sábado, 17 de diciembre de 2016

Reclamar pluralidad para acabar con ella

Si algo ha caracterizado al Partido Socialista a lo largo de su más que centenaria historia, es la pluralidad de opiniones que han manifestado sus militantes y dirigentes sobre la mejor forma de abordar cada presente político. Una pluralidad que en ocasiones se mostró agria y enfrentada, y en otras proclive al consenso. No hay nada extraordinario, es la historia del PSOE. Y no existe en España otro partido -si acaso el PNV- que arroje un saldo tan positivo en cuanto a sus propias diferencias y consensos y cómo estos han beneficiado a la sociedad en general, y a los trabajadores y clases más desfavorecidas en particular.

Es exactamente esa pluralidad la que se puso de manifiesto tras la humillante derrota del 26J, la segunda en unas elecciones generales en menos de un año. Del desastroso resultado obtenido en la urnas surgieron en el Partido voces que apostaban por reconocer que el pueblo español había decidido que el PSOE no volviera -aún- al Gobierno, y quienes querían interpretar que, en realidad, los españoles habían llamado a resucitar una suerte de Frente Popular que impidiera al PP, claro ganador de los comicios, seguir dirigiendo el Ejecutivo. Pluralidad de opiniones en el seno de un partido democrático acostumbrado a albergar en su seno diferencias.

Sin embargo, fue el propio Pedro Sánchez quien decidió acabar con lo que, en una más que desafortunada expresión, definió como bandos, y poner fin a la pluralidad interna del PSOE. Lo hizo con claridad meridiana el 27 de septiembre ante los micrófonos del Hoy por Hoy de la Cadena Ser, cuando anunció que no consultaría a la militancia qué decisión debía tomar el Partido ante la investidura de Rajoy, que no estaba dispuesto a que se le "impusieran" decisiones y que pretendía convocar un congreso exprés que le ratificara como secretario general para poder tomarlas libremente. Lo describió muy gráficamente cuando reclamó un PSOE “con una sola voz que sea la de su secretario general”. Escuchen sus propias palabras:


La consecuencia fue un acto de impecable democracia, expresada a través de la dimisión de 17 miembros de una Ejecutiva que no estaban dispuestos a seguir a un líder que pretendía erigirse en caudillo del socialismo español. Como impecablemente democrática fue la decisión del Comité Federal que frenó sus extemporáneas intenciones el aciago 1 de octubre, y que devino su dimisión como máximo dirigente del PSOE.

Sin embargo, al albur de frases cortas, acusaciones de grueso calado y burda manipulación de sentimientos, Pedro Sánchez y sus acólitos -el menguante sancherío- han conseguido institucionalizar falsos conceptos como golpe de estado, robar la voz de la militancia, o dictadura de los barones. Como si los líderes territoriales del partido o los miembros del Comité Federal no fueran cargos democráticamente elegidos, o sus votos y opiniones carecieran de legitimidad.

Curioso, porque precisamente lo que Pedro Sánchez acababa de proponer era un plebiscito para que la militancia y sus representantes callaran para siempre, y que la única voz autorizada para expresar y tomar decisiones fuera la suya.

Sorprende por ello la aparición de plataformas que reclaman una democracia interna que nunca ha faltado, y que señalan a Pedro Sánchez como “la voz de la militancia”. El mandato interino de Sánchez al frente del PSOE, pues hay que recordar que fue elegido en un Congreso Extraordinario sin proyecto político, estuvo protagonizado, además de por una sonada secuencia de vergonzantes derrotas electorales, por el acoso y la persecución del disidente, los expedientes disciplinarios, la destitución fulminante de direcciones elegidas democráticamente por la militancia, y su sustitución por gestoras a lo largo y ancho de todo el país (hasta 93 había cuando dimitió).

Es decir, son abanderados de una pluralidad que sólo estuvo en peligro dentro de los planes de Pedro Sánchez. Pero no pasa un solo día sin que inunden las redes sociales y medios de comunicación de falsas acusaciones y dudas sobre la legitimidad de los órganos de gobierno y dirección del PSOE. Desconocen la propia historia del Partido Socialista Obrero Español. Pero es mucho peor que mientras acusan, insultan y descalifican a todos los que no opinan como ellos, ignoren el pasado inmediato y reclamen el liderazgo para quien quiso acabar con todo lo que dicen defender.

Temas relacionados en Ciudadano Pan: La falsa heroicidad de Pedro Sánchez

viernes, 16 de diciembre de 2016

(Diputados) Díscolos -y- bien informados (o cosas del 'sancherío')


Esta mañana he mantenido una conversación a través de Facebook con una diputada de las denominadas ‘díscolas’ que trataba de explicarme que su no a la investidura de Rajoy formaba parte de "su compromiso electoral". Sigo sin saber de dónde ha salido el falso argumento de que los socialistas hicimos campaña para votar contra Rajoy desde la Oposición. Tanto como sigo sin comprender en qué momento tan peregrino argumento caló en el imaginario del sancherío militante. El programa electoral del PSOE era un programa de Gobierno, no de Oposición. 

El caso, y debo decir que me ha dejado, francamente, muy preocupado, es que la diputada en cuestión me aseguró muy rotunda que el PSOE debía haber pactado con Podemos y con el PNV y aceptar la abstención de PdeCAT y ERC. ¿Perdón? Me lo ha dicho, hoy, 16 de diciembre de 2016, una parlamentaria que ocupa un escaño en el Congreso de los Diputados en la XII Legislatura.

A ver, repasemos. PSOE+Podemos+PNV+Coalición Canaria hubiesen sumado 162 síes. Es decir, incluso contando con la abstención de EH-Bildu junto a las  de los independentistas catalanes PDCAT y ERC sumarían 19, a los que habría que confrontar los noes de PP+Ciudadanos, que reúnen 169 escaños. Pedro Sánchez no hubiese sido Presidente en el supuesto defendido por la diputada, cuyo nombre no voy a decir por respeto tanto a la privacidad de la conversación como para evitar poner nombre al bochorno que yo mismo he sentido manteniéndola.


Su suma estaba, obviamente, mal hecha. Tras las elecciones del 20D, yo mismo defendí la alternativa sobre la que esta misma mañana hacía lo propio la parlamentaria en cuestión. Porque entonces sí fue posible conformar una mayoría frente al Partido Popular (168 síes de PSOE+Podemos+IU+CC, frente a 165 noes de PP+Ciudadanos+Eh-Bildu y 17 abstenciones de los nacionalistas catalanes) y el desafío soberanista no haría peligrar necesariamente el Gobierno surgido del Pacto de Investidura. Pero Pedro Sánchez mordió el anzuelo del falso pasaporte a La Moncloa que le lanzó Albert Rivera (¿y Mariano Rajoy?), y puso en bandeja al Partido Popular tanto la repetición de las elecciones como su continuidad al frente del Ejecutivo. Siempre he sostenido que ese, y no otro, era el objetivo último de la ruta Rivera

En cualquier caso, lo que me ha dejado “ojiplático” (como dice una buena amiga y compañera) es que esa confusión de cifras provenga de una miembro de la Cámara, pues si cabe como tal en las propias filas del grupo parlamentario, ¿cómo diablos no va a ser difícil explicarle a la ciudadanía la realidad del terrible dilema al que se enfrentaba el PSOE tras las elecciones del 26J?

De verdad que me ha dejado muy preocupado. Para reflexionar. 

Así que le he repetido las preguntas claves -que siguen siendo las mismas- al objeto de recabar su opinión sobre ellas. A saber: ¿hubiese sido una buena idea ocupar La Moncloa con la espada de Damocles del referéndum ilegal en Cataluña sobre la cabeza del PSOE? ¿Hubiese sido posible un pacto con PdeCAT y ERC que no incluyera esa cesión? ¿Hubiese mejorado el PSOE sus expectativas electorales tras haber intentado ese pacto y haber fracasado, siendo, por tanto, el último responsable de las terceras elecciones? Debo decir que no he conseguido que mi cosecha de preguntas dé frutos, aunque la diputada, haciendo gala de ‘gran adaptación al medio’, me ha dicho sin rubor alguno “creo que te he respondido”, se ha manifestado insultada por mis preguntas y observaciones y acto seguido… ¡me ha bloqueado!


“Pues ya nos han vuelto a aguar el viaje”, decía el capitán pirata de los tebeos de Astérix tras ser abordado y hundido por los galos. A lo que el más viejo de sus marineros solía responder con su muy kempisiano “sic transit gloria mundi”. 

lunes, 12 de diciembre de 2016

Juicio al establishment en La Sexta por Jordi Évole

Publicado en Liverdades



El programa Salvados de este domingo se puede medir en dos tiempos. Una brevísima introducción en la que Jordi Évole ha conseguido, puede que por primera vez, el gran objetivo con el que su producto televisivo pretende querer presentarse ante la audiencia: la confesión. Con Juan Luis Cebrián -por fin- lo logró. Pero quien verdaderamente demostró escuela fue el primer director de El País, quien desde el primer momento entregó a Évole lo que buscaba. “Sí, soy establishment”, ¡confesó! Bravo por Évole.

Una vez conseguido, el resto casi resultó innecesario. Acaso Évole esperaba que Cebrián dijera algo que no quisiera decir, admitiera algo que no quisiera admitir, y no negara lo que quisiera negar. Como en el resto de sus programas-entrevista, el periodista ha ejecutado su particular versión político-justiciera de La máquina de la verdad del añorado Julián Lago, en el que la verdad se da por probada en las preguntas y las mentiras acreditadas en las respuestas,  o en su ausencia.

Cierto es que, una vez establecidos (valga la redundancia) los términos de la conversación, ha resultado soez e igualmente innecesario que Cebrián negara influencia y hasta se mostrara sorprendido por la autocensura en periodistas y redactores, que ocurre. Claro que ocurre. Porque, lo cierto, es que Cebrián no ha negado, por ejemplo, y aunque haya podido parecerlo por la incomodidad que Évole consigue inocular en sus entrevistados, que ignorar en la portada de El País el indulto del Gobierno de Zapatero al banquero Alfredo Sáenz fue una legítima decisión editorial. Como lo fue dedicar hasta 14 páginas del antaño diario independiente de la mañana a la muerte de Emilio Botín. O las demoledoras editoriales sobre Pedro Sánchez, en las que ha admitido que podrían haberse utilizado otros adjetivos, pero de las que en ningún momento ha renegado. Évole ha pretendido cuestionar decisiones editoriales de Prisa y Cebrián se ha limitado a dejar sentado que fueron las que fueron. Y que cada uno es libre de considerarlas como mejor le venga en gana.

El hombre fuerte de Prisa ha admitido, con no disimulado orgullo, formar parte de las élites del poder, y compartir mesa, mantel y secretos con lo más granado del who is who español desde los últimos años del franquismo hasta hoy mismo. Y hasta ha admitido que es más fácil "quitar que poner gobiernos". O presumido de contar con Felipe González o Alfredo Pérez Rubalcaba como consultores de El País. Con ello ha logrado su objetivo al acudir al interrogatorio de Évole, vender su libro. A cambio, Cebrián no ha esquivado, sin que por ello el espectador haya obtenido mayor conocimiento o comprensión, asuntos espinosos como su relación con los papeles de Panamá  o la cuantía de su sueldo como principal ejecutivo del Grupo Prisa mientras ejecutaba EREs y presentaba resultado negativos en su gestión. Preguntaba el Évole justiciero. Pero el también viejo periodista y académico ha venido a responder que no tenía por qué entrar a discutir sobre su sueldo o sus empresas con el presentador de Salvados. Y hasta ahí llegó la cosa. Respondía el miembro confeso del establishment.

La contrariedad de Salvados es que Évole es capaz de hacer estupendos y seguramente necesarios programas-denuncia sobre lo que todos, gracias a tantos buenos periodistas, ya sabemos. Pero como entrevistador sigue albergando en su interior al follonero, y sus cara a cara acaban siendo como una suerte de acto de entrega a sus invitados del sobre ciudadano donde se hace constar que “sabemos lo que hacéis”, con acuse de recibo en forma de pretendida humillación televisiva. Es la marca de La Sexta, y se repite en otras estrellas como Ana Pastor, Cristina Pardo o el mismísimo Antonio García Ferreras. Vienen a contarnos lo que ya sabemos como si nos desvelaran las grandes verdades del mundo.

Es justo reconocer que la contumaz equivocación de muchas de sus ‘víctimas’ de maquillar o sortear lo obvio engrandece de forma exagerada cada intervención de Évole. No es de extrañar así que Salvados sea considerado por unos como una referencia de periodismo crítico con la situación social y económica, aunque otros lo observen como un cansino ajuste de cuentas televisivo entre las bases espectadoras y el establishment.

Cebrián llegó y admitió con claridad ser un miembro del establishment. Y se comportó como tal. ¿Qué nos ha aportado, pues, el Salvados de este domingo? Para mí, con toda seguridad, una muy oportuna observación del presidente de Prisa al fiscal televisivo Évole: “Tú también eres establishment”. Évole, como muchos de sus seguidores, parece, o aparenta, no querer asumirlo. Es el fenómeno del periodismo emergente, paralelo al de la política emergente. Para reflexionar.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Guerra: “Los populistas no quieren que haya ricos, y los socialistas lo que queremos es que no haya pobres”




Publicado en El Socialista Digital

Alfonso Guerra, presidente de la Fundación Pablo Iglesias ex número dos del PSOE entre 1979 y 1997 y diputado en el Congreso desde 1977 hasta 2015, ofreció ayer en Gijón lo que en el mundo académico se define como una “lección magistral” sobre la historia, el pasado reciente y, también, el futuro del socialismo español. Guerra advirtió contra el desánimo en las bases socialistas y describió, con crudeza pero sin pesimismo, una situación política en la que impera el populismo fácil alimentado interesadamente desde las cadenas de televisión, y en la que los socialistas están llamados a “cambiar de estrategia” ante la nueva realidad socioeconómica sin perder de vista los principios sobre los que nació el PSOE hace 137 años, especialmente, dijo, “en aquellos centrados en la libertad y la igualdad”.
Alfonso Guerra nunca defrauda, y ayer volvió a demostrarlo ante el auditorio asturiano que contó con él como plato fuerte en un almuerzo celebrado en Gijón para celebrar el 125 aniversario de la agrupación de esa localidad.
Guerra, que comenzó su disertación sobre la historia, el pasado, el presente y el futuro del socialismo, recordando cómo relató el histórico periódico El Socialista, el nacimiento de la agrupación gijonesa, y lo hizo, con un ejemplar del mismo bajo el brazo, advirtió de la necesidad que, como los asistentes al acto, tienen los socialistas de “escuchar sin prejuicios y emitir palabras sinceras”, frente al discurso de algunas nuevas fuerzas políticas a las que describió, con ese humor socarrón que siempre le ha caracterizado, como sietemesinos comparados con el más que centenario Partido Socialista.
Así, el presidente de la Fundación que lleva el nombre del fundador del PSOE, recordó que a finales del siglo XIX, España vivía con unos contrastes sociales tremendos, muchos más graves que los que hoy se viven, de injusticias insoportables, y que “la vida de los campesinos era infrahumana, pues trabajaban de sol a sol” -lo que describió como unos de los primeros logros sindicales, porque antes trabajaban “de luz a luz, que era mucho peor, “malvivían en infraviviendas sin condiciones de habitabilidad, carecían de prestaciones sociales, y no había participación en la vida política para los trabajadores y los campesinos”. “Fue en ese contexto”, recordó Guerra, “que Pablo Iglesias y un grupo de compañeros fundaron el PSOE hace 137 años”, y desde entonces, “la sociedad española y el partido socialista han caminado en una trayectoria paralela”.
También recordó que, precisamente mañana [por hoy, 5 de diciembre], “se cumplen 40 años del XXVII congreso de nuestro partido, al que asistieron líderes como Willy Brandt y el asesinado Olof Palme, y que fue entonces cuando el PSOE inauguró la que llamó “una técnica de conquista de parcelas de libertad” que, en la práctica, supuso el “inicio real de la Transición”. Guerra destacó de esa etapa la disposición del PSOE a colaborar en la “construcción de una sociedad libre y democrática”, cuyo mayor exponente sería la Constitución Española de 1978, “que da lugar a una etapa de libertad y prosperidad desconocida en nuestra historia”, y que el veterano dirigente lamentó ver cómo hay quien ahora “dispara contra esa operación en la que el PSOE fue gran protagonista”.
En este sentido, Alfonso Guerra cargó contra quienes aseguran que “no les gusta aquel paso de la dictadura a la democracia y hablan de una segunda transición”, por lo que se preguntó que si aquella tras la muerte de Franco fue un tránsito de la dictadura a la democracia, “adónde quieren llevarnos”, para concluir que, “posiblemente, a un nuevo régimen con más similitudes al anterior que al actual”.
El ex diputado por Sevilla desde la I Legislatura hasta 2015, recordó también el importante paso del PSOE por la gestión municipal desde los primeros años de la democracia, lo que para él fue la clave para llegar al triunfo de las elecciones de 1982, cuando el partido sentó a 202 diputados en la Carrera de San Jerónimo e inició la que describió como la “transformación total de España” y la era “de las grandes universalizaciones”, como la sanidad, la educación o el sistema de pensiones. Guerra recordó también que durante el paréntesis de 1996 a 2004, el Partido Popular se dedicó hacer justamente lo contrario, y que hubo que esperar a que llegara de nuevo el PSOE al Gobierno para que los españoles volvieran a avanzar en derechos y libertades.
“LA MODERNIZACIÓN NO PUEDE HACERSE DESDE EL ADANISMO POLÍTICO”
Un resumen necesario el esbozado por Alfonso Guerra, “para saber qué ha pasado en España y qué debemos conocer, porque las respuestas que nosotros demos van ser muy importantes para las nuevas generaciones”. Por ello, reclamó de los militantes y dirigentes socialistas “mirar hacia fuera, y no ensimismarse mirando hacia dentro”. Porque, según advirtió al auditorio de medio millar de socialistas gijonenses, “somos herederos y estamos al final de una larguísima fila”. “Las tareas de modernización”, aseguró, “no pueden hacerse desde el adanismo, pensando que todo es nuevo”.
“El mundo ha cambiado mucho”, reconoció, recordando que, por ejemplo, en 1945 el movimiento obrero conquistó el derecho a las prestaciones sociales “como contraprestación al derecho empresarial a los beneficios”, momento en el que situó el nacimiento del Estado del Bienestar. Sin embargo, Guerra recordó que ya en 1972, con la primera crisis del petróleo, comenzaron a cuestionarse las prestaciones sociales, y que cuando se hundió la URSS, “lo que llamaron el fin de la historia”, algunos creyeron que ya no era necesaria más lucha por el triunfo del capitalismo liberal, y que todo serían democracias pujantes; que los que venían del comunismo se transformarían en países muy desarrollados y muy justos, pero que la realidad demostró lo falso de tal argumento al darse de bruces con la guerra étnica de la extinta Yugoslavia, demostrando que no estaba tan claro que fuera tal “el fin de la historia”.
Asimismo, Guerra constató que la revolución tecnológica o la globalización de la economía parecieron algo muy bueno para el desarrollo de las naciones, y admitió que “lo habrá sido para incrementar los comercios, y el intercambio de valores, pero no lo para la Igualdad, sino que lo que ha crecido es la desigualdad”. “En cuanto el capitalismo se ha vuelto financiero”, dijo, “ya no quiere saber de las condiciones de los trabajadores”.
“Y ante esto”, se preguntó, “¿qué tenemos que hacer los socialistas? ¿Cambiar nuestras propuestas?”. Para Guerra, “en parte sí y en parte no”, y recordó las palabras de John Maynard Keynes, “ese gran economista al que siempre acudimos los socialistas”, quien dijo que “cuando los hechos cambian, yo cambio de opinión. ¿Y usted qué hace?”.
CAMBIAR LA ESTRATEGIA SIN PERDER DE VISTA LOS PRINCIPIOS EN UN CONTEXTO “AHÍTO DE INFORMACIÓN Y AYUNO DE CONOCMIENTOS”
“El socialismo tiene que cambiar en cuanto a la estrategia a seguir, pero no en cuanto a los principios a defender, sobre todos en aquellos centrados en la libertad y la igualdad”, respondió Guerra. “Parece que la socialdemocracia europea no se ha percatado de esto, pero se confió en que la revolución tecnológica crearía muchos puestos de trabajo, y no ha sido así. Por eso”, aventuró, “la tendencia será a la reducción y al reparto del tiempo de trabajo. Iremos a cuatro días de trabajo a la semana porque eso facilitará extender el empleo a muchos otros”.
El presidente de la Fundación Pablo Iglesias llamó también la atención sobre el hecho de que “ha cambiado el enemigo”. Mientras en el XIX era “el empresario explotador, ya no es así, pues ahora son los grandes grupos financieros internacionales”. Si entonces “la religión era el opio del pueblo, ahora es la información”, advirtió.
“Estamos ahítos de información y ayunos de conocimiento”, una realidad en la que Guerra sitúa el triunfo de los populismos, “variados en cuanto a su origen, pero poco variados ideológicamente”. Por ejemplo, dijo, “hay populismo en aquellos gobiernos o partidos que quieren gobernar atendiendo a las encuestas, que dan respuesta a sectores de la sociedad, pero no la Sociedad”.
Para diferenciar entre el populismo y el socialismo, Guerra definió una regla que permite hacer una clara distinción: “los populistas no quieren que haya ricos, y los socialistas lo que queremos es que no haya pobres”. La aparición de la que definió como la izquierda regresiva, “que se pone etiqueta de izquierda pero es totalmente regresiva frente a la izquierda progresista, los populismos, la xenofobia, los autócratas…”, sitúan el socialismo en un plano muy complicado, aseguró. Pero “debemos dejar de lamentarlos y construir un mundo mejor. Combatir por la libertad y la justicia social, contra la corrupción y hacer que Europa sea eficaz”.
En un panorama internacional en el que EEUU elige presidente a un personaje como Donald Trump, en el que otro como Putin gobierna en Rusia, y en el que no es descartable que Francia caiga en manos de la ultraderechista Marie Le Pen, Guerra considera necesario recordar que “creímos aquello de que Hitler o Mussolini no volverían, pero vuelven”, advirtió. “Y tenemos que luchar contra eso. Y hacerlo con esperanza y con entusiasmo”.
ACTUAR CON LA RAZÓN Y NO CON LA EMOCIÓN
“La izquierda se preocupa mucho tener modelos”, afirmo Guerra, “pero lo importante es tener un proyecto para la nación” reclamó. Por ello aseguró que no hay que tener miedo a hablar con todos. “Cuando uno tiene convicciones no teme entrar en la gruta del dragón”, afirmó, “por eso siempre hemos mantenido los principios negociando con unos y con otros”. En este sentido, recordó que Largo Caballero negoció “hasta con la dictadura de Primo de Rivera”, o que la colaboración con los partidos republicanos, “que eran los partidos burgueses”, en lo que se llamó el bienio rojo, no logró “una república de clases, sino de colaboración de clases”. Y que tras el bienio negro de gobierno de las derechas en la Segunda República, surgió el Frente Popular en el que el PSOE negoció con anarquistas y comunistas. Guerra equiparó aquellos acuerdos con los logrados en la Transición, cuando el PSOE, “en beneficio de la democracia y de la libertad de todos”, negoció con los que procedían de la dictadura, y recordó que el venerado Adolfo Suárez había sido Secretario general del Movimiento, “pero que los socialistas vimos la necesidad de negociar, porque siempre hay que hacerlo preservando los principios y favoreciendo a la población más necesitada”. Oponerse a todo, advirtió, “es actuar con la emoción y no con la razón y, aunque los sentimientos son muy importantes en la vida de las personas, a la hora de negociar lo que tiene que primar en la razón”.
Recuerdos de momentos históricos que tuvieron como protagonista esencial al Partido Socialista y que sirvieron a Alfonso Aguerra para enlazar con la situación actual en España. “Ahora se hace Oposición, que es controlar al Gobierno”, afirmó, “pero también es acordar”. Y puso como ejemplos que solo en los últimos días, se ha logrado una importante subida del 8 % en el Salario Mínimo Interprofesional, se ha paralizado la LOMCE y se han puesto las bases para un gran pacto por la Educación. Se ha comenzado a enterrar la ley mordaza, y se ha logrado que el Gobierno aumente su previsión sobre el techo de gasto. “Eso es también hacer Oposición”, aseguró el veterano ex diputado sevillano.
LOS RETOS DEL PSOE ANTE LOS NUEVOS PARTIDOS “SUPREMACISTAS”
Para seguir en esa senda de logros para todos, Guerra aseguró que “el PSOE tiene que fundamentar su trabajo en la democracia y en la disciplina democrática”, y rechazó, sin querer citar a nadie, aunque en la sala nadie tuvo dudas de a quiénes se refería, a los que “exigen votarlo todo, pero si no sale lo que ellos quieren, entonces el voto no vale y no se respeta”.
A este respecto, el ex número dos socialista lamentó que se haya “perdido el sentido de la responsabilidad y que la gente vote emocionalmente, pero sin mirar las consecuencias”, por lo que aseguró que en eso, los socialistas tienen que ser muy combativos. “Los problemas no desaparecen por ignorarlos. Si los partidos nuevos son autócratas y encierran un peligro para la democracia, no podemos ignorarlos, hay que combatirlos”. Guerra aseguró que quien actúa con una “superioridad moral, los supremacistas, son partidos contra el sistema democrático”.
Por ejemplo, lamentó que los medios de comunicación no reflexionaran tras las recientes elecciones en Euskadi sobre el hecho de que EH Bildu haya doblado en diputados tanto al PP como al PSE-EE, sobre todo teniendo en cuenta que durante muchos años estos partidos “pusieron los muertos y los otros pusieron a los asesinos”. “¿Cómo es posible que la sociedad vasca haya dado el doble de diputados a los que mataban que a los que fueron asesinados?” Guerra consideró “impresionante” la ausencia de comentarios en los medios a este respecto y concluyó que “algo tiene de enfermedad esta sociedad que legitima esto”.
De igual forma se quejó de que “los rufianes” puedan permitirse el lujo de acusar al PSOE de ser “socialtraidores” sin que se generara un movimiento unánime de condena a semejantes palabras dentro del PSOE. “Debemos un respeto a quienes crearon el partido”, reclamó Guerra, quien pidió “rebelarse contra los rufianes de la política”, sobre todo porque “el que actúa como un matón en un set de televisión parece tener seguro un puesto en el Congreso, y el que actúa como un matón en el Congreso tiene enseguida a un set de televisión para él”. Sobre esto, preguntó cómo se entiende que “dos cadenas de TV estén al servicio de Unidos Podemos y de los rufianes”. Y él mismo contestó que hay un acuerdo de la derecha para que esto sea así, porque estos partidos y esos dirigentes “son la garantía de que gobierne la derecha”. Siempre que se divide a la izquierda, gobierna la derecha”, remachó.
LOS NACIONALISMOS DESTRUYEN NACIONES Y LOS POPULISTAS LEVANTAN MUROS
Para finalizar su disertación, Alfonso Guerra aseguró que “los nacionalismo destruyen las naciones, y los populistas quieren levantar muros. La realidad es que no hay populistas de derechas o de izquierdas, son meras etiquetas”.
El ex dirigente federal advirtió también que cuando, a pesar de la propaganda de la derecha, ni siquiera hemos salido de la crisis, la reforma de la Constitución no lo arregla todo”, por lo que consideró conveniente dejar de hablar de la reforma de la Constitución y comenzar a hacerlo de “reformas en la Constitución; de cosas concretas que se pueden hacer y se deben hacer”, y alejarse de quienes quieren “ponerla en causa”. Por ejemplo, renegó que aquellos que defienden la “falsa idea” de que España es una nación de naciones. “El concepto de nación está ligado al concepto de soberanía, y la soberanía debe ser de todos los españoles”, aseguro, al tiempo que manifestó su preocupación porque ese “veneno” llegue los socialistas. “Nacionalismo y socialismo son incompatibles, lo diga quien lo diga”, sentenció.
Guerra cerró su discurso recordando que “las grandes proclamas no producen nada” y exigió claridad en el discurso socialista. “¡Fuera ambigüedades!”, exigió ante los presentes. “Seamos claros siempre. Hagamos mejores administraciones, una legislación unificada, infraestructuras, energía, transportes, comunicaciones… que son una predistribución de la riqueza. Demos solución a los problemas de las pensiones, los impuestos… Hagamos políticas con sentido común y demos esperanza, porque no puede ser todo negativo”.
Por último, Guerra advirtió que “el odio a la derecha no puede ser el programa del PSOE, por muchos méritos que haga para ese odio”. Pidió a los socialistas cambiar el discurso en cuanto adonde se dirige, para no hacer un discurso de minorías. “Naturalmente”, dijo, “hay que salvaguardar los derechos de las minorías, pero no se trata de contentar solo a unos sectores, hay que ir a un discurso de mayorías preservando los derechos de todos”. Para Alfonso Guerra, esta será “la única manera de reconquistar el apoyo de la sociedad para cambiar las cosas. 125 años después” (en referencia al aniversario del PSOE de Gijón), tenemos que seguir siendo fieles, con orgullo de lo que decían los que fundaron este partido”.
Lo dicho, Guerra nunca defrauda, y la cerrada ovación con la que los que escucharon su discurso de casi una hora celebraron sus palabras fue, una vez más, una prueba de ello.

lunes, 21 de noviembre de 2016

16 años del asesinato de Ernest Lluch, el hombre que quiso escuchar a sus asesinos

Se cumplen hoy 16 años del asesinato de un hombre bueno, Ernest Lluch.
Recuerdo con un escalofrío la que posiblemente fue su última intervención en un medio de comunicación nacional. Y lo recuerdo porque sus últimas palabras en La Ventana de la Cadena Ser, entonces dirigido por Gemma Nierga fueron, una vez más, un llamamiento al diálogo en un momento en el que la banda asesina ETA seguía segando la vida de tantos hombres buenos. Nierga le preguntó si no temía por su vida, y Lluch, que era miembro del colectivo Elkarri, contó que no quería vivir sintiéndose amenazado y que por eso había renunciado a llevar escolta. Al escuchar esas palabras tuve la impresión de que no debía haberlas pronunciado. Solo cuatro días después fue cobardemente asesinado.

Como bien recoge la biografía que difunde la Fundación que lleva su nombre, Ernest Lluch era un intelectual valorado, un político respetado y un comunicador enormemente popular, cuando fue asesinado por ETA el 21 de noviembre de 2000. Investigador, escritor, profesor, parlamentario, ministro, rector de Universidad, articulista, tertuliano y, sobre todo, un hombre de diálogo. Por ello se le recuerda, reconoce y estima.

Su vida comprometida en la defensa de las libertades fue precoz. Cuando era un joven estudiante se sumó a la oposición democrática al franquismo convirtiéndose en el representante democrático de los alumnos de la Facultad de Económicas. Ya como ayudante del catedrático Fabián Estapé, fue expulsado de la Universidad de Barcelona por su significación política. Durante la dictadura fue detenido varias veces por participar en movimientos sociales y políticos contra el régimen.Su activismo continuó en Valencia, donde fue vice decano de la Facultad de Económicas y fundador del Partido Socialista del País Valenciano. Muerto Franco continuó con su compromiso militante y volvió a Cataluña en 1977 donde fue elegido diputado por Girona con la coalición "Socialistas de Cataluña", de la que en 1980 fue portavoz en el Congreso de los Diputados. En 1982 formó parte del gobierno socialista como Ministro de Sanidad y Consumo, desde el cual y hasta 1986, enfrentado a los sectores más conservadores del mundo sanitario, generalizó la cobertura sanitaria estatal y creó el departamento de los derechos del consumidor, por primera vez en España.

Dejando la política profesional concentró su actividad principal en la Universidad, la docencia y la investigación. En 1986 ganó la cátedra de Doctrinas Económicas de la Universidad de Barcelona y entre 1989 y 1995 fue rector de la Universidad Menéndez y Pelayo, que relanzó a una nueva etapa de actividad y presencia.Paralelamente a una permanente acción pública como articulista, tertuliano y comentarista político, continuó con sus trabajos minuciosos y eruditos especialmente de historia y pensamiento económico. Fruto de estas investigaciones nos dejó justo terminadas dos obras sobre el siglo XVIII, que siendo históricas tenían una conexión directa sobre los problemas de nuestros días. Era un conocedor profundo de la cuestión nacional catalana y por eso se interesó tanto por el País Valenciano y, los últimos años por Euskadi. Se enamoró mentalmente del País Vasco, donde llegó a tener su segunda residencia y pasaba temporadas. Estudió a fondo el problema vasco y se comprometió una y otra vez a favor de Euskadi, su identidad y su cultura, contra los violentos y a favor del diálogo, buscando caminos constitucionales para resolver los problemas. Y fue por estas ideas que lo mataron.  En la lectura del Manifiesto al día siguiente de ser asesinado, la periodista Gemma Nierga, encargada de hacerlo, añadió: "Señores políticos, ustedes que puede dialoguen". Fue el mejor homenaje que pudo hacerse a un hombre que murió asesinado precisamente por los mismos a los que una y otra vez quiso escuchar.

Sigue siendo uno de los referentes sin los que sería difícil entender el legado de los gobiernos socialistas y el compromiso del PSOE en la lucha por los derechos y libertades de todos los ciudadanos.



jueves, 3 de noviembre de 2016

Y no te olvides de Haití

¿Puedes donar directamente para la reconstrucción de las escuelas y los orfanatos destruidos en Haití?

Los orfanatos y la existencia de cientos de niños abandonados es una de las tristes realidades que asolan hoy a Haití, uno de los países más pobres del mundo, y una de las poblaciones más afectadas por la indiferencia del ser humano. Buen ejemplo de ello es el Orfanato Creche Notre Dame, que se derrumbó totalmente en el terremoto de 2010 sepultando a 50 niños, y que tras la reciente tragedia vuelve a ser un ejemplo de un drama cuya solución solo requiere de la buena voluntad de gobiernos y ciudadanos de otros países. A veces, las cantidades requeridas para dar solución a muchos de estos centros son tan ridículas que avergüenza ver el horror que cada día viven miles de niños y mayores.

“Haití vive sin un gobierno efectivo”, nos cuenta desde Haití Antonio Miguel Carmona. “Por un lado por la práctica disolución de su administración, por otra parte por los sucesivos golpes militares que asolaron al país de moral. El gobierno democrático del sacerdote salesiano, expulsado de la orden, Jean-Bertrand Aristide (1991-1996 y 2002-2004), se veían siempre interrumpidos abruptamente por golpes de estado. Hasta tal punto que Titide, tal era el apodo de Aristide, disolvió el ejército, creó grupos armados populares (chiméres) y demandó la protección de Cuba y de la Venezuela de Chávez. Todo acabó con un enfrentamiento civil y la intervención de la comunidad internacional a través de la MINUSTAH (Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití) que aún sigue en las calles de Puerto Príncipe. Tras un breve gobierno del músico Martelly, el actual presidente interino, Jocelerme Privert, alarga la convocatoria del balotaje presidencial (segunda vuelta) utilizando como excusa los efectos del huracán Matthew. Parece mentira que el lema del país sea L'union fait la force. Mientras, la nación parada, el Estado inoperante y los niños abandonados.”

En su viaje a Haití, invitado por una de las muchas ONG que intentan procurar un poco de dignidad al pueblo haitiano, Carmona ha visitado tres orfanatos haitianos constatando el colapso de los mismos. "He visto casas de huérfanos abarrotadas, niños abandonados por las calles, familias que tratan de ingresar a sus hijos desnutridos en orfanatos que no pueden admitirlos", nos cuenta Carmona en los reportes que cada día nos envía desde el epicentro de la pobreza americana. El dirigente socialista recuerda que Véronique Taveau de UNICEF denunció hace años la grave situación de los niños abandonados en Haití, situación agravada  estas semanas tras el paso del huracán Matthew, y desde allí afirma que "la situación ahora se ha agravado. El terremoto de 2010 les dejó en una extrema vulnerabilidad, el huracán Matthew les ha echado literalmente a la calle".


Carmona también ha visitado uno de los municipios más golpeados por el huracán Matthew, Jeremie, una ciudad fantasma por cuyas calles vagan sus habitantes en busca de una respuesta. "Necesitan un lugar donde dormir, escuelas que reconstruir, potabilizadoras que instalar", señaló el concejal. El camino a Jeremie es un infierno de piedras y de asaltantes que cortan el camino con rocas. "Nos costó horas llegar, avisados de la existencia de numerosos asaltantes, la través de a carretera de piedras de Les Cayes a Jeremie". "Paradójicamente" -denuncia Carmona- "la ayuda humanitaria que reciben no es la que más necesitan, y la que más necesitan no es la que reciben". "He visto familias enteras levantando escombros sin ayuda de nadie en Les Cayes, escuelas destruidas en Jeremie, niños durmiendo bajo las estrellas. Es urgente dar cobijo y asistencia sanitaria a decenas de miles de familias. España posee la UME que puede ofrecerse como ayuda urgente. Hay zonas donde sobra la comida de ayuda humanitaria, agolpan los sacos de arroz entre los escombros de casas que nadie les ayuda a reconstruir". El obispo de la diócesis de Jeremie, monseñor Decoste, ha trasladado a Carmona que "implore ayuda para la reconstrucción de las cientos de escuelas destruidas con el fin de poder escolarizar y alimentar a decenas de miles de niños". "En la carretera de Jeremie los niños gritan al paso de nuestro 4x4, menores sin colegio y sin futuro".


El terremoto de 7 grados del 12 de enero de 2010 dejó 300.000 muertos, 2 millones de desplazados y muchos niños sin familia. Desgracia tras otra, como la del huracán Tomas que inundó Puerto Príncipe en noviembre de 2010 o el huracán Matthew que destruyó parcialmente la ciudad de Jeremie. Un país que ocupa el puesto 158 de la corrupción en el mundo no se ve capaz de gobernarse con normalidad. 


Carmona visitó el orfanato Creche Notre Dame -todavía en reconstrucción-, en el que el terremoto de 2010 sepultó a casi un centenar de niños. Nada más llegar a él, decenas de niños se agarraban a sus piernas, mientras observaba que una parte del edificio, tras tantos años, continúa derrumbado. La directora del orfanato explicó a Carmona que no da abasto de niños y de tristeza. Sólo 10.000 € la separan para lograr reconstruir totalmente el hogar de aquellos niños. "Algunos se dirigen a mí en un ininteligible criollo haitiano, un francés imposible. Las miradas tristes de los niños condenan nuestras conciencias mientras sentimos sus manos agarrando las nuestras gritándome: "¡Papá!, Blanc!", cuenta el carismático concejal del Ayuntamiento de Madrid. ”Quisiera denunciar la falta de objetivos y organización de la ayuda internacional. Defenderé a mi vuelta que los próximos recursos que donemos sean destinados a la desnutrición infantil, a hogares de niños huérfanos y a la creación de escuelas", señaló Carmona.




Sólo faltan 10.000 € para que el orfanato que sepultó a decenas de niños pueda ser reconstruido. Los niños abandonados en el orfanato de Creche Notre Dame de la Nativité viven todavía con media casa en escombros. “¿No vamos hacer nada?”, pregunta Carmona. Haití necesita reconstruir sus escuelas completamente arrasadas por el huracán Matthew en las áreas de Les Cayes y Jeremie. Mientras tanto, niños abandonados vagan sobre los escombros de sus casas y de sus escuelas.

Desde este blog, me gustaría, ya que mi paupérrima economía no me permite hacerlo de otra forma, ayudar invitando a quien sí puede. Las donaciones están avaladas y garantizas, y serán destinadas directamente a la reconstrucción de este orfanato y escuelas en Haití de forma inmediata. Donar lo que se pueda ayuda a que los niños de Haití tengan escuelas en las que alimentarse y construir un futuro para sus vidas frente a un presente descalzo.

Su pueden realizar ingresando pequeñas (o grandes, no se priven los pudientes, por favor) cantidades en la cuenta ES41 0075 5932 6206 0011 0445 (ECAI Familias de Colores), haciendo constar el concepto “Reconstrucción Escuelas Haití”.

Como bien dice Carmona, “nadie comete un error tan grande como aquel que creyendo que hace poco, acaba por no hacer nada.”

¡No te olvides de Haití!

martes, 1 de noviembre de 2016

Los retos del PSOE: Oposición e iniciativa legislativa

Publicado en El Socialista Digital y Liverdades.

El Partido Socialista ha desbloqueado la gobernabilidad y ha puesto en marcha la XII Legislatura. España tendrá Gobierno esta semana y volverá a estar bajo el control de Las Cortes, poniéndose fin a una insólita etapa de rebeldía popular.


El escenario va ser muy adverso. Pesará sobre la Legislatura el permanente chantaje de la derecha aprovechada y desagradecida que se nutre carroñera de la división de la izquierda y el fantasma de la disolución. Mariano Rajoy no podrá pulsar el botón rojo de la convocatoria electoral antes del próximo 3 de mayo (la Ley se lo impide), luego el tiempo apremia.

El ala izquierda del Hemiciclo comparece sumida en graves crisis. Por un lado, Podemos vocifera contra el PSOE mientras oculta que sus propios cimientos acusan síntomas de aluminosis severa. La cuasi virginal formación de los círculos se asoma ya al precipicio de la escisión tras haber concurrido dos veces a las elecciones en menos de un año, y dejarse en el trayecto más de un millón de votos sin siquiera haberse estrenado como un activo para la ciudadanía. En su seno conviven -en impostada armonía- dos almas que se revelan radicalmente incompatibles. Auguran partenogénesis, en dos o más partidos, seguramente antes de las próximas elecciones europeas. Más si estas coinciden con las municipales y autonómicas para las comunidades de la “vía lenta”. Conformar listas electorales acentuará ese riesgo para la soterrada contienda  entre el populismo de Pablo Iglesias y el pragmatismo de Íñigo Errejón, que va camino de volar la convivencia entre dos almas antagónicas. Una, la que busca tener “un pie en Las Cortes y mil en la calle” (Miguel Urbán dixit), y que se pide el rol de único y auténtico poder popular. Otra, la que busca integrarse en las instituciones y apuesta por transformar las decrépitas estructuras  de la Sociedad desde dentro, sin dinamitar la avenencia con quienes opinan diferente. El errejonismo, dicen, es más de propuestas que de protestas, discrepante del plablismo. Es una crisis, esta de Podemos, incipiente e in crescendo, de difícil irreversibilidad.

Por otro lado, la crisis del PSOE. El socialista es un partido centenario cuya historia relata que tiende a salir fortalecido de sus fuertes y cruentas disputas internas. Su epitafio político se ha escrito tantas veces que se podrían editar en versión de tapa dura. De los ejemplos al respecto, que si el marxismo, que si la OTAN, que si la UGT… se ha escrito mucho estos días, y no es cuestión de redundar en ellos. Al contrario de la sintomatología de Podemos, el camino a recorrer por el PSOE -la veteranía es un grado- ha sido siempre el de la recomposición interna y el reencuentro de sectores enfrentados en una causa común. Sufrirá durante un -más bien breve- periodo el fantasma del aún beligerante pedrismo, pero es muy previsible que este se diluya cuando tome conciencia de que las redes sociales no son un retrato muy realista de la idiosincrasia socialista, de que sus -hasta ayer mismo- valedores ya han dado por amortizado a Pedro Sánchez, y, sobre todo, de que a su paso por el Salvados (¡cuánta ironía esconde lo catódico!) de Jordi Évole dejó firmado con tinta felona su testamento político.

Con independencia de cómo se resuelva el complicado proceso congresual que está esperando al PSOE, la pax socialista debe manifestarse más pronto que tarde. Y hacerlo en su exponente más visible, que es el grupo parlamentario. Es donde debe comenzar la reconstrucción del PSOE. Donde debe residir el reto inmediato del principal partido de la izquierda española si pretende seguir siéndolo: liderar la Oposición y capitanear la iniciativa legislativa en el Congreso.

El Grupo Parlamentario Socialista, a pesar de algunas sesudas sentencias rufianescas, y en tanto se resuelvan las directrices políticas que deberán emanar de su próximo Congreso, debe demostrar, todos a una, que no ha abdicado su programa ni sus compromisos electorales, que tendrán que ser forzosamente la hoja de ruta de sus 84 escaños. Pasado el embarazoso trámite con los diputados díscolos (que Esperanza Aguirre definiría maliciosamente como “¿charlita o multita?”), el Grupo está obligado, desde esta misma semana, a conformar un bloque compacto que sea el principal atasco al que se enfrente el Ejecutivo de Mariano Rajoy. Si el Presidente ha concluido que tiene en el PSOE  un aliado, el PSOE está obligado a responderle como una sola voz que no ha entendido nada en absoluto. Si las rivalidades internas no se quedan en la calle Ferraz y el PSOE no visibiliza unidad de acción en este cometido, sí que tendrá un grave problema con sus electores y su militancia.

De entrada, los diputados socialistas no van a tener fácil marcar la agenda a la presidenta del Congreso, Ana Pastor, que ya ha dado muestras de dudosa imparcialidad institucional. Tendrán que sortear los intentos de veto del Gobierno, y, “con mucha paciencia y humor”, que diría el profesor Torres Mora, las zancadillas de Pablo Iglesias y su desmedido afán por ser el primero de la clase. Con toda seguridad, Podemos intentará enmendar cada iniciativa del PSOE con una redacción propia, oportunamente amparada en la “voz de la calle”, que dificulte un necesario consenso que no verá electoralmente rentable. Si en algo tuvo razón Pedro Sánchez en su temeraria intervención en Salvados, es que si de verdad hay una coincidente voluntad política para proteger a los españoles del Partido Popular, PSOE y Podemos tendrán que acostumbrarse, más tarde o más temprano, “a trabajar codo con codo”.

Tendrán también que bregar los diputados socialistas con el permanente chantaje con sabor a despedida de los independentistas catalanes. Especialmente de Esquerra Republicana de Catalunya y su zafio ristomejidista  Gabriel Rufián, al que sus mayores sacarán cada cierto tiempo a cagar sobre la soberanía popular para tensionar el ‘proceso de desconexión’, aunque luego tenga que bajar Joan Tardá a recoger sus excrementos verbales con bolsita conciliadora. ERC debe decidir si  va a posibilitar las iniciativas legislativas de la izquierda, y beneficiar con ellas –también- a los todavía ciudadanos españoles de su todavía comunidad autónoma. O si, por el contrario optan por ser cómplices del inmovilismo del Partido Popular y luego presentarse como víctimas del mismo. ERC ya vendió su alma de izquierdas  e indultó a la derecha neoliberal del 3 %, manejada por la molt honorable familia Pujol y el agazapado Artur Mas, en aras de una independencia que, con esos mimbres, apunta a república bananera. Son, por tanto, imprevisibles.

También pesará el permanente abrazo del oso con el que Ciudadanos y PP intentarán cercar al PSOE dentro del llamado bloque constitucionalista. Y lo harán, ironías de la política, exhibiendo el documento pactado por Albert Rivera con Mariano Rajoy y las numerosas coincidencias con el que previamente había suscrito con Pedro Sánchez, que fue ratificado en la ÚNICA CONSULTA que el ex líder socialista hizo a la militancia socialista durante su ominoso mandato. Será ardua tarea eludir que el PSOE había supeditado la fallida presidencia de Sánchez a los mismos acuerdos que el Partido Popular ha firmado con Ciudadanos como programa de Gobierno. Es parte de una herencia envenenada y uno de los yugos más pesados con los que el PSOE va a tener que lidiar lo poco que dure la XII Legislatura. Pero es un arma de doble filo que los socialistas deben aprender a utilizar a su favor para poder sumar a Ciudadanos en determinadas iniciativas. Por ejemplo, las relacionadas con la lucha contra la corrupción y la exigencia de responsabilidades al PP.

Y, por último, y principal, el PSOE depende de su grupo parlamentario para recuperar el liderazgo de la izquierda española fuera del Congreso. El partido socialista está herido de muerte. La feroz batalla desatada en el Comité Federal y la doble dimisión de Pedro Sánchez han devenido monumental enfado entre sus votantes y la ciudadanía en general. Sin  mencionar la notoria fractura dentro de su propia militancia. De nada sirve tratar de explicar por qué el partido más antiguo de nuestro país ha optado liderar una oposición determinante y “entregar” el Gobierno a una organización tan sucia de corrupción y autoritarismo, si la ciudadanía solo percibe tal decisión como el resultado de una lucha cainita por el control del Partido.

El declive del PSOE no es responsabilidad única de Pedro Sánchez. La pérdida de confianza y electores ya fue alarmante con la candidatura encabezada por Alfredo Pérez Rubalcaba en 2011. Los socialistas pagaron la factura de una crisis económica y social de la que no eran responsables. Pero si no fueron cómplices, ni supieron comprender ni se atrevieron a combatirla con medidas firmes para proteger a los ciudadanos de las consecuencias del enorme agujero financiero provocado por las prácticas poco ortodoxas y el latrocinio de las grandes corporaciones y la banca. Cuando la actualización a la Tercera Vía del proyecto socialdemócrata a finales del siglo pasado se evidenció fallida, el PSOE estaba  desprevenido y sin respuesta. Desde entonces lo único que se ha actualizado es el suelo electoral del socialismo español, al que la irrupción -a izquierda y derecha- de nuevas fuerzas políticas ha pillado  sin proyecto y sin el aprecio de los electores del que gozó durante más de 25 años.

Liderar la Oposición en la actual situación de debilidad de Mariano Rajoy es, pues, el primer reto para un PSOE en el que, a pesar de sus actuales diferencias internas, sigue prevaleciendo una voluntad común que lo identifica como un partido de Gobierno. Los diputados socialistas ha anunciado ya una batería de medidas que van a poner sobre la Mesa del Congreso. A destacar el inicio inmediato de una fase de diálogo social para la aprobación de un nuevo Estatuto de los Trabajadores y la derogación de la diabólica Reforma Laboral del PP, que, por citar algún ejemplo de sus perversos frutos, ha  convertido la enfermedad en causa de despido objetivo, y ha instaurado condiciones laborales rayanas en la esclavitud para miles de trabajadores. Un diálogo que tiene que empezar por una necesaria subida del Salario Mínimo Interprofesional y la recuperación de la negociación colectiva que el PP voló por los aires con la reforma Báñez. También se ha comprometido a exigir del Congreso la revitalización del Pacto de Toledo. Urge estabilizar la financiación del Sistema de Seguridad Social, y transmitir a la ciudadanía que el vaciamiento interesado de la “hucha de las pensiones” por parte del gobierno popular no supondrá poner en riesgo un derecho que el partido socialista logró consolidar como un pilar básico del Estado del Bienestar español. También poner freno al soterrado derribo de la Ley de Dependencia, el cuarto pilar, que puso un broche brillante a la época dorada del socialismo español.

Otras propuestas que ya están comprometidas por el Grupo Parlamentario Socialista y contempladas en el programa electoral del PSOE son la creación de un ingreso mínimo vital para las familias sin recursos, reconocer el derecho efectivo al subsidio por desempleo a los trabajadores maduros con cargas familiares y a los parados de larga duración mayores de 52 años, reducir el IVA cultural, suprimir el copago farmacéutico a pensionistas y enfermos crónicos, aprobar la igualdad salarial de mujeres y hombres, un gran Pacto de Estado contra la Violencia de Género, aprobar una Ley de igualdad de trato y no discriminación, una Ley de muerte digna, prohibir los indultos para delitos relacionados con la corrupción, o garantizar la independencia y la neutralidad de RTVE y de la Agencia EFE. Medidas que se pueden ir imponiendo al Ejecutivo de Mariano Rajoy mediante el consenso, porque el Parlamento es soberano y el Gobierno no.

Pero cobrarse las difíciles piezas que suponen la Reforma Laboral y la recuperación de los derechos robados a los trabajadores, la defensa a ultranza del Sistema de Pensiones y de Dependencia, lograr un gran Pacto de Estado por la Educación, y la abolición de Ley Mordaza, es donde el PSOE debería centrar sus objetivos para los únicos seis meses que está garantizada la duración de esta Legislatura. Alcanzar esos objetivos, o al menos, convertirlos en el ariete con el que PSOE aborde el enorme reto que tiene por delante, permitirá a los socialistas volver a situarse como referente de la izquierda española frente al populismo que se alimenta de sus fracasos y sus divisiones. Y también frente a una derecha corrompida y egoísta que se muestra inexplicablemente  -o no tanto-  imbatible en las urnas.


El reto es apabullante. Sortear los obstáculos y no ceder en su empeño es difícil, pero no imposible. Si, por el contrario los diputados socialistas capitulan en estrategias de carácter orgánico, posicionamientos en bandos y cainitas batallas por el liderazgo regadas de acusaciones de colaboracionismo con el PP, estarán sirviendo en bandeja a otros el liderazgo de la Oposición en lo inmediato. Y la alternativa de Gobierno en un futuro que puede estar más cercano de lo deseado.

domingo, 30 de octubre de 2016

La heroicidad de Pedro Sánchez

Publicado también en Liverdades

En ocasiones, demasiadas, tras un presunto (presuntuoso) acto de valor se esconde la más tamaña y abyecta cobardía. El problema surge cuando los ilusionados espectadores aplauden y elevan a los altares a quienes protagonizan tan impostado coraje, incapaces de adivinar siquiera el miedo atroz que ocultan esos gestos de falsa heroicidad, y las desastrosas consecuencias que de ellos devienen.

 Si Pedro Sánchez realmente fuera un héroe de la democracia, el abanderado de las bases que -hay que reconocerle el mérito- ha logrado aparentar ante gran parte de la militancia socialista y de la ciudadanía en general, el 29 de septiembre hubiese convocado el Comité Federal del PSOE del 1 de Octubre para proponer a la dirección socialista la consulta a las bases que, en realidad, él -y no otros- les negó.

Sabía que esa propuesta era irrechazable. Como sabía que obtendría un apoyo mayoritario al impostado y falsario ‘No es NO’ que, a la hora de la verdad,  no tuvo el valor de llevar a las urnas de las agrupaciones socialistas.

Ya tras las elecciones del 20 de diciembre, Pedro Sánchez careció del valor suficiente para admitir que bajo su liderazgo el partido socialista no había logrado volver a seducir a su electorado. Mucho menos impedir  el avance de Podemos. Él mejor que nadie sabe que la irrupción de la formación morada fue la llave que abrió su despacho en Ferraz tras las últimas elecciones europeas y la dimisión de Alfredo Pérez Rubalcaba. También que esa fuerza atesora gran parte del electorado perdido por el PSOE. Pero en su ya impostada y falsaria heroicidad, Sánchez no dudó presentarse ante la militancia y el electorado socialista sacando pecho por unos vergonzantes resultados que se atrevió a calificar de ¡¡¡históricos!!! Y, a mayor inri, reclamó para su persona semejante éxito. Lo sorprendente, muy sorprendente, es la  ingente cantidad de militantes que decidieron comprar ese discurso y se sintieron orgullosos del secretario general desde aquella misma noche.

Aquellos resultados, realmente históricos –aunque por su catastrófico carácter para el socialismo español- brindaron entonces al PSOE, paradójicamente, una oportunidad única de articular una mayoría de Gobierno alternativa al Partido Popular, sustentada a la izquierda por Podemos e  Izquierda Unida y apoyada por el PNV. Una alternativa que no hubiese requerido más que la abstención de las ya beligerantes e independentistas ERC y CDC. Entonces, estas fuerzas no habían pisado aún a fondo el acelerador del denominado proceso de desconexión. Y hasta es probable que si Pedro Sánchez hubiese mostrado –entonces- el valor del que hizo gala cuando ya estaba todo perdido, tal vez nunca lo hubiesen pisado tan a fondo y se hubiese podido encauzar el innegable problema del encaje de Catalunya en el Estado Español.

En su hoy más que acreditada impostura, anunció –entonces- al Comité Federal del PSOE que iba a consultar a la militancia la que muchos creyeron sería una propuesta rupturista, de izquierdas y realmente valiente. Pero, ante el temor de que el “cordón sanitario” que separa a los denominados partidos constitucionalistas de la mayoría política catalana pesara demasiado para una militancia y una dirección que, además, aún no terminaban de ver con buenos ojos un pacto con el arrogante Pablo Iglesias, optó por levantarse cuando nadie miraba de la mesa de negociación con Podemos e IU y acordó con Albert Rivera, a escondidas, un infumable pacto de gobierno condenado al fracaso, que entregaba a Ciudadanos las decisiones en materia económica y laboral, y renunciaba a las grandes reformas comprometidas por el PSOE en su programa electoral. Y eso fue, y no lo que se podía haber esperado, lo que sometió a consulta de las bases con una estrambótica pregunta que lo mismo servía para gobernar con Rivera que con Vladimir Putin. Decepcionante y poco valeroso Sánchez, pero como todo en su corta carrera como líder, sorprendentemente audaz y aparentemente exitoso.

El pacto con Albert Rivera no incluía la derogación de la reforma laboral del PP. O de la maléfica Ley Wert. Ni de la protofascista Ley Mordaza del opusino Fernández Díaz. Siquiera una propuesta de reforma fiscal mínimamente asumible para la izquierda. En su arrogante vanidad, Sánchez cayó presa de los cantos de sirena de Rivera y llegó a creer que la mera posibilidad de acabar con el Gobierno de Rajoy sería  una propuesta que el resto de partidos “no podrían rechazar”. El resultado de su falso arrojo es, como todos sabemos, la historia de cómo Pedro Sánchez fue el primer candidato a Presidente de Gobierno rechazado por el Congreso desde la restauración de la Democracia en España. Y, como consecuencia, de cómo Pedro Sánchez “venció” él solito a las encuestas, el 26 de Junio, perdiendo cinco diputados más, pero evitando el temido sorpasso de Podemos.

Si, volviendo al políticamente luctuoso presente socialista, después del 26J Pedro Sánchez hubiese propuesto a la dirección socialista someter a la militancia su cuasi mántrico “NO es NO” a Rajoy, el Comité Federal se hubiese visto obligado a aprobar la consulta, so riesgo de rebelión de las bases. Unas bases que hubiesen apoyado, con indubitada seguridad, mantenerse en el NO a Rajoy y al Partido Popular. Y ello, indefectiblemente  -pues sostener a estas alturas que había otra alternativa es, lo digan Pablo Iglesias, Agamenón o su porquero (recuérdese que el líder podemita regaló una edición de Juan de Mairena a Rajoy), ofender la inteligencia de los votantes-, hubiese desembocado en unas elecciones en las que el héroe Pedro Sánchez, qué menos, estaría obligado a ser el candidato socialista. Hubiese defendido, de verdad, su presunta dignidad y compromiso, y hecho un auténtico alarde de heroicidad, no impostado, que las bases del PSOE habrían aplaudido. Pero estaría condenado, y lo sabía,  a una tercera y estrepitosa, histórica, derrota.

Pero no. Sánchez sabía que ganar esa apuesta al Comité Federal suponía, sin remedio, el final de su carrera política. Nada libraría al PSOE del castigo por unas terceras elecciones. Rajoy las  vencería más empoderado y con las manos libres para imponer sus políticas -solo o en compañía de la derecha neoliberalísima de Ciudadanos-. A Pedro Sánchez  no le quedaría otra salida que la dimisión como líder del PSOE y -si la honestidad formara parte de su liviano equipaje político- también como diputado.

Es por eso que Sánchez prefirió volver a disfrazar su cobardía política con la capa del falso héroe y descargar en otros sus propias responsabilidades como secretario general del  PSOE. Con gran e indiscutible habilidad, y renovada audacia, logró presentarse de nuevo como el paladín  de la “democracia participativa” y abanderado del “sentimiento de las bases socialistas”. Decidió, tras una conveniente y nada sutil filtración a la prensa, proponer a un ya reticente y alarmado Comité Federal  un inédito congreso exprés con primarias a 20 días vistas, en las que se postulaba, sin recato alguno, como una suerte de caudillo del socialismo español. Exigiendo para el PSOE, ante los micrófonos de la SER, “una sola voz que sea la de su secretario general”, ergo la suya. Y, además, abrió allí mismo su personal campaña dibujando ante la opinión pública un inexistente partido socialista dividido en dos bandos en los que él representaba, por su rechazo a Rajoy, el de los buenos, sostenido por “la voz de la militancia”. En el otro, situó socarronamente a Susana Díaz y a una inexistente derecha interna, servil a las oligarquías, al Íbex35, al antes venerado grupo Prisa y, sobre todo, a los intereses del Partido Popular.

Pedro Sánchez no es un recién llegado al PSOE. Por eso sabía a ciencia cierta que tan extravagante propuesta y descripción del partido y sus dirigentes –todos menos él mismo- era inasumible para el Comité Federal y la secular cultura organizativa del partido. Lo sabía tanto como que, ahora o después de navidades, el Partido Popular iba a gobernar este país. Por eso buscó la forma de que otros asumieran el coste de tan indiscutible realidad. No hay ninguna heroicidad en su estrategia; al contrario, ocultaba el miedo cobarde a la consulta que, él y no otros, negó a las bases para no perder la gorra de capitán del socialismo español.

Si, como ocurrió, y mejor no recrearnos en los hechos y el caótico escenario resultante, el Comité Federal rechazaba el extemporáneo congreso exprés, Sánchez tenía fácil presentarse ante las bases como una víctima de esa supuesta e inexistente oligarquía cómplice de la derecha, que le impedía representar  a la militancia frente al Partido Popular. Si el Comité aceptaba el Congreso (exprés, pero Ordinario), hubiese ido a las elecciones solo unos días después como flamante Secretario General. Dado los antecedentes de todos conocidos, le hubiese bastado sumar un mísero diputado más en las urnas para presentarse la noche electoral como el nuevo mesías del PSOE, y atrincherarse durante cuatro años en su falso liderazgo, sin rendir cuentas por su tercera derrota consecutiva en unas elecciones generales. Eso sí, al precio de dejar a España en manos de la mayoría incontestable de la derecha. También, muy probablemente, hubiese cedido el timón de la Oposición a un Podemos que nunca habría soñado con tan fácil ascenso.

Con lo que no contó Pedro Sánchez era con un Comité Federal que ya estaba escarmentado de sus desplantes, su vanidad y sus presunciones por méritos nunca obtenidos. Ni siquiera tuvo la gallardía de reconocer que sin el apoyo de Susana Díaz jamás hubiera sido secretario general siendo prácticamente, como era, un desconocido para las bases del PSOE. Como tampoco la tuvo de admitir, ni tras el 20 D ni tras el 26J, que el PSOE estaba sumido en una profunda crisis de credibilidad y liderazgo cristalizada en los más de setenta diputados de Podemos e IU.

El resto es el triste, violento y vergonzante final de un falso líder que deja como legado al socialismo español fracturado, a la militancia dividida y enfrentada como no se recordaba desde los tiempos de Prieto, Largo y Besteiro, y al PSOE forzado a una abstención sin contrapartidas para evitar unas elecciones irremisiblemente letales para el partido.

Pedro Sánchez nunca fue un héroe. Ni siquiera fue un líder. Su historia en todo un tratado de la cobardía política enmascarada en el entorno 2.0. Lo sorprendente y digno de estudio es cómo ha logrado embaucar a tanta buena gente.

ACTUALIZACIÓN: Pedro Sánchez Pérez-Castejón renunció ayer a su acta parlamentaria porque, según sus propias palabras, un diputado socialista no puede votar contra una resolución y mandato expreso del Comité Federal. Es un acto de coherencia, y le honra. Ha anunciado que se echa a la carretera para intentar recuperar el liderazgo del Partido, y la hecho cargando contra el Comité Federal y los que no comparten su, al parecer, única realidad. ¿Es el suyo el currículo político que el PSOE necesita?