jueves, 19 de enero de 2017

Esto con César Luena no pasaba


miércoles, 18 de enero de 2017

Hola desde la base

Me gustaría pedir a los aspirantes a candidatos que, iniciado de facto el proceso congresual del PSOE, os abstengáis de hablar en mi nombre y, en general, en el nombre de mis compañeros y mis compañeras.

Ninguno de vosotros, ni de los que puedan venir en el futuro, sois representantes de la militancia. Sois militancia y os postuláis a ello. Al día siguiente de las elecciones primarias, el ganador de las mismas hablará en nombre del partido, que son sus bases y sus estructuras. Y tras el congreso, el nuevo Comité Federal, será, como corresponde, el órgano de gobierno representativo de la militancia. La voz de las bases.

Espero que seáis conscientes de que cada vez que os arrogáis el derecho a hablar en nombre de todos, no solo pervertís el sistema democrático, sino que estimuláis la división y el enfrentamiento. Aparte del lamentable espectáculo que ello genera a nuestro alrededor, desvirtuáis un proceso de selección de nuestras mejores ideas y nuestros mejores activos -que es lo único que los ciudadanos esperan de nuestra organización-, y lo convertís en una degradante suerte de duelo de gladiadores cargado de violencia y rencor, con sabor a ajuste de cuentas, y resultado incierto para los perdedores.

Esperamos más de vosotros. Ideas, proyectos y compromisos. Para con nosotros, y sobre todo y principal, con nuestros conciudadanos.

Os deseo a todos una gran campaña, y que gane el mejor (o la mejor).


Gracias por vuestra atención.

Sánchez uno, López cero

Publicado en Iris Press Magazine


A Patxi López se le ha atragantado, desde el minuto uno, la estrategia de presentar su candidatura ante la militancia socialista proclamándose, en rueda de prensa, depositario de los valores del No es no de Pedro Sánchez.

Quien venga atendiendo la más que conocida óptica del sanchismo, sabe que este rechaza por igual a los que defendieron abiertamente la abstención como a los que se manifestaron por el no es no y también se abstuvieron. La seña de identidad del sanchismo, a estas alturas, es la rebeldía. Y esta exige actitudes más valientes. Más osadas. De hecho, tienen importantes referentes al respecto, como Odón Elorza y los otros diputados díscolos, que de momento, parecen seguir junto a Sánchez. También el otrora adversario en las primarias de 2014, y hoy unos de sus valedores más importantes, José Antonio Pérez Tapias, cuyo nivel y prestigio ante las bases, como en el caso de Elorza, están fuera de toda discusión, más allá de las divergencias.

Patxi López ha errado al saltar al ruedo reclamando como propios los valores del sanchismo, y poco menos que exigiendo de este movimiento que reside entre la militancia socialista un harakiri político que permita el inmediato advenimiento del patxismo. No ha tenido el valor de presentarse abiertamente como el candidato que frenará a Susana Díaz, la auténtica bestia negra de los de Pedro Sánchez. Pero sí para pedirle a este, sotto voce y por vía interpuesta, que se aparte. Como tarjeta de presentación, es desafortunada y poco elegante.

López ha renunciado a poner en valor su propio currículo socialista para presentarse ante la militancia como una opción ganadora. Al contrario, ha optado por lo aritmético antes que por lo político y ha dado carta de naturaleza al discurso del sanchismo, que divide al PSOE en dos bandos, los del no es no y los de la abstención. Socialistas verdaderos y traidores al servicio de la oligarquía. Es de principiantes no haber previsto que la respuesta lógica de los seguidores del ex secretario general sería preguntar a Patxi López por qué, si esa es su posición como candidato, no ha preferido sumar su fuerza a la de sus otros líderes –sí, Patxi, el sanchismo ya tiene más líderes- para llevar a Pedro Sánchez de nuevo a despacho principal de Ferraz 70. Con esta estrategia, Patxi López ha situado el debate congresual exactamente donde mejor convenía al sanchismo.

Para más inri, los miembros más destacados de la hasta ayer mismo -falsa- guardia pretoriana de Pedro Sánchez, no tardaron siquiera unas horas -minutos en algunos casos-  en lograr que los medios de comunicación los presentaran, a golpe de impactantes titulares, como el equipo de Patxi. A ello responde la agresiva, poco sutil y servil catarata de peticiones, más o menos expresas, de dirigentes como César Luena, Óscar López, Sara Hernández o Rafael Simancas pidiendo a Sánchez que ponga fin al sanchismo. Sin contrapartidas. Error de salida, fallo en boxes.

Quienes bucean por las redes sociales, especialmente Twitter, cuya imprevisible inmediatez desborda toda concepción clásica de una contienda política, habrían previsto que los activos más radicales del sanchismo, de una inusitada pero ya conocida beligerancia en el arte de los ciento cuarenta caracteres -impropia, por cierto, entre compañeros de un mismo partido-, no tardarían ni un minuto en hacerle ver a López que rechazan, detestan, a los antiguos compañeros de viaje de su líder,  y que si son quienes forman el estado mayor de la candidatura del diputado vasco, va a ser difícil el entendimiento. Sus únicos referentes solo son ya los mártires del no. De ninguna forma pueden serlo  los que no tuvieron el valor de rebelarse contra la abstención y la defenestración de Pedro Sánchez. Los codazos del equipo de confianza de Patxi López para ser los primeros en manifestarle lealtad, sobrepasan, cómo no, los límites de la épica del sanchismo. Es demasiada la repulsa por la “traición”, para que la loca carrera por salir en la foto junto al primer candidato no provoque retortijones en lo más profundo de los rebeldes.

Y sorprende -porque se le suponía un gran olfato político y estar asesorado por gente del nivel de Rodolfo Ares, al que se suele presentar como una suerte de rubalcaba vizcaíno- que Patxi López haya entrado en la pugna por la secretaría general como un elefante en una cacharrería. Donde quiso convocar una mayoría frente a Susana Díaz, es más que posible que haya despejado las últimas dudas de Pedro Sánchez sobre concurrir de nuevo por la Secretaría General del PSOE. O, por qué no, patrocinar una candidatura del sanchismo

El rechazo manifiesto de su parte más visible, la que reside en el submundo 2.0, ha logrado, en contra de lo buscado, situar en el primer asalto a Patxi López más cerca de la presidenta andaluza que de Pedro Sánchez. No tardaron en brotar quienes ya barruntan un "pacto secreto" para frenar la rebelión de las bases.

Vengo defendiendo en mis artículos que la teórica del sanchismo adolece de más epopeya que de política. En sus contextos, la torpe  primera entrega de Patxi López, habría puesto en sus manos un sorprendente giro del concepto “voto útil”, que devolvería sin abrir el divide et impera que el establishment socialista, la conspiración de generales y coroneles (Odón Elorza dixit), les habría enviado con Patxi como arma disuasoria.

Lo cierto es que 72 horas después del anuncio de Patxi López, el sanchismo y  Sánchez aparentan más vigor. El vasco ha logrado entrar el primero en la contienda de las primarias, pero lo ha hecho por la puerta de atrás. Los medios recogen la sentencia: "Patxi López me ha traicionado". Sánchez uno, López cero.

Becerril rechaza la queja de la ARMH por el discurso navideño de Felipe VI

Reproduzco textualmente, por su interés, la nota que he recibido de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica critica que Soledad Becerril rechace su queja por el discurso navideño de Felipe VI

Para la ARMH, la Defensora del Pueblo rechaza la defensa de las víctimas de la dictadura franquista



La oficina del Defensor del Pueblo ha respondido a la queja presentada el pasado 24 de diciembre por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) contra algunas afirmaciones de Felipe de Borbón, en su discurso de navidad, asegurando que no procede "la intervención de esta institución sobre la cuestión planteada".

En la pasada nochebuena, dentro del su discurso de navidad, el monarca aseguró que: "son tiempos para profundizar en una España de brazos abiertos y manos tendidas, donde nadie agite viejos rencores o abra heridas cerradas", un argumento que repiten sectores de la derecha contra las demanda de las víctimas de la dictadura franquista. La queja del colectivo que desde hace dieciséis años busca e identifica desaparecidos, solicitaba a que una jefatura de Estado no electa debe ser especialmente meticulosa en su deber de representar a toda la ciudadanía y en especial a aquellos que demandan en cumplimiento de derechos humanos.
Por esa razón, y sin saber dónde llevar a cabo una queja, la ARMH decidió dirigirse al Defensor del Pueblo, solicitándole que en sus recomendaciones se dirigiera a la jefatura del Estado para reclamarle el respeto que merecen las familias de los 114.226 desaparecidos de la dictadura franquista y quejándose, además, de la discriminación que sufren las víctimas de franquismo con respecto, por ejemplo, a las del terrorismo, a las que el Jefe del Estado se ha dirigido siempre con el máximo respeto y a las que jamás les diría que no agiten viejos rencores ni heridas cerradas.



La Defensora del Pueblo explica en su respuesta las razones de su no intervención:

1/Función del Defensor del Pueblo. A tenor de lo dispuesto en los artículos 54 de la Constitución y 1 de su Ley Orgánica Reguladora (L.O. 3/1981), el Defensor del Pueblo defiende los derechos constitucionales mediante la supervisión de la actuación de la Administración, de la que no forma parte el Jefe del Estado, cuyos discursos no son objeto de supervisión por esta institución.

2/Órgano de representación popular. Como es propio de los regímenes parlamentarios, la Constitución proclama que las Cortes Generales representan al pueblo español (artículo 66), mientras que configura al Rey como representante del Estado: "el Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales" (artículo 56), sin que la Corona ostente carácter de órgano de representación popular, dado que su magistratura no es electiva.

Una vez estudiado el contenido de su queja, a la luz de los preceptos constitucionales y de la ley orgánica mencionados, resulta preciso manifestarle que no procede la intervención de esta institución sobre la cuestión planteada.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) no planteaba la supervisión de los discursos de Felipe de Borbón, sino el cumplimiento de su juramento en el día de su coronación, en la que se comprometió a jurar y hacer guardar la constitución y por eso se le reclamaba la igualdad de trato con respecto a otras víctimas de delitos violentos como las del terrorismo.

En unos días la ARMH hará llegar al monarca los informes del Grupo de Trabajo contra la Desaparición Forzada e Involuntaria de Naciones Unidas y del Relator Espacial para la Verdad, la Justicia, la Reparación y las Garantías de No Repetición, ambos organismos de la ONU, que han sido contundentes con respecto a las obligaciones del Estado español hacia los derechos de las víctimas de la dictadura franquista.


martes, 17 de enero de 2017

El callejón sin salida del ‘sanchismo’

Publicado en Iris Press Magazine.


Si Pedro Sánchez decide no concurrir a las primarias que decidirán quién ostenta la secretaría general del PSOE, sus seguidores, los autoproclamados sanchistas, estarían obligados a designar a otro candidato o candidata, so riesgo de acabar dando la razón a quienes han/hemos visto en ese movimiento de un sector de las bases del PSOE a un mero grupo de corte caudillista que, como todos, muere al morir el caudillo.

Ha sido tanto el fervor del sanchismo en proyectar la -legítima- imagen de un colectivo numeroso que exige hacerse oír y poder decidir, que una vez verificado que no ven en Patxi López el modelo de liderazgo fuerte y organización de corte asambleario al que aspiran, no concurrir con una candidatura propia dejaría huérfanos a cientos de militantes que concursan con su pronunciamiento rupturista y su carácter refundador.

Se han metido en un callejón sin salida. Al conseguir una identidad propia y supuestamente ajena a los usos habituales de la secular democracia participativa del PSOE-que denostan, descalifican  y sitúan en manos de una oligarquía de barones y generales-, han optado por señalar a quienes no comparten su criterio y parecer como “dinosaurios” -en el mejor de los casos- o “traidores”-en el peor-. En ambos, marcando líneas que delimitan, en palabras del propio Pedro Sánchez,  dos bandos, dos, diferenciados y aparentemente irreconciliables. Las bases, a cuya totalidad -no sin cierta arrogancia- dicen representar, frente al establishment socialista al que responsabilizan, con la misma arrogancia, de que Pedro Sánchez no sea Presidente del Gobierno.

Porque el gran problema del cuerpo general del sanchismo, es que sus líderes, o los que quedan de ellos, consiguieron hacer bandera de que su fracaso como líder socialista es el producto de una conspiración de los barones y las viejas glorias del partido que solo tuvo como objetivo impedir que Sánchez se sentara en La Moncloa, y con él y junto a él, bajo su liderazgo, “la verdadera izquierda”. De nada sirve repetir una y mil veces que Pedro Sánchez nunca tuvo opciones reales de sentarse en La Moncloa. Que el necesario concurso de los partidos independentistas catalanes exigía inexorablemente -y así se lo recordaban al ex secretario general un día sí y otro también-  unos compromisos que no se podían cumplir y se situaban al margen de la Ley. Que era imposible que llegara a materializarse y que, por tanto, el camino llevaba irremediablemente a la disolución de Las Cortes y a la convocatoria de las terceras elecciones en menos de un año. Y que el PSOE debería concurrir de nuevo con Pedro Sánchez como cabeza de cartel, con el exclusivo y sin duda extraordinario, histórico, currículo de haber llevado al partido socialista a dos severas derrotas y a dos fracasos en su intento de conformar Gobierno, tanto a la derecha en febrero, como a la izquierda en octubre. Con ese bagaje, ¿de verdad creen los sanchistas que los españoles iban a confiar en el PSOE de Pedro Sánchez a la tercera?

Lo cierto es tanto Sánchez como sus más cercanos colaboradores, han logrado la condena de una significativa porción de la militancia socialista a la decisión mayoritaria del Comité Federal -no de la Gestora- que optó por valorar el poder que la actual situación parlamentaria otorga al Partido Socialista, y no arriesgar más derechos y prestaciones con una más que previsible mayoría absoluta de la derecha. Fue, con mucha seguridad, la decisión más pragmática, sofista y, si me apuran, jacobina, que hayan tenido que tomar los dirigentes socialistas desde que gobierna el Partido Popular. También, en mi opinión, la más práctica y en el poco agradecido largo plazo, la que mejores réditos habrá ofrecido al pueblo español y, en consecuencia, al propio socialismo.

Aunque para el sanchismo resulte tan imposible entenderlo como gratis señalar a sus propios compañeros como “traidores” vendidos a la derecha, a los oligarcas y a oscuros conglomerados financieros que han torcido la voluntad popular en reuniones palaciegas de carácter golpista. El discurso del sanchismo a este respecto tiene más de epopeya que de crónica política.

En su particular épica, el sanchismo reivindica lo que denominan sin pudor un “congreso de confrontación”, para el que se reclaman vencedores y vencidos. Un discurso que ha transcendido al propio Pedro Sánchez y en el que hoy se pueden identificar como referentes a destacadas caras del partido, como los diputados Odón Elorza, Susana Sumelzo y el valenciano Ávalos, o el notario del colectivo, José Antonio Rodríguez Salas, a la sazón Alcalde de Jun, entre otros. Si Pedro Sánchez renuncia a liderar el sanchismo, los que lo han elevado a movimiento estarán obligados a dar un paso al frente para no dejar morir, de orfandad, a la pomposamente autoproclamada rebelión de las bases. Si no lo hacen, su voz se habrá apagado y la rebelión habrá muerto por incomparecencia dejando solo sillas vacías. Y a ver quién es el valiente que gestiona eso. Empezando por Pedro Sánchez.