sábado, 27 de mayo de 2017

De congresillos, censura retroactiva y el "nuevo PSOE"

E
Susana Díaz, Patxi López y Pedro Sánchez Castejón
l entorno de Pedro Sánchez, al que no hemos escuchado de su propia boca una palabra todavía, ha hecho saber a los españoles que su primer y principal objetivo es que el 39 Congreso del PSOE firme una moción  de censura in return al Comité Federal del 1 de Octubre. Que desautorice a la anterior dirección socialista. Que establezca como premisa, antes de abordar ningún otro reto, que estuvo mal lo que le hicieron. Que esas cosas no se hacen. No a él, erigido de arcilla de las bases. Que, en realidad, Pedro Sánchez salvó al PSOE de Pedro Sánchez. Que cualquier otro PSOE, el de Zapatero, el de Rubalcaba, el de Madina o el del Pérez Tapias, no hubiera evitado el sorpasso como hizo él.

Además, Pedro Sánchez pretende introducir una enmienda a los Estatutos del PSOE que establece, textualmente, que "las dimisiones que puedan producirse de miembros de la Comisión Ejecutiva Federal no llevarán, en ningún caso, al cese de los demás componentes de dicha Comisión, ni a la convocatoria automática de un Congreso Federal". Una cláusula de autoridad indiscutida e indiscutible, que podría llevar al PSOE, Marx no lo quiera, a estar dirigido por un Secretario General sin Comisión Ejecutiva. Un despropósito.

Llegados a este extremo, el nuevo PSOE que proclama Sánchez anuncia que el 39 Congreso, destinado a diseñar la España del futuro, tendrá como principal reclamo un ajuste de cuentas. He venido relatando en todos los artículos que he escrito desde que fue obvio que Pedro Sánchez volvería a dar la batalla por el liderazgo del PSOE, mi temor a que el secretario general electo -y sus seguidores- acometieran el congreso socialista como una segunda vuelta del Comité Federal del 1 de Octubre. Los hechos vienen a darme la razón.

Nunca un congreso socialista ha mirado al pasado. Son concilios sobre el futuro.

Es, en mi opinión, una mediocre tarjeta de presentación que, no estoy en condiciones de discutirlo, satisfará a los miles de militantes que el pasado domingo acudieron en masa a apuntalar ese cometido. Pero no lo hará, desde luego, a un electorado que lo único que está esperando del PSOE es una ruta para el inquietante futuro que nos espera a todos.



LA PARADOJA DE LA REBELIÓN DE LAS BASES

M
uchos congresillos socialistas se están celebrando en ausencia de esa mayoría que en algún momento del 21 de mayo, entre las diez de la mañana y las ocho de la noche, acudió a depositar justicia en las urnas de las agrupaciones del PSOE.        

Los congresillos forman parte de la vida orgánica de la militancia, a la que se supone, en su totalidad, comprometida con la causa socialista. Con ser partícipes activos en el diseño del modelo de Sociedad y de Estado que debe propugnar el PSOE en cada momento histórico. Los partidos son máquinas ciudadanas dispuestas a tomar el poder y liderar el país sostenidas por la fuerza de las urnas.

Tomando como referencia la mía propia, la histórica, castiza y siempre vibrante Agrupación Socialista de Chamberí (heredera de aquella que dio al PSOE el primer representante elegido por las urnas en las Instituciones: D. Pablo Iglesias Posse[i]), se observa que la aguerrida militancia, la rebelión de las bases, no dudó movilizarse en algún momento del domingo 21 de mayo para devolver a Pedro Sánchez el liderazgo del PSOE. Otorgándole, esta vez sí, un resultado histórico.

Pero, sorprendentemente, el mismo militante rebelde también ha rechazado participar -mayoritariamente y solo tres días después- en la asamblea del congresillo. El estilete que labra la “voz de la militancia” en el fonógrafo socialista que el nuevo PSOE promete escuchar con atención. Los congresillos son una parte esencial de la ardua tarea -el compromiso común- que los afiliados y afiliadas desarrollan en las Casas del Pueblo. La militancia conlleva, también para los rebeldes, la responsabilidad de ser parte activa en tediosas asambleas (¿no es asamblearismo lo que propugnan?) que, en primera o segunda convocatoria, se saben cuándo empiezan, pero nunca cuándo acaban. De los 158 que en algún momento del domingo 21 de mayo apuntalaron en Chamberí a Pedro Sánchez en la secretaría general del PSOE, 103 declinaron apoyarle en el congresillo.

Choca la escasa -al límite de la vergüenza- participación en esas asambleas, llamadas esta semana a designar a los compañeros y las compañeras que deberán hablar en nombre de todos ante la nueva dirección del partido. Que llevarán la visión  consensuada de los documentos y las ideas para el proyecto común que los militantes decimos querer construir juntos. Da que pensar y no ofrece conclusiones esperanzadoras.



Así, en Chamberí, se da la paradoja de que hasta un 76 % del censo acudió a votar el domingo 21. Pero la implicación en el proceso congresual bajó 36 puntos, quedándose en un mísero 40 %, en el congresillo del miércoles 24. Es decir, y he aquí la paradoja, el grueso de los que se movilizaron para que las decisiones del PSOE no queden en manos de los de siempre, dejaron en manos de los de siempre el mandato de Chamberí al 39 Congreso. En consecuencia, los que apoyaron a Pedro Sánchez enfrentan su argumentario en minoría, al colocar desde solo cinco delegados que defiendan las tesis del ganador de las primarias, frente a los doce que hablarán y votarán en nombre de quienes apostaron por el modelo de partido y estrategia política defendidos por Susana Díaz.

Las primarias las ganó un candidato que se reclama como el único que va a escuchar “la voz de las bases”. Pero tras su victoria, las bases que le han aupado han declinado hablar. Voz conquistada y desatendida. ¿El nuevo PSOE?



PODEMOS ENMIENDA EL 39 CONGRESO

Y en medio, Podemos. El partido de los inscritos. El intruso que agita el debate del Partido Socialista desde las elecciones Europeas de 2014 hasta el decisivo momento actual.

Pablo Iglesias ha vuelto a lanzar este viernes una OPA hostil al PSOE, al que ha comunicado -con la otra solemnidad que caracteriza a los profesores de la formación morada- que si no incluye  en la Ponencia del 39 Congreso el derecho a la autodeterminación de Cataluña, los socialistas ya pueden despedirse de protagonizar y rentabilizar junto a Podemos el cada vez más cercano derrocamiento del Gobierno popular.

En las últimas horas, Iglesias y su equipo han pergeñado con habilidad una ratonera para los socialistas. Podemos ha concitado el de los partidos soberanistas catalanes a su Moción de Censura, al incluir el referéndum ilegal en la propuesta de Gobierno que defenderá ante el Pleno del Congreso como candidato a Presidente del Gobierno. Si el PNV, acorralado entre su histórica familiaridad con los nacionalistas catalanes y el acuerdo presupuestario alcanzado con el Gobierno, decide abstenerse, el 13 de junio, como el 30 de octubre, España dependerá de los votos del PSOE para cuestionar la continuidad del PP en La Moncloa. 


Pero el PSOE, y Pedro Sánchez lo sabe, no puede apoyar ese programa sin dinamitar el concepto de España que ha unido a los socialistas durante 138 años. Todos los mensajes conciliadores, la asunción de la derrota y el compromiso de "remar juntos” se desvanecerían de nuevo ante dos formas bien distintas de ver y afrontar la realidad nacional y política de nuestro país.

Iglesias exhibe ante Sánchez la evidencia que este quiere llevar al Plenario del 39 Congreso: la prueba del nueve de que fue posible evitar un Gobierno del PP. Y, al mismo tiempo, alerta a los delegados que participan en el proceso congresual y tendrán capacidad decisoria. El sibilino Iglesias busca tensionar el Congreso Federal del PSOE.

Volviendo al comienzo de este artículo, Pedro Sánchez ha logrado alzarse como indiscutible ganador de las primarias, y ahora reclama volver al instante anterior al fatídico 1 de octubre de 2016. Como argumento, reivindica que en una situación política como la que se dio entonces, hay que escuchar a la militancia socialista, y evitar que se vuelva a errar.




P
ues bien, exactamente una situación política como la vivida tras las elecciones del 26 de junio, es lo que Pablo Iglesias ha puesto sobre la recuperada mesa de Pedro Sánchez. Si alejar al PP del Gobierno era entonces “una urgencia ineludible para la izquierda”, como hábilmente martillean los líderes de Podemos, no hay avance posible para España mientras los charranes de la calle Génova posean la tinta que imprime el Boletín Oficial de Estado. Ni excusa que ahora sí valga para retrasar su expropiación.

El de hoy, como el del 1 de octubre del año pasado, es un Parlamento con capacidad numérica de agrupar voluntades y discutir de tú a tú  que el Partido Popular siga al frente del Gobierno. Como entonces, hay una ruta alternativa a haber permitido la Investidura de Rajoy con la abstención socialista: la Moción de Censura presentada por Podemos. También hay una fecha para hacerlo: 13 de junio, tres días antes de que arranque el 39 Congreso. El retorno al 30 de octubre que demanda Pedro Sánchez hecho realidad.

El líder electo del PSOE está más que legitimado -dado el abrumador resultado obtenido en las primarias del domingo- para exigir de la Gestora, antes del 13 del junio, una consulta a la militancia. Su propia prueba del nueve para poner en valor la “palabra dada”, y someter a las bases la decisión de reprobar o no, ahora, al Presidente  Rajoy. 

O, por el contrario, Sánchez puede optar por la filosofía que inspiró el Comité Federal posterior a la defenestración del 1 de Octubre, e imponer al Grupo Parlamentario el no o la abstención a la Moción de Censura oportunamente impulsada por Podemos. Sin "la mayoría absoluta de los miembros del Congreso del Congreso" que exige el artículo 177.5 del Reglamento del Congreso de los Diputados, Rajoy seguirá siendo Presidente hasta que se agote la Legislatura. O hasta que él mismo decida disolver Las Cortes. Pero el voto del PSOE es determinante para que el Congreso censure, aunque no cese, al Gobierno. Si no apoya la Censura, y no puede hacerlo, esta habrá devenido -en la práctica- exitosa moción de confianza  para un Mariano Rajoy empoderado por 170 diputados que aprueban su gestión y apoyan su continuidad, contra (dando por hecho que Pedro Sánchez opte por la abstención) los 90 que intentaron menoscabar su legitimidad al frente del Gobierno, entre los que no estuvieron los socialistas. Como en octubre de 2016, y visto desde el otro lado de la barrera de San Jerónimo, donde se ubican los electores, si el 13 de junio Mariano Rajoy no es reprobado, al menos, por el voto mayoritario de la Cámara Baja a la Censura, será -otra vez- una decisión del PSOE.



Hace ocho meses, esa fue la mecha que prendió la épica rebelión de las bases. No hace falta que el 39 Congreso escriba en su Ponencia otra lectura de la Historia. Se puede  reescribir una y otra vez. Lo llaman posverdad. Pero lleva al mismo FIN. Rajoy y el PP anclados en La Moncloa, gracias, y si la militancia no lo impide, a los diputados socialistas.

Los electores, mientras… ¿seguirán esperando al PSOE?

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PD: Me alarma el discurso, por su ausencia, de los perdedores. Acusa síntomas de impostado entreguismo pacificador y el loable propósito de “remar junto a Pedro”. El 39 Congreso que arrancó el 21 de mayo, transcurre ya en las Casas del Pueblo. Lo haga un 76 o un 40 por ciento de ella, una vez designado el capitán Sánchez, la militancia socialista decide estos días, de abajo a arriba, hacia dónde debe poner proa el PSOE. Y si quiere arribar a bordo de un galeón en el que cada hombre y mujer es esencial para la navegación por sus conocimientos y/o habilidades, o si abdica hacerlo en galera, a ritmo de tambor sometido a referéndums intimidatorios que se resuelven con voto individual, libre y secreto. En domingo. De diez a ocho.


OTROSÍ DIGO: Es perturbador que en el congresillo de Chamberí del pasado miércoles miércoles no haya sido posible consensuar la lista única que se llegó a proponer, con un reparto de delegados que parecía satisfacer a todas las partes. El veto que la candidatura denominada Chamberí con Pedro Sánchez quiso imponer al concejal Antonio Miguel Carmona, lo impidió. Un inaceptable e inconcebible chantaje impropio del PSOE, que hace temer un modelo de partido bajo la dirección de una ejecutiva “con detector de metales”, como “bromea”, según nos contaba este viernes Casimiro García Abadillo en El Independiente, “una de las personas que, casi con toda seguridad, estará en la nueva dirección del partido”. Fracasado el intento de acuerdo, Chamberí con Pedro Sánchez salió de la asamblea con 5 delegados para el congresillo regional. La lista Chamberí, por la unidad y la cohesión, conformada por quienes apostaron por Patxi López -terceros en las primarias del pasado domingo-, aportará 6 delegados. Socialistas por Chamberí, encabezada por Antonio Miguel Carmona, acudirá al Hotel Auditorium de Madrid con 12 delegados, y liderando la histórica agrupación madrileña.


[i] Concejal por el distrito de Chamberí en 1906, y primer diputado socialista en el Congreso de los Diputados en 1910.


martes, 23 de mayo de 2017

Primera prueba de fuego para Pedro Sánchez: ¿Sí es sí o no es no?

Publicado en IrisPress Magazine


Pedro Sánchez, Secretario General electo del PSOE
La decisión de Ana Pastor (es decir, de Mariano Rajoy al alimón con Pablo Iglesias) de situar el debate y votación de la Moción de Censura encabezada por Pablo Iglesias y el batiburrillo de siglas que conforman Podemos el 13 de junio, es decir, tres días antes de que comience el 39 Congreso Federal del PSOE, es un torpedo nada disimulado a la línea de flotación del programa con el que Pedro Sánchez se ha hecho, de nuevo, con la Secretaría General del Partido.

Acabar con la Presidencia de Mariano Rajoy cuanto antes es el objetivo que Pedro Sánchez ha prometido a las enfurecidas bases que hicieron del no es no la nueva bandera del socialismo español. Escuchar a la militancia socialista y someter a referéndum las grandes decisiones del PSOE es, en suma, la gran baza con la que ha recuperado la silla que perdió en octubre del pasado año.

El problema de Sánchez es que reclamar de la Gestora una consulta de urgencia a las bases, trae aparejado el riesgo de que la militancia del PSOE, en coherencia con su voto al resucitado líder socialista, exprese un apoyo explícito a echar a Rajoy de La Moncloa. Ergo, votar sí a la Moción de Censura. Si Pedro Sánchez decide por su cuenta y riesgo, sin consultar a las bases, habrá faltado -sin haberse celebrado aún el 39 Congreso- a su principal promesa: someter a la militancia socialista las grandes decisiones de Estado. De igual forma, habrá incumplido su propio planteamiento sobre la necesidad de converger en alianza con Podemos para aprovechar cualquier resquicio que permita apartar al corrupto Partido Popular del Gobierno.

XII Legislatura 
Si apoya la moción, y el PNV se pone de lado con una oportuna ausencia de sus diputados durante la votación en el Pleno del Congreso (no sería la primera vez), Sánchez habrá cumplido. Pero también habrá investido a Pablo Iglesias Presidente del Gobierno a solo tres días de recuperar su despacho en la planta noble de Ferraz 70.


Si no apoya la Moción de Censura y los votos del PSOE (no o abstención ¿les suena?) salvan a Mariano Rajoy, Pedro Sánchez se habrá auto infligido una enmienda a la totalidad a su propio discurso. Se habrá situado donde estuvieron los diputados socialistas hoy condenados por la abstención. Toda su campaña para la reconquista se habrá basado en una mentira.

En el caso de que el PNV, como previsiblemente cabe deducir, sea quien impida el acceso de Pablo Iglesias a La Moncloa -a pesar de haber contado con el apoyo del PSOE- Pedro habrá cumplido su promesa a las bases, pero el líder morado habrá usurpado al PSOE el liderazgo de la Oposición ante la opinión pública sin que el PSOE haya siquiera levantado el telón de su Congreso Federal.

Con los Presupuestos Generales aprobados por la Cámara, el nuevo escenario parlamentario y el desafío soberanista en hora punta ("golpe de Estado" en Cataluña, según el Gobierno), la respuesta es la convocatoria de elecciones en pleno verano. Es el regreso de la troika fantasma que atenaza a la izquierda: la mayoría absoluta de la derecha, el sorpasso y más resultados históricos. Todo ello en los primeros 100 cien días del nuevo PSOE de Pedro Sánchez. El día de la marmota. La pinza PP-Podemos habrá situado al PSOE,  otra vez, en el 1 de Octubre de 2016. Se pondrán a prueba "la coherencia" y "la palabra dada".

La única esperanza de Sánchez ante el endiablado escenario que Rajoy e Iglesias han diseñado para la víspera del 39 Congreso, pasa por que sea la Gestora, aún al puente de mando del PSOE, quien impida a la militancia pronunciarse sobre el voto socialista en la Carrera de San Jerónimo. Pero desde Ferraz ya han hecho saber al Secretario General electo que debe ser él quien marque el ritmo del PSOE. Pedro Sánchez no puede eludir un pronunciamiento claro y acorde con el discurso que ha venido defendiendo.

El liderazgo no se ejerce, se gana. ¿No es no, o sí es sí? Es la hora de Pedro Sánchez.

sábado, 20 de mayo de 2017

El Comité Federal de la vergüenza

Capítulo extraído del libro El PSOE en su laberinto
de la periodista Ainara Guezuraga

Así pues, la regla de la utilización de la fuerza es la siguiente: si
tus fuerzas son diez veces superiores a las del adversario,
rodéalo; si son cinco veces superiores, atácalo; si son dos veces
superiores, divídelo.
Sun Tzu, El arte de la guerra
El PSOE en su laberinto, Ainara Guezuraga
Temas de Hoy, Planeta, 2017
Son las ocho y diez de la mañana, es sábado y hay poco movimiento en la calle Ferraz. Por el garaje del número 70 entra deprisa un coche gris de la marca Citroën, En el asiento trasero va la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, una de las más madrugadoras. Aún faltan dos horas para que comience el Comité Federal.
El PSOE no ha solicitado a la Delegación del Gobierno un cordón policial en la entrada, lo que permite que los primeros manifestantes comiencen a concentrarse en la puerta.
 El Comité Federal lo componen menos de trescientos dirigentes de toda España. Algunos de ellos están oyendo por la radio que ya hay protestas. Entre los primeros que llegan a pie están el diputado vasco Eduardo Madina y el ex presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda. Pasan como pueden, entre gritos de:
-         ¡Fascistas! ¡Iros a Génova! ¡Golpistas!
Son los mismos insultos que escuchan todos los que no comulgan con Pedro Sánchez. A continuación, llega el presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, que atiende, entre el ruido de los que vociferan, a los periodistas que ya están apostados allí:
-         Me decía esta mañana un señor, en el sitio donde he desayunado, que seamos conscientes de lo importante que es el PSOE para este país y que no lo olvidemos nunca. Espero que esta mañana tampoco.

Los presidentes autonómicos del PSOE, los primeros espadas, son los más conocidos y, por tanto, los que más sufren a los que increpan. El de Aragón, Javier Lambán, llega a la puerta entre más insultos:
-         ¡Casta! ¡Traidores! ¡No es no!
Él responde tranquilo a las preguntas de la prensa:
- Señor Lambán, ¿el PSOE se va a recuperar?
- Sí, claro.
- Anoche dijo Pedro Sánchez que, si hoy se vota a favor de la abstención en la investidura de Rajoy, él dimite.
-Hoy no se vota eso.
Solo la balear Francina Armengol apoya a Sánchez y entra sin dirigirse a los medios de comunicación.
Mientras unos sufren los improperios y tienen que ser protegidos por la seguridad del partido, otros llegan entre aplausos, como el líder de los socialistas catalanes, Mique1 Iceta, afín a Sánchez.
-         Votaré sí a lo que proponga la Ejecutiva.
Los manifestantes están bien organizados, hay unos en concreto que hacen de «guías» y señalan al resto quiénes son los pedristas:
- ¿Este que viene de quién es? -preguntan cuando desconocen dónde situar a los dirigentes que llegan.
- El que viene es de los nuestros, a este no les digáis nada, no le abucheéis.
Patxi López, que aún respalda al secretario general, aunque no comparte su hoja de ruta, llama a dialogar ya estar serenos. El vasco parafrasea a Susana Díaz con un «hace falta "unir y coser"».
Cuando, alrededor de las nueve de la mañana, llega Pedro Sánchez, hay empujones para grabar la imagen de su coche oficial girando a la derecha para entrar en el garaje de la sede. Son solo unos segundos y, a pesar de que cuesta verlo a través del cristal, los periodistas que están en primera fila resaltan que su gesto es compungido.
Cada vez hay más barullo en la calle Ferraz y la policía decide que es el momento, por seguridad, de cortar el tráfico.
El equipo de Comunicación del PSOE ha convocado la noche anterior a los medios gráficos para que, corno siempre, puedan grabar unos planos al inicio de la reunión. Pero el gabinete de prensa acaba de cambiar de opinión e informa de que hoy no se va a permitir el acceso a los cámaras ni a los redactores. Desde fuera, los periodistas tampoco consiguen intuir lo que está pasando dentro porque de madrugada alguien de Ferraz ha puesto unas pegatinas en las puertas de cristal, de arriba abajo. El PSOE se blinda, o lo intenta. Hay un resquicio que las televisiones aprovechan: desde los pisos de un edificio de una calle contigua, las cámaras logran grabar a los socialistas en la terraza de la sede nacional, donde algunos salen a fumar y otros simplemente a charlar.
Desde esa ubicación llegan las primeras imágenes. La sorpresa es que quien está ahí es Susana Díaz con Miquel Iceta, hablando, sentados en los taburetes altos de ese espacio al aire libre.
Maritcha Ruiz Mateos se encuentra en ese momento de pie en su despacho. Está siguiendo atentamente los programas especiales que están retransmitiendo algunas cadenas. Pierde los nervios cuando ve que en el programa Al Rojo Vivo el presentador, Antonio García Ferreras, anuncia esos primeros planos en exclusiva. La directora de Comunicación no tiene el control sobre esas grabaciones yeso la exaspera. Los trabajadores que se encuentran en la oficina de prensa la oyen que llega a decir que hay que cortar la emisión de La Sexta, una idea del todo descabellada y que da cuenta del estado de ansiedad en el que vive desde hace días.
Cuando faltan pocos minutos para las diez, la hora prevista de inicio del Comité Federal, la sala Ramón Rubial, la más grande de la sede y donde siempre se celebra esta reunión, está a rebosar -hoy hay más miembros que nunca-o Se nota que los «dos bandos» han llamado a rebato por si hay que votar.
De momento, todos están tranquilos. La mayoría sigue de pie formando corrillos y se les ve serios. Nadie sabe a esta hora cómo va a terminar el día.
Pedro hace su entrada a las diez y media. Los que no han dimitido de la Ejecutiva van tomando asiento -están situados en una tarima elevada frente al resto-. Como quedan menos de la mitad de sus miembros, han retirado una de las bancadas para que no se visualicen esos asientos vacíos.
Sánchez y Luena comentan algo al oído; se tapan la boca con la mano para que nadie pueda leer sus labios. Fuera, en la calle, sigue el ruido incesante: son decenas de manifestantes y se va sumando más gente. En las redes sociales reconocen entre ellos a un habitual de Podemos y a un ex alcalde del PP de un pueblo de la provincia de Cuenca. El dato sirve a los críticos para afianzar la idea de que muchos de los que están fuera no son militantes del PSOE.
Dentro de la sala están ya todos salvo los tres miembros de la Mesa del Comité Federal, indispensables para que la reunión arranque. César Luena comunica a los presentes que esta no se ha constituido y anuncia un receso de entre treinta y cuarenta minutos. Lo primero que ponen en duda los prosánchez es que la sevillana Verónica Pérez, afín a Susana Díaz, deba presidir la reunión.
Buena parte de los asistentes se reparte por todos los rincones de la sede, suben a la cafetería, al hall, a la terraza. Pedro Sánchez se va a su despacho, a la cuarta planta.
Susana, que, como comenta con ironía otro dirigente socialista, «hace una media de cien mil llamadas al día», telefoneó el día anterior a la mayoría de los miembros del Comité Federal para medir sus fuerzas. La andaluza aprovecha este momento para hablar, por un lado, con Antonio Hernando y, por otro, con Patxi López. Le pide a Hernando que intente hacer entrar en razón a Pedro y a López, que negocie un acuerdo con el asturiano Javier Fernández.
Pero no es posible el entendimiento. Pedro Sánchez no cede y los críticos tampoco. Las posturas siguen enfrentadas. Se empieza a especular con la posibilidad de que entre las personas de la máxima confianza de Pedro «hay fisuras», que algunos son ahora partidarios de pactar con «el otro bando» una gestora.
-Son intoxicaciones -contesta a la prensa una persona que sigue leal a
Sánchez.
Entre los que podrían haber cambiado de bando están Óscar López, que lo niega, y también Antonio Hernando.
En la calle se reactiva el griterío cada vez que sale algún dirigente socialista, lejos de calmarse los ánimos entre los manifestantes con el paso de las horas. La prensa se organiza como puede en estas condiciones, sin un lugar de trabajo donde siquiera poder cargar los móviles o los ordenadores. Un redactor de un programa de humor se ha provisto de un casco y un chaleco antibalas para ir a juego con la situación.
Los de la inmobiliaria de la misma acera de la sede, en Ferraz, 72, justo al lado, están cocinando una enorme paella para dar de comer a las decenas de periodistas en una especie de campaña de publicidad improvisada.
Ya ha pasado el mediodía y todavía, oficialmente, no ha empezado el Comité Federal. Dentro no se ponen de acuerdo en nada. Sánchez exige una votación secreta para hacer primarias y un Congreso exprés. Los críticos sospechan que, como no quiere que se vote, está enfangando.
A la una menos cuarto empieza por fin el Comité Federal. La Mesa se ha constituido, y sus tres miembros -ahora sí- están en sus puestos. Pero cuando no han pasado ni cinco minutos, se anuncia un segundo receso.
-Estamos hechos trizas -confiesa uno de los socialistas.
En la terraza, Eduardo Madina conversa con Josep Borrell. El político catalán hace años que no acude a una reunión de este tipo y hoy ha ido solo para dar su apoyo a Pedro Sánchez. En un rincón charla buena parte de la delegación vasca y en otro está el presidente de la Comunidad Valenciana con algunos dirigentes de su federación.
Cuando se reanuda la reunión, Sánchez retorna la palabra para hacer una oferta:
-La propuesta es que, pese a que diecisiete compañeros y compañeras dimitieron esta semana, yo estoy dispuesto, desde este lunes, a que sean readmitidos, a que este Comité Federal no se celebre o termine ahora.
Para los que han dejado sus cargos este ofrecimiento es una ofensa:
-Pero ¿quién se cree este tipo? Hemos dimitido voluntariamente, no nos ha echado. ¿Cómo se le ocurre decir que nos readmite? Ni hablar. Es nuestra dignidad.
La mayor parte de los dimisionarios se encuentran cerca, en una cafetería de un hotel. Están siguiendo el Comité Federal minuto a minuto, atentos; son sus compañeros que están dentro los que les van contando cada novedad. La reunión también se la están radiando en directo, vía mensajes de móvil, a los ex secretarios generales del PSOE, Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba.
La oferta del secretario general «en funciones» reafirma a los no partidarios de Sánchez en su teoría: si se vota, se va a evidenciar que el cuestionado líder se ha quedado en minoría, y eso es lo que quiere evitar.
-Lo que está haciendo es una táctica muy vieja de las asambleas: no quiere que se vote porque sabe que lo tiene perdido -señala un veterano del partido miembro del Comité Federal.
El presidente de Aragón, Lambán, pierde la paciencia y, a puerta cerrada, le dice a Sánchez:
-Tú ya no eres el secretario general del PSOE.
Hay ciento cincuenta peticiones de palabra, todo un récord, y la Mesa del Comité Federal también debe ordenar ese debate. De los tres miembros que la componen, dos son prosánchez, la catalana Nuria Marín, «una convidada de piedra», y Rodolfo Ares. El curtido político vasco, aunque no la preside, trata de imponer esa mayoría.
Uno de los asistentes se ha fijado en que, durante toda la mañana, Sánchez y Luena han estado intercambiando gestos con Ares. El veterano busca en ellos la aprobación o la llamada a boicotear la propuesta de la Mesa, Cuando la señal que le mandan «sus jefes» es de desaprobación, el vasco se levanta y se va. La reunión se detiene.
La presidenta de la Mesa, Verónica Pérez, que tiene pocas tablas, se defiende como puede. Intenta dirigir el cónclave y plantea la posibilidad de que se vote a mano alzada si se quiere una votación secreta o no. Esto provoca gritos a favor y en contra, pero ella sigue hablando hasta que, de pronto, el pedrista Rodolfo Ares le quita el micrófono por la fuerza y dice que él habla en nombre de la mayoría de la Mesa y que hay que votar lo que propone Sánchez, un congreso extraordinario.
Ares ha tomado los mandos en este momento e impide que Susana Díaz hable. Le dice que espere a que le dé la palabra.
La líder de los socialistas andaluces pide calma:
-Yo solo apelo un minuto a que penséis en el espectáculo internacional que estamos dando. Y todos hoy, y yo me incluyo, no estamos a la altura del partido. Tenemos dos opciones: votar ya y acabar con esto, y otra, suspender el Comité y convocar la Comisión de Ética y Garantías para que informe.
Empieza el tercer receso. Son las cuatro de la tarde y Pedro regresa a su despacho. Susana le vuelve a decir a Hernando que intente hablar con él: 

-Antonio, sube otra vez a hablar con Sánchez, te lo pido por favor, que no podemos seguir así, que razone ese hombre.
-Pero si ya se l0 he dicho veinte veces, Susana, más no l0 puedo intentar.
No hay nada que hacer.
En la calle también aumenta la tensión. Hay gritos y se producen los primeros enfrentamientos físicos. Los manifestantes se encaran con el jefe de seguridad del PSOE y con el socialista aragonés Simón Casas, que acaban de salir. Ahora sí, los agentes montan un cordón policial en la puerta.
La mayoría vuelve al interior de la sede y Pepe Blanco interviene para pedir diálogo y evitar que acaben en los tribunales.
Poco antes de las seis de la tarde, los afines a Pedro Sánchez empiezan a levantarse y parece que están saliendo por un lateral de la sala, por la parte de atrás. Al menos eso es lo que creen los críticos:
-¡Que se van! ¡Se retiran! -es la primera impresión de los detractores. 

No tardan en salir de su error. A la derecha de la sala se forma una fila y uno de los partidarios de Susana se acerca curioso. Su sorpresa es enorme cuando descubre que allí detrás hay unas urnas escondidas:
-¡Que están votando! ¡Que tienen las urnas ahí! -alerta este crítico, incrédulo, al resto de los que no apoyan a Sánchez.
Pedro Sánchez ha ordenado esta operación, que tiene como colaborador necesario a Rodolfo Ares.
El Comité Federal revienta:
-¡Sinvergüenzas! ¡Que no tenéis vergüenza! ¡Cobardes! -gritan los críticos a los que esperan para depositar su voto.
La sala se llena de abucheas y muchos se echan las manos a la cabeza; lo que se está viviendo ahí dentro es una «situación dantesca».
-El que quiera votar, ahí detrás están las urnas -anuncia Pedro Sánchez, desafiante, levantándose y dirigiéndose hacia la cola.
Hay «barra libre» para votar. Nadie controla las urnas, no están verificadas, y tampoco lo está el censo. Los críticos denuncian un pucherazo y algunos pierden los nervios, entre ellos Susana Díaz, que empieza a llorar.
-¡Que vamos a romper el partido!
Su secretario de Organización, el andaluz Juan Cornejo, no para de dar vueltas por la sala.
En otra esquina está el asturiano Javier Fernández, también con lágrimas en los ojos.
-¡Os estáis cargando el PSOE!
Algunos se asustan cuando ven a este veterano, referente para muchos, en ese estado de desesperación.
-¡Por favor, que ese hombre está operado dos veces del corazón y lleva dos stents! ¡Que vamos que tener que llamar a una ambulancia! -alerta un compañero de la federación asturiana.
La situación es esperpéntica y hay quien teme que el PSOE salga de ahí con una escisión.
El manchego Barreda tiene al lado a Borrell, que observa la situación con la misma perplejidad que la mayoría:
-Pepe, ¿tú esto lo apruebas?
El ex ministro toma la palabra:
-Vamos a ver, compañeros, que se vote, pero no así, que se haga con las urnas a la vista y que haya interventores controlándolo.
Uno de los asistentes escucha cómo, a continuación, Borrell se acerca a Sánchez:
-¡Así no, Pedro, así no!
El presidente de Castilla-La Mancha, García-Page, «desaforado», le reprocha a Patxi López lo que están haciendo, y este, que no ha ido a votar, le contesta:
-Emiliano, tranquilízate. ¿No ves dónde estoy? ¿No ves que estoy aquí y no allí?
-Si te veo en esa fila, pierdes todo mi respeto -le dice el manchego al vasco.
Pedro Sánchez sigue en la cola, observando, mientras otros califican la situación como «dramática». Varios de los suyos, desconcertados, se acercan a él:
-¿Qué cojones es esto, Pedro? -le pregunta un destacado dirigente.
-Pedro, para esto, esto no es el PSOE, para esto ya -es el comentario de otra de las asistentes afín al líder.
La presidenta de Baleares está a punto de llorar:
-¿Esto qué es? -comenta en alto.
Pero Pedro ni se inmuta y los suyos interpretan que es porque ahí, en la fila, contra la pared, se está dando cuenta de la «barbaridad» que ha hecho: solo hay veinte personas con él y ni sus partidarios le están respaldando en esta aventura.
-Se queda noqueado, en shock -dice una persona de su entorno.
José Antonio Pérez Tapias, de la corriente Izquierda Socialista, que apoya a Sánchez, aunque en el pasado compitió con él en las primarias, se marcha, abandona el Comité Federal, y en la calle atiende a la prensa:
-Se empezó una votación secreta de una manera un tanto anómala, no se había acordado un procedimiento claro y ahora mismo también se está hablando de una moción de censura por parte del otro sector. El partido está roto en este momento.
-Señor Tapias, ¿sigue siendo Pedro Sánchez secretario general?
-Ni él mismo lo sabe.
Sánchez sigue como si nada. Sus detractores no conciben esta frialdad tras l0 que califican como un «pucherazo bochornoso»:
-Como para pensar que se ha tomado algo. Le están haciendo una moción
de censura y el tipo como si nada. Ni un gesto, ni un pestañeo.
-Una frialdad verdaderamente impresionante, con el ademán impasible, es como una pescadilla congelada. Estamos en medio de un aquelarre emocional, el Comité Federal se desangra y a Pedro no se le mueve ni un músculo.
Susana Díaz coge de nuevo el micrófono y en una intervención «emotiva» hace una nueva oferta:
-Que se vote lo que sea y como sea, lo que ellos quieran, pero que sea una votación limpia y democrática.
Aquí es cuando algunos presentes recuerdan esa historia del Libro de los Reyes:
-Es como las madres en el Juicio de Salomón --es la comparación que hace un ex presidente autonómico para incidir en la distinta relación con el partido que tienen Susana Díaz y Pedro Sánchez
García-Page se enfada por la propuesta que acaba de lanzar su aliada, pues piensa que precisamente ahora es cuando «hay que mantener la cabeza fría»:

-No hemos aguantado aquí todo el día para que ahora se vote lo que sea. De eso nada.
Es un andaluz, el líder del PSOE de Jaén, Paco Reyes, quien abandera la rebelión desde la tarima:
-Todos los que queráis firmar la moción de censura pasad por aquí.
El atril del Comité Federal, desde donde normalmente se dan los discursos, se convierte en el lugar improvisado para tal misión.
Los críticos necesitan reunir el 20  de las firmas de los asistentes acreditados, pero buscan la «cifra mágica» de ciento cuarenta, más de la mitad de los miembros, para dejar clara su mayoría. No es fácil llegar al objetivo que se han marcado porque, a pesar de que son las seis y media de la tarde, muchos están comiendo fuera. Llevan más de ocho horas de Comité Federal.
Minutos antes de las siete, el extremeño Fernández Vara entrega las firmas a Rodolfo Ares, al que los críticos señalan como artífice del «pucherazo».
-La Mesa no las reconoce -responde el político vasco, que se ha erigido en portavoz y no da las firmas por válidas.
Pero, en la calle, Pedro Sánchez ya ha perdido. El punto de inflexión se produce cuando llegan las fotos con las «urnas clandestinas» a los medios de comunicación. Toda España puede ver ahora «el chiringuito» de Pedro Sánchez: tras unas cortinas rojas están las mesas blancas con las urnas, apilados los sobres y las papeletas del «sí» y el «no», sin ningún control.
Los de Sánchez comprenden que ha llegado el final:
-Esto no da más de sí, se acabó -dice uno de los más próximos al líder.
Antonio Hernando le comenta a Susana Díaz y a los que están a su alrededor:
-Dadme diez minutos, que ahora sí le convenzo.
Se forma un corrillo con Pedro y sus más firmes colaboradores -Óscar López, Patxi López, César Luena- y de esa reunión informal sale la propuesta que será el primer acuerdo del día, a las siete y media de la tarde: votar Congreso sí o no (lo que quieren los pedristas) y a mano alzada (como quieren los susanistas). El pacto incluye que Pedro Sánchez, si pierde, dimite.
-         Prefiere irse habiendo sido derrotado en una votación que revocado en una moción de censura -es el análisis de uno de los asistentes sobre lo que está ocurriendo.
Uno de los partidarios de Sánchez le reprocha que hayan llegado a esta situación:
-         Es de manual de primero de EGB no convocar un Comité Federal si lo
vas a perder.
A las ocho de la tarde comienza la votación. Han pasado diez horas desde el inicio del Comité Federal. La presidenta les va llamando uno a uno por sunombre y apellido. Tardan ocho minutos en completar el abecedario: 

- Compañeros, el resultado es ciento treinta y dos votos en contra, ciento
siete a favor.
El partido está dividido, aunque las fuerzas están claras: el lado susanista «suma» también a los diecisiete que han dimitido.
Pedro Sánchez se ha quedado en minoría, ha perdido y toma la palabra:
-         …Que para mí ha sido un orgullo y quiero anunciaros mi dimisión desde el día de hoy como secretario general del PSOE.
Abandona la sala por el pasillo central. Solo algunos le aplauden. Cruza su mirada con Antonio Remando, que está sentado justo detrás de Susana Díaz. Unos giran la cabeza a su paso hasta verle salir, otros la bajan, y la mayoría mira al frente. Uno de los dirigentes con mayor autoridad que lleva todo el día allí concluye:
-         Ha salido muy bien para lo que se pretendía, que saliéramos a hostia limpia y a puñetazos.
En la rueda de prensa que Sánchez da a continuación añade otro mensaje que más adelante cobrará mucho sentido:
-La Comisión Gestora que surja en las próximas horas del debate que legítimamente están teniendo en el Comité Federal contará con mi apoyo leal.
A las nueve y cuarto de la noche sale en coche por el garaje. Traspasa esa puerta como un militante de base más; doce horas antes había entrado como secretario general.
Finaliza así el mandato del quinto secretario general del PSOE desde la Transición. Deja atrás un PSOE desgastado, en caída libre, y, lo que es aún peor, cargado de odios internos.
(...) 
Sánchez aún tiene ganas de hablar por teléfono con el presidente de Cantabria. Miguel Ángel Revilla, del Partido Regionalista de Cantabria, está invitado en el programa La Sexta Noche. Cuando no han pasado ni tres horas desde la dimisión, a las once y media de la noche, Revilla «suelta la primicia»:
-         Pedro Sánchez me ha dicho esta noche que se va a presentar a las primarias.