivos que les llevaron a tomar la decisión de cesar a la dirección salida del 12 Congreso Regional, y al candidato elegido en un proceso de las hoy sacrosantas primarias. Gómez no estaba incurso en ninguna investigación; era rotundamente falso que estuviera a punto de ser imputado por ningún delito. Respecto de las expectativas electorales, la otra excusa, el propio Pedro Sánchez reunió en las urnas incluso menos apoyos que los que los sondeos otorgaban al PSOE de Madrid para las autonómicas de 2015. Nunca sabremos si Gómez hubiese obtenido más o menos sufragios que Sánchez. Sánchez impidió que pudiera saberse.

Personalmente, opino que Tomás Gómez es un político como pocos que haya conocido: es honesto, es de izquierdas y defendió un discurso propio para Madrid. También es cierto que como líder del PSM no pudo evitar una nueva mayoría del peor y más corrupto PP, el de Esperanza Aguirre. No logró que el PSOE fuera el partido de referencia para los madrileños, y no puso fin a las sempiternas luchas intestinas del socialismo capitalino, protagonizadas desde hace décadas por las seculares familias heredadas de la vieja FSM. A pesar de todas sus promesas, que siempre creí sinceras, fue incapaz de imponerse a la mesa camilla, cuyos habituales comensales estuvieron para recibirlo con los brazos abiertos, y tenían previsto un cerrajero de guardia para despedirlo.

También sabíamos que el verdadero y único objetivo de Sánchez era despojar al PSOE madrileño de identidad propia, recuperando el carácter de distrito federal, con el que se ha venido ahogando a la federación socialista para que no reconozca más liderazgo que el emanando en la calle Ferraz. Al punto de promover con éxito hasta el cambio de nombre del Partido Socialista de Madrid a un lacónico y franquiciado PSOE-M. La defenestración de Tomás Gómez abrió una herida que permanece sin suturar. 

Ese el motivo por el que no pocos militantes del PSOE de Madrid hemos visto en la candidatura de Eusebio González, auspiciada por el propio Gómez, un intento de volver al 11 de febrero de 2015 y buscar justicia y reparación. Algo que, es cierto, se ha negado a Gómez y su equipo. No hay más que echar un vistazo a los muros y time lines de los más aguerridos tomasistas de ayer, jaboneros de hoy, para ver que, por más mensajes que lance su candidato, el espíritu que les posee se remite a aquella fatídica fecha. Desde los más profundos aprecio, admiración y respeto que siento por Gómez y González, no es lo que quiero para el PSOE de Madrid.

Por su parte, José Manuel Franco es un discreto diputado, casi desconocido para los votantes madrileños, que lleva sentado en la Asamblea de Madrid desde su IV Legislatura. Llegó de la mano de Joaquín Leguina, permaneció con Simancas, con Gómez, y otra vez con Simancas y Ángel Gabilondo. Aunque no es tan célebre como otros de sus insignes guardianes, Franco es un destacado miembro de la mesa camilla, en la que ocupa asiento preferente desde sus primeros tiempos, y desde la que ha participado activamente en todos sus banquetes

Franco representa el perfil bajo que Pedro Sánchez quiere mantener para el socialismo de Madrid. Buena prueba de ello fue su ausencia en el debate celebrado el pasado sábado en la Agrupación Centro de la capital. Franco fue sustituido por Francisco Linde, "Pancho", un hombre del círculo personal más cercano a Pedro Sánchez desde que ambos dirigieron las Juventudes Socialistas de Tetuán. Tal fue el empeño de Pancho en exaltar a su amigo de juventud y renacido secretario general del PSOE, que prácticamente  olvidó que hablaba en nombre de José Manuel Franco para unas primarias a las que Sánchez no concurre.

De alguna forma, lo que la candidatura de Franco ofrece es paz por territorios. Un reparto de puestos en la ejecutiva regional y en las listas electorales pactado  en la mesa camilla, a cambio de deponer cualquier protagonismo que haga sombra a Pedro Sánchez en su "distrito federal". 


Un cambalache que pasa por mantener a Ángel Gabilondo como cartel electoral, un independiente que transciende las siglas del actual PSOE de Madrid. El problema es seguir ignorando que, sin romper el secular statu quo de la mesa camillaparece que, a tenor del último sondeo conocido para Madrid, el respetado y venerado catedrático de Metafísica, no alcanzaría ni de lejos el resultado de 2015. El habitual estudio publicado por El País con motivo del Día de la Comunidad, desvelaba que si se celebraran elecciones, el PSOE quedaría como última fuerza política, por detrás de PP, Podemos y Ciudadanos. Lejos de poder liderar una mayoría alternativa a la de Cristina Cifuentes -que perdería hasta 12 escaños- con los morados de Pablo Iglesias sin que Albert Rivera la bendiga. A todas luces, la ausencia de una identidad propia para el socialismo madrileño sigue siendo el gran lastre del PSOE para ofrecer a Madrid una alternativa al Partido Popular. Y un impedimento para que los madrileños sepan del excelente trabajo que Gabilondo hace cada día por todos ellos.

Sondeo de Metroscopia publicado por El País con motivo del Día de la Comunidad de Madrid

Ante tal desazonador panorama, ha irrumpido en el proceso de primarias el joven alcalde de Soto del Real Juan Lobato. Acompañado de un nutrido grupo de militantes de base y –también- otros cargos públicos que apuestan por renovar, de verdad, el PSOE de Madrid. Lobato y su equipo concurren a estas primarias libres de cargas, sin rencores acumulados y sin tutelas. Sin que nadie de la mesa camilla los haya reivindicado como propios. Hasta ahí todo bien. No es nada realmente novedoso que surjan candidaturas ajenas a las familias. Que se lo pregunten al histórico Enrique del Olmo. 

Lo que sí lo es novedoso, y mucho, es la fuerza con la que Lobato ha entrado en la carrera por la secretaría general del PSOE de Madrid. Sin padrinos, ajeno al aparato, Lobato sorprendió el pasado domingo al registrar los avales necesarios para disputar, de tú a tú, el liderazgo del socialismo capitalino a los candidatos de Sánchez y Tomás Gómez, los que, como se esperaba, también han reunido los avales exigidos por la normativa del 13 Congreso.

Lobato se presenta con un sólido programa, muy completo y detallado en todas las áreas, que sin duda representa fielmente los valores que se suponen a las bases del nuevo PSOE surgido tras el 39 Congreso. Algo que no ha pasado desapercibido para los militantes que sueñan un PSOE que pueda y sepa liderar la izquierda madrileña.

Lobato ha propuesto un PSOE para Madrid. “De izquierdas, renovado, abierto, activo y comprometido con los madrileños"; con una solida implantación territorial. Un modelo de partido que ya ha liderado con éxito en la agrupación de Soto del Real, el municipio del que es el primer alcalde socialista en más de ochenta años, tras imponerse en las urnas al imbatible Partido Popular.

Lobato ha diagnosticado con inusitada certeza el porqué de la situación del PSOE de Madrid. "La unidad es un valor fundamental" dijo el sábado en el debate ante la militancia, "pero unidad no significa juntarnos el 3 % de los que somos cargos públicos y volvernos a repartir esos cargos. Eso no es unidad, ¡eso es pasteleo!", denunció con rotundidad en un discurso fresco y poco habitual entre los candidatos en estas contiendas. Directo a la raíz del problema: la mesa camilla. Lobato concurre a las primarias avalado por cientos de militantes socialistas y con el firme compromiso de acabar de una vez para siempre con la endogamia de las familias

Para ello, Lobato propone que las candidaturas electorales abiertas sean decididas por la militancia en listas abiertas, por voto individual y secreto. Una poderosa herramienta para recuperar las riendas del PSOE en las instituciones y acabar para siempre con la mesa camilla. Si las actas de concejal, los escaños y los puestos en consejos de administración dejan de ser moneda de cambio para dirigir el socialismo madrileño, las familias habrán perdido su propia razón de existir.

Lobato ha garantizado la unidad de acción con la dirección federal de Pedro Sánchez. "¡Por supuesto!", afirma. Nada en el programa del candidato aupado por las bases debería hacer temer al Secretario General que no vaya a ser así. Pero reclama para el PSOE de Madrid una identidad que se la ha venido negando reiteradamente a fuerza de componendas articuladas de espaldas a los militante y a los intereses de los ciudadanos.  Son los propios Estatutos Federales del PSOE los que establecen, como recuerda el joven diputado sotorrealeño, que “la posición política federal es la suma de las posiciones de cada federación". Y eso debe incluir también a la federación de Madrid, para la que Lobato reclama una posición política propia, protagonismo ante los madrileños. "Con seriedad, con responsabilidad y con lealtad. Pero en cumplimiento de los Estatutos y de las resoluciones del 39 Congreso".

En la página web del candidato, Lobato y su equipo desarrollan un detallado programa que fija con precisión las necesidades de Madrid y sus habitantes, así como medidas creíbles que responden a un minucioso trabajo de estudio y reflexión en todas las áreas que afectan al ciudadano. Desde la Educación (con un completo apartado sobre tasas universitarias), la Sanidad o la Dependencia, a políticas de Igualdad o Violencia de Género. Pasando por la protección de menores, políticas de vivienda y urbanismo responsable, participación ciudadana, o la necesaria implantación de medidas para que la Ley de Memoria Histórica sea una realidad también en Madrid.

Con estos mimbres, la militancia del PSOE de Madrid tiene en su mano decidir entre más de lo mismo, mesa camilla y guerra de familias, o la oportunidad de tomar las riendas del socialismo madrileño y apoyar a un candidato con fuerza, programa y equipo. 


Yo he decidido apoyar a Juan Lobato.

viernes, 15 de septiembre de 2017

La paradoja madrileña del "efecto Sánchez"

Publicado en IrisPress Magazine.

El 13 Congreso Ordinario del PSOE de Madrid será el primero tras el breve y convulso periodo extraordinario pilotado por la elegida del viejo Pedro Sánchez tras defenestrar a Tomás Gómez por el artículo 33, y manejar a su antojo las listas electorales de la capital en las dos últimas elecciones generales. 

Con el concurso de Sara Hernández, e ignorando sin disimulo a las bases del PSOE de Madrid, Sánchez encabezó dos elencos a los que los madrileños situaron en cuarto y tercer lugar, respectivamente. Y ello a pesar de haber sacrificado a destacados socialistas regionales para hacerse acompañar en su exitoso encuentro con las urnas por Meritxell Batet, dirigente del PSC, por la ex parlamentaria Irene Lozano, desde cuyo escaño de UPyD se profirieron los más graves insultos al PSOE, la mediática Zaida Cantera, que de su traumático paso por el Ejército español ha sabido hacer un currículo para la política, o la juez Margarita Robles, que a día de hoy sigue negándose a afiliarse para dejar de incumplir los Estatutos del Partido Socialista, que prohíben expresamente la portavocía del Grupo Parlamentario a un no militante. 

Las imposiciones de Sánchez, sancionadas con gusto por Sara Hernández, procuraron al PSOE de Madrid dos, tres, amargos, anatemáticos, sorpassos, al quedar tras el Podemos de Pablo Iglesias y los Ciudadanos de Albert Rivera en diciembre de 2015, y tras los morados en junio de 2016. Rendir el socialismo madrileño a las necesidades de la dirección federal nunca ha sido rentable para el PSOE-M. En el Partido Popular, sin embargo, declarados rivales de la dirección nacional, como Alberto Ruiz Gallardón o Esperanza Aguirre, han barrido durante dos décadas toda posibilidad del PSOE de gobernar Madrid. Una outsider como Manuela Carmena arrebató para Podemos el liderazgo de la izquierda capitalina en una sola convocatoria.

A pesar de los sucesivos batacazos electorales cosechados por el PSOE bajo su liderazgo, el dramático fin de su mandato dio pie a un dizque nuevo Pedro Sánchez, resucitado, que, envuelto en la bandera del "no es no" y autoproclamado "la voz de la militancia", vuelve a ser secretario general del PSOE. Y lo cierto es que su discurso, con independencia de la confianza que inspire a unos y otros (yo, personalmente, me cuento entre "los otros"), ha logrado inocular en las bases socialistas un brío que no se sentía desde la caída en desgracia del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Los afiliados al Partido Socialista parecen haber tomado conciencia de que, en el siglo XXI, liderar la izquierda, gobernar las instituciones, empieza a depender más de revitalizar las agrupaciones locales que de un atractivo cartel electoral.

Volviendo a Madrid, y a causa de los habituales primeros espadas en subirse a su barco, José Manuel Franco, el veterano diputado que Pedro Sánchez quiere ahora para Madrid, encarna para buena parte de la atónita militancia la candidatura de lo más granado del antiguo y fracasado PSM. Simacas y cepedas, y lo que te rondaré morena, pues las mayores "sorpresas" están por venir. Las están peinando. El mismo PSOE de Madrid de antes de la crisis del 1 de Octubre, endogámico, de férreas jerarquías, que mantiene secuestrada la voluntad de las bases del partido. La némesis teórica del movimiento que dio pie al sanchismo.

Los más aguerridos pedritas, susanistas y patxistas, protagonistas de la peor  y más sonrojante campaña que el PSOE haya ofrecido jamás a la opinión pública, convergen hoy en torno al candidato de Sánchez. Madrid tiene sus propios ritmos. El lema "el que se mueva no sale en la foto" sigue haciendo de la sólida e incombustible mesa camilla el muro que separa a las bases del socialismo madrileño de la ciudadanía y de las instituciones.

La explicación de esta aparente paradoja, la insólita comunión de los hasta ayer irreconciliables enemigos políticos, hay que buscarla en la aparición en escena del joven alcalde de Soto del Real, Juan Lobato. A sus 32 años, es también un activo diputado en la Asamblea de Madrid que ha defendido más de 200 iniciativas desde que fue elegido en 2015. Atesora una sólida formación académica, es funcionario de carrera del Ministerio de Hacienda, profesor universitario y, sobre todo, es uno de los pocos socialistas madrileños que preside un ayuntamiento tras encabezar una candidatura ganadora en las elecciones. Otros alcaldes que ostentan ese mérito, por cierto, forman parte de su equipo.


Lobato concurre a estas primarias con un sólido programa, muy completo y detallado en todas las áreas, que sin duda representa fielmente los nuevos valores que se suponen a la militancia del PSOE tras el 39 Congreso. El más destacado, sin lugar a dudas, la firme promesa de acabar de una vez para siempre con la mesa camilla, que todos dicen rechazar, pero a la que estos días se intuye más activa que nunca, con José Manuel Franco a cargo del avivar el brasero. Juan Lobato propone un rompedor modelo de listas abiertas en el que las bases socialistas realmente deciden, en el que ponen y quitan candidatos. Una poderosa herramienta para recuperar las riendas del PSOE en las instituciones. 


Lobato reclama el poder de la militancia como máxima expresión para determinar qué rumbo debe seguir el Partido Socialista. Huye del clásico sistema de componendas entre familias. Aparentemente, esto no es distintivo de su candidatura. La historia del socialismo, y con mayor virulencia desde el tamayazo de 2003 (máxima expresión de los peligros que encierra la histórica endogamia de la vieja FSM) está protagonizada por quienes vienen prometiendo lo mismo desde los años noventa del siglo pasado. Pero no han habido renovaciones desde entonces que se hayan salido de la mesa camilla. Listas abiertas con voto individual y secreto. A efectos prácticos, el único camino capaz de hacer frente a las familias, pues poner las listas en manos de la militancia eliminará de facto el carácter de "moneda de cambio" de concejalías, escaños y consejos de administración.

La rompedora propuesta, además, no viene sola. Gana valor al recordar que la entrada de Juan Lobato en el paseo de la fama del PSOE tuvo lugar durante los previos del 39 Congreso Federal. El joven alcalde y su equipo, sorprendieron gratamente a todos con el muy elaborado documento La España que queremos y el PSOE que necesitamosUn texto construido sobre cuatro pilares estratégicos (economía sostenible del conocimiento, fiscalidad justa y redistributiva, derechos y servicios públicos para el progreso y una democracia ágil y eficaz). Recibido con agrado por los principales medios de comunicación y analistas políticos de este país, que inmediatamente reclamaron la atención de los progresistas al documento de Lobato. Dentro del PSOE, el sanchismo hizo suyas muchas de las aportaciones para el modelo de partido. Entre ellas el sistema de primarias a dos vueltas. También los seguidores de Patxi López, al que Lobato apoyó en el 39 Congreso, y los de Susana Díaz, que reconocieron el enorme valor del texto para el PSOE que la sociedad española está demandando. El PSOE que necesitamos para la España que queremos.

Lobato y su equipo entienden, además, que devolver el poder a las bases socialistas, exige de estas cumplir los compromisos que se dan  por hecho las llevaron a militar en el PSOE. Para el Equipo Lobato, el partido es una herramienta de los trabajadores para toda la sociedad. Describe una militancia comprometida, dispuesta a sumar mayorías dentro y fuera del PSOE para responsabilizarse de lo público, lo de todos. Ser actores protagonistas de la Política. Lobato ya ha puesto en práctica, con éxito, estas cualidades. Concurre a las primarias como el único de los candidatos que ha ganado unas elecciones. Lobato pide para Madrid un PSOE en condiciones de liderar la izquierda y volver a ser, por sí mismo, una alternativa de gobierno. 

Juan Lobato, es imprescindible destacarlo, concurre a estas primarias sin venir contaminado por el reciente y cainita 39 Congreso. O el por el abrupto fin de la era Gomez. Hay heridas que tardarán años en cicatrizar; si alguna vez lo hacen. Lobato apoyó a Patxi López, pero es conocida su buena sintonía con Pedro Sánchez, pues sus proyectos no compiten. En puridad, el de Lobato es el único que, más allá de lugares comunes y dramáticas preguntas, responde a los valores y exigencias que la militancia socialista ha puesto de manifiesto en los últimos meses. Que todos los sondeos de opinión parecen recibir con simpatía, y que Sánchez reclama como propios. También es notorio el buen feeling que comparte con Susana Díaz. La presidenta andaluza no concurre a las primarias de Madrid, pero no ha faltado algún experto en la estrategia de "paz por territorios" que ya exhibido su nombre como aval para José Manuel Franco. Un error de bulto, el susanismo, per se, no está en la guerra de Madrid. Pero la convalecencia del 39 Congreso hará muy difícil que los susanistas apoyen a un candidato de Pedro Sánchez. Tampoco a los que esperan del 13 Congreso un ajuste de cuentas. Y mucho menos si la única beneficiada acaba siendo, una vez más, la sempiterna mesa camilla.

El multitudinario acto celebrado el domingo en un céntrico local de la capital, ha hecho saltar las alarmas en el establishment del PSOE de Madrid. De momento, este parece haber contenido el interés de los medios de comunicación por el joven candidato que está espoleando el socialismo madrileño y llenando cada día sus encuentros con la militancia. Los rumores de pactos y repartos a puerta cerrada, así como la ausencia de un verdadero y novedoso proyecto con respuestas para Madrid, que las preguntas las conocen todos,  están haciendo de Lobato "el candidato de la militancia". 

La paradoja del PSOE de Madrid. Año 2017.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Propuestas rompedoras: ejecutivas pequeñas y operativas frente a agencias de colocación de apoyos


Continuando con las propuestas que Juan Lobato, el joven alcalde de Soto del Real, y su equipo están elaborando en sus encuentros diarios con las bases del socialismo madrileño, hay una, muy concretada, que me parece merecedora de una mención propia. Especialmente en el contexto del que se ha venido en denominar #nuevoPSOE, resultante del catastrófico alejamiento y estigmatización de la democracia representativa, a cuenta de las dos severas derrotas electorales y la negativa del anterior Comité Federal del PSOE a seguir una ruta de Pedro Sánchez que hoy, a la vista del desaguisado constitucional en Cataluña, nadie discute que desembocaba en unas terceras y fatales elecciones.

El compromiso adquirido por el candidato Lobato ante la militancia socialista establece que "el 50% de los integrantes de la ejecutiva no podrá ostentar cargos orgánicos ni institucionales para garantizar su independencia y dedicación. La ejecutiva será pequeña y operativa, integrará a todas las posiciones del partido y no será una agencia de colocación de apoyos".

Para ser realmente operativa, una ejecutiva debe ser pequeña, como promete Lobato. Pequeña y ejecutiva. Centrada en las necesidades de la ciudadanía, y no infladas con extravagantes atribuciones para aparentar diversidad y poder vestirla de integración. La dirección ejecutiva del partido no puede ser "una agencia de colocación de apoyos". 

Extracto de documento Un nuevo modelo de partido del Equipo Lobato
Ya me explicarán los gurús del nuevo socialismo qué operatividad puede ofrecer una comisión Ejecutiva que reúne en el mismo puente de mando una Secretaría de Política Municipal, un Adjunto de Política Municipal, uno de Provincias, cabildos y consells, uno de Pequeños municipios y hasta uno de Economía de las ciudades. Un Secretario de Movimientos Sociales y una Secretaria de Movimientos Sociales y Diversidad. Y un secretario de Montaña. En mi opinión, ninguna.

El desencuentro del fatídico 1 de Octubre (el del PSOE, no el próximo), hirió de muerte la democracia representativa en un partido que se denomina socialista. Pergeñar ejecutivas numerosas soslayan el papel que el PSOE sigue otorgando a los comités, en los que reside la soberanía de las bases. Abultadas de forma incongruente y artificial, esas ejecutivas devienen auténticas cortes que se arrogan la falsa representatividad del todo, con el único fin de imponer un único discurso en un partido que ha ofrecido sus mejores dividendos gracias a la confrontación de ideas.

Los secretarios generales no rinden cuentas ante sus ejecutivas. Rinden cuentas por el trabajo de sus ejectuvas. Ante la militancia, en los puntuales procesos de consulta, y de forma más cotidiana, ante los comités, a los que los Estatutos Federales, y las resoluciones del 39, siguen otorgando la labor de gobierno del PSOE entre congresos. Regular el modelo de dirección que necesita el PSOE, como propone Juan Lobato, es muy oportuno, y evitará esas ejecutivas que, sobredimensionadas, parecen en sí mismas un comité. Establecer la diferencia entre dirección y gobierno, empero, no debería ser necesario en un partido con 140 años de historia.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Listas abiertas: el rompedor compromiso de Juan Lobato


En este compromiso del Equipo Lobato reside una de las principales claves para sacar al PSOE de Madrid del pozo de oposición en el que lleva atrapado siete de las diez legislaturas de la Asamblea regional. Y en tantos Ayuntamientos, incluida la capital. Un órdago a la grande equiparable al de Eduardo Madina cuando forzó la elección del secretario general en elecciones primarias, y sacudió las estructuras de un viejo PSOE que pide a gritos más meneos

Los socialistas madrileños asisten desde hace más de dos décadas a un sistema de elaboración de listas electorales tan oscuro, complejo y desconocido, que incluso algún parlamentario ha llegado a saber que sería candidato (o no) minutos antes de cerrarse el plazo; alguno sin siquiera haberse postulado. Una llamada desde la sede -0 desde el olimpo de la vieja FSM- para los elegidos... Un "directo de impacto" en Facebook con robles, lozanos o zaidas para los electores. 

Forges, siempre Forges
De algunos veteranos diputados y concejales, lo único que se viene sabiendo, elección tras elección, es que no está previsto que dejen de serlo. Se les conoce poca obra legislativa. Y si la tienen, el esfuerzo para que los votantes (la militancia, incluso) sepan de ella ha sido poco productivo. De otros, sobre todo si fijamos la atención en las últimas hornadas, su "fuerza" en las agrupaciones de las que son secretarios generales -o aúlicos históricos- tuvo más peso para integrar la lista deseada que su currículo personal, profesional, activista o político. 

Esta metodología goza del mérito de no haber aportado al PSOE de Madrid un presidente socialista en más de veinte años. O un alcalde o alcaldesa para la capital desde hace veintiocho. Pocos madrileños de a pie son hoy mismo capaces, admitámoslo, de citar espontáneamente a más de cuatro de los treinta y siete diputados socialistas de la Asamblea. Gabilondo, Antonelli, Segovia, el propio Lobato... y para de contar. De la implantación e influencia de algunas agrupaciones en sus propios distritos y municipios hablan con implacable claridad los resultados electorales.

La propuesta de Juan Lobato no va a gustar en las oxidadas estructuras del PSOE madrileño, pero incide directamente en esta situación. Sobre todo en un momento en el que arrecia la rumorología sobre armisticios entre familias ("sectores"que diría Cepeda) y las seculares integraciones de paz -pre y post congresuales- de las élites del socialismo capitalino. Se vuelve a proclamar la muerte definitiva de la mesa camilla, pero hace eco el tintineo de actas, escaños y comités como moneda de cambio de previsibles pactos y componendas. En el Ibex 35 del PSOE de Madrid, la militancia es la última en saber en qué se invierte su capital. 




Juan Lobato propone un rompedor modelo de listas abiertas en el que las bases socialistas realmente deciden, en el que ponen y quitan candidatos. Una poderosa herramienta para recuperar las riendas del PSOE en las instituciones. Listas abiertas con voto individual y secreto. La militancia del PSOE ha dado muestra de qué poderosa arma suponen las urnas. Si reconquista el poder de designar a las y los mejores, el centenario partido de los trabajadores habrá dado uno de los muchos pasos de gigante que tanto lleva necesitando para recuperar la confianza de sus votantes. 

Bien por Lobato y su valiente equipo.

martes, 12 de septiembre de 2017

[se] Sostiene Cepeda

El titular de Europa Press concitó ayer, vía Twitteruna fuerte conmoción en la fuerza del socialismo madrileño. Logró que "¿eh?" fuera lo más escrito en los numerosísimos grupos de dirigentes y bases socialistas que, juntos, revueltos y/o separados, ocupan el espacio del socialismo en tierra, Twitter y WhatsApp. 

Más en serio, el sorprendente titular responde a una modesta nota de prensa que, en su propio nombre, hizo llegar este lunes a los medios de comunicación el diputado de la Asamblea de Madrid José Cepeda.  Cepeda, perejil de todas las salsas que han aderezado el PSOE regional en las dos última décadas, sosías de provincias de Rafael Simancas, anunció ayer al mundo mundial que el "sector" que [él  mismo] "lidera" (sic) dará su apoyo a José Manuel Franco, candidato de Pedro Sánchez en las inminentes primarias del PSOE de Madrid.  

Titular y entradilla de la nota de prensa remitida por José Cepeda a los medios de comunicación


Hasta ahí todo bien. Solo que la nota de prensa no resiste las principales cuestiones sagradas del periodismo. Es decir, quién(es), cuándo, dónde y, sobre todo, por qué se reunieron esos "numerosos dirigentes" cuyas identidades no se revelan, siquiera para fortalecer la información, o ampliar el valor añadido del apoyo mostrado por "el coordinador de los senadores socialistas de Madrid" al siempre oficialista y veterano diputado Franco. Aún así, la nota ha sido fusilada por los más importantes medios, El País, La Vanguardia o la Cadena Ser. Y, aun sin llegar a la cándida rotundidad de Europa Press, todos vienen a inferir que el apoyo de Cepeda a Franco es una suerte de espaldarazo del "susanismo madrileño" al candidato de Pedro Sánchez. 


Primer párrafo de la nota de Cepeda a los medios

Es el propio Cepeda quien se describe a sí mismo como "el hombre que aglutinó a buena parte de susanismo en Madrid". Una tarjeta de visita que en otras manos ha hecho tambalear gobiernos, ayuntamientos y federaciones socialistas desde el 21 de mayo hasta la fecha, pero con la que un auténtico superviviente como nuestro protagonista es capaz de pedir hoy, pas de rougeur, el voto de los militantes que votaron a Susana Díaz para el candidato de Pedro Sánchez.

En términos aritméticos, unidos los militantes que apoyamos a la presidenta andaluza el 21 de mayo, podemos inclinar la balanza a favor de cualquiera de los candidatos que concurren a estas primarias. El de Pedro Sánchez, Jose Manuel Francoel de Tomás Gómez, Eusebio Gonzálezo el joven alcalde y parlamentario Juan Lobato. Objetivamente, este último es el único que, a día de hoy, concurre con un proyecto específico, abierto pero muy detallado,  y con un solvente equipo para el PSOE de Madrid. Un proyecto sin cargas, sin deudas, y sin deudos en la mochila del candidato. Y también el único que atesora haber ganado unas elecciones al Partido Popular y una acreditada capacidad de liderazgo. Cualidades que comparte con destacados miembros de su candidatura

Con todos mis respetos a los compañeros Del Olmo y Lucas, ambos saben que ninguno de los dos tiene opciones de disputar la casi segura segunda vuelta en estas primarias (tan temida por el sanchismo). Será la que decidirá qué valores prevalecerán en la militancia del PSOE de Madrid. Los dispuestos a hacer de Madrid un distrito federal para el #nuevoPSOE de Pedro Sánchez, los que tienen rencores sin resolver, o los que entienden que los madrileños necesitan ya, un modelo de partido ganador, equiparable al que los socialistas gestionan con éxito y en labores de gobierno en Valencia, Aragón, Extremadura, Castilla - La Mancha... Andalucía. Propio y centrado en Madrid. Un militante, un voto.

Cepeda, al que nadie niega cierto ascendente canónico en algunas importantes agrupaciones (Latina, Chinchón, Villalba...), se arroga un liderazgo que nadie le ha ungido. El "susanismo", per se, no tiene pastores tras el proceso federal. En puridad, el susanismo lo conformamos todos los que en las primarias federales avalamos y votamos a Susana Díaz en un proceso, entre tres, que ya ganó Pedro Sánchez el 21 de mayo.

Las primarias de Madrid son de otro libro. En mi humilde parecer de actor y observador, muchos, "buena parte", de los que como Cepeda fuimos actores de la campaña de Susana Díaz en Madrid, hemos decidido apoyar candidaturas alternativas a la de José Manuel Franco. No lo sabemos por ladinas notas de prensa. Lo que pensamos, lo que vamos a hacer unos y otros, nos lo decimos, de igual a igual, dirigentes y militantes, cada día, en las redes sociales; de forma pública y privada. Cepeda debería saberlo, se le supone uno de los grandes expertos en comunicación 2.0 del PSOE. Un gurú.

Susana Díaz no juega en esta liga. No es de recibo que Cepeda exhiba su nombre en una contienda que no es la suya. El susanismo no tiene un candidato para Madrid. Los susanistas madrileños, entre los que me incluyo, no queremos trasladar las miserias del fratricida 39 Congreso al proceso regional. Es tiempo para el 13 Congreso del PSOE de Madrid.

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PD.- En un próximo post comentaré mi impresión sobre el resto de la nota de Cepeda, con especial detenimiento en el tan apasionado como contradictorio alegato del "líder" de todo un "sector" cargando contra  "los que hablan de mesas camilla y de familias". Admito que no me va a resultar fácil la diferencia entre familia y sector. Se hará lo que se pueda. Por Lampedusa.

Seguiremos "agitando" reflexiones.